—Gwen rondaba por el sótano que fusionaba el reformatorio con la escuela de alumnos avanzados, la que quizás en un futuro la castaña quisiese entrar, observando aquella variedad de objetos comestibles y alcohol que contenía la habitación, hasta que encontró una caja de cigarrillos y un encendedor encima de una mesita tomando cuidadosamente uno situándolo entre sus labios rotando suavemente la tuerca del encendedor, dando como resultado una pequeña llama de fuego, la cual acercó a la punta del cigarrillo. Caló el cigarrillo robado hasta llegar al filtro apagando el poco fuego existente contra la mesa dejando encima de ésta el encendedor, se quedó un tiempo pensando acerca las cosas buenas y malas de su llegada al reformatorio. Volviendo a la realidad, notó que había una persona en el lugar cerca del sector que se encontraba la muchacha—L-lo s-sient-to, ¿S-son t-tuyos-s?—Susurró bajando rápidamente la mirada, hablando sobre los cigarrillos y encendedor que había tomado sin permiso alguno.
El día la tenía sin ánimos de nada, cada día que llevaba allí, cada chispa de su cuerpo se consumía. No veía la hora de tener la libertad que anhelaba cada noche, pero cómo aquello eran sólo deseos frustrados, su mejor manera de distraerse fue dirigirse al sótano. Se encontraba sentada, simplemente sumida en sus pensamientos. Sus dedos jugueteaban con el borde de un vaso que contenía vodka, tomando algunos sorbos de vez en cuando. Una voz ajena rompió aquel hechizo de sus pensamientos, llevándola de vuelta a la realidad. Alzó su vista, con las cejas arqueadas ante el tartamudeo de la chica. —No, pero cigarrillos gratis no suenan mal —dijo, extendiendo su mano para que le pasará la caja, sin importarle que sean ajenos.









