Oriana repasó cada detalle con esmero. La base debía fundirse con la piel, el rubor dar ese toque especial.
Sus clientes nunca se quejaban, pero ella aspiraba a la perfección.
En cuanto terminó, dio un paso atrás para admirar su trabajo. Era una artista impecable.
Giró hacia la mesa. Otro cuerpo la esperaba.
Suspiró, tomando una nueva brocha.
—¿Quién sigue? —susurró sonriente, mientras el eco de la morgue se hacía presente.
— Ideas Neuróticas ©️.









