Huida
La había dejado en el sillón pero no se movió de ahí, la escuchó hablar y no pudo evitar enarcar una ceja ante su comentario.
—¿Y tienes a dónde ir? ¿Estás segura que a dónde sea que vayas, si es que tienes un lugar donde esconderte, ese sujeto no te encontrará?—preguntó por mera curiosidad. De hecho, seguía sin comprender como es que se había involucrado en ese lío que ni siquiera tenía que ver con él. La miró intentar ponerse de pie y quejarse por el dolor. Shin rodó los ojos con cierta molestia, y se adentró en el departamento en busca de algo que le ayudara a la chica.
El departamento contaba con muchos lujos. Después de todo, el muchacho provenía de una familia adinerada e influyente y, aunque le gustaría decir que ese lugar le pertenecía, no era así. Si no se encontraba en las calles era por la bondad de su tío que le había dado permiso de vivir en ese lugar a cambio de algo, pero eso era un asunto personal.
Shin volvió con un botiquín de primeros auxilios y una pequeña bolsa con hielo, dejándolos al lado de ella. No se interesó por ayudarla a curarse, después de todo estaba lastimada de un pie, no de las manos; ella podía hacerlo sola. —Tengo que irme. Ya voy tarde a mi trabajo. No te diré que me da confianza dejar a una desconocida en mi casa, pero… dudo que si tomaras algo no llegarías muy lejos antes de que pudiera encontrarte. Si tienes hambre puedes tomar lo que quieras de la nevera. Pero tienes prohibido entrar a la habitación al final del pasillo. ¿Te quedó claro? Si quieres quedarte aquí hasta que puedas encontrar a donde marcharte, tendrás que seguir mis reglas y… –el timbre de su móvil lo interrumpió, antendiendo de inmediato a la llamada. Era su jefe, preguntandole si acaso llevaría su trasero al trabajo.
Luego de una corta reprimienda, suspiró y miró de nuevo a la chica, tomando sus cosas. —Una última cosa, por ningún motivo abras la puerta. Llegaré a la noche —dijo y cerró la puerta tras él, dirigiéndose finalmente a su trabajo en la cafetería.
-Ah...-negó con la cabeza-no, no tengo a donde ir... no realmente-su padre ya no estaba en su casa pero ella no soportaba ir allí y sería el primer lugar al que iría a buscarla, solo había ido en contadas ocasiones a tomar algunas cosas y ya o cuando definitivamente no encontraba un lugar para pasar la noche.
-Gracias-pese a su actitud cortante y fría del muchacho parecía que era amable en el fondo, no era quien para juzgarle ella misma no era un dulce envuelto en un papelito de colores si bien no actuaba como él en el fondo si era un poco fría y podía llegar a ser muy grosera y cortante se la persona en cuestión la desesperaba.
-Tienes razón además, no sería cortés de mi parte robar a quien me ha salvado la vida-según las tradiciones japonesas... o quizá universales, le debía una vida de servicio, tal vez no fuera tan malo, incluso le ofreció quedarse con él hasta que encontrara un hogar, no le costaba nada limpiar un poco, hacer la comida y no entrar en la habitación que él le indicó.
De cualquier manera era mil veces mejor que estar sola en la calle, tal vez podría encontrar un trabajo y pagar su escuela, tarde o temprano podría marcharse de ese lugar para siempre, su padre no le seguiría a otro pais, estaba segura de ello, dijo más mientras observaba al chico marcharse, suspiró y comenzó a curar su tobillo, en el botiquín había vendas y varias cosas más que le fueron útiles al parecer y por fortuna solo era un esguince y sus costillas no tenían nada malo, el dolor era soportable por lo que aquello debía ser solo un moretón después de ponerse un anti inflamatorio en ambas zonas heridas y tomarse un analgésico se quedó un largo rato tirada en el sillón tal vez llegó incluso a dormirse, no lo recordaba a ciencia cierta, cuando despertó ya comenzaba a oscurecer.
Sin más y aunque con mucho esfuerzo se levanto y fue al baño, se aseó un poco y luego regresó a la cocina comenzando a preparar una cena para dos, al menos era útil para algo, el chico probablemente llegaría cansado y hambriento, aquello era lo poco que podía hacer como agradecimiento.






