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¿?
Cada vez comenzaba a ver más de cerca todos los problemas que recaerían sobre ella si no lograba encontrar esas fotografías. La campaña dependía completamente de aquellas imágenes que ahora parecían haber querido desaparecer ante sus propios ojos. Qué irónico, Sage las había archivado cuidadosamente en una carpeta para no perderlas y había conseguido todo lo contrario. Suspiró de forma algo nerviosa observando a su alrededor. –Disculpa... –Se dirigió a una persona cercana con algo de reparo, no le agradaba demasiado iniciar conversaciones y mucho menos ahora visto el ambiente que se respiraba en la ciudad después de lo ocurrido en el simulacro. –¿Has visto una carpeta beige por aquí? –Inquirió rogando interiormente por una respuesta afirmativa.
Tenía que revisar algunos planos para un proyecto que llevaría a cabo la empresa, aún no estaba del todo recuperado por lo que había pasado en el accidente causado por la sociedad pero tenía que seguir en el trabajo. Llevaba una cosas a otro departamento cuando la castaña le llamó; centró su vista en un folder con la característica que había nombrado la chica y que estaba al lado de ella, se acercó para señalarlo “Creo que lo que buscas está aquí” miró a la chica con una sonrisa amigable.
Ella asintió una vez, para asegurarle al ajeno que sí, que a él era justamente a quién le dirigió la palabra. Aunque al oír (y sentir) las ganas que el contrario tenía de reírse, se arrepintió de haberle llamado. Demasiado tarde, por supuesto. —¿Te diviertes mucho? —cuestionó con frustración. Al parecer, era buena humillándose a sí misma por accidente.
Si ella fuera otra persona, de seguro seguiría el consejo que el otro le proporcionó, y al pensar aquello, soltó tímidas risitas, cubriéndose a penas con las puntas de los dedos la boca. —Quizá debería, sí —. Asintió un par de veces con la cabeza mirando en dirección al suelo mientras distraídamente se toqueteaba el vestido por atrás, intentando adivinar cómo se vería. —¿Quedó muy mal? —. El tono de voz que usó para formular aquella pregunta salió con consternación, como si le fuesen a castigar al llegar a casa, cosa que era altamente improbable.
Una vez que la chica quedó libre de aquello, se posó a unos pasos de ella con las manos en los bolsillos de su chaqueta “Oye no estoy burlándome de ti. Solo parecía muy graciosa la forma en la que enganchaste ahí” alzó las manos en señal de defensa por si ella decía algo en contra de sus palabras, “No te preocupes, ha sido apenas un rasguño” asintió por lo que había visto era más que eso “Nada que no puedas cubrir con tu abrigo hasta llegar a casa” no veía ningún abrigo por donde estaba la chica pero igual le dijo aquello sabía que aquello podía ser una situación un tanto vergonzosa pero de todas maneras bromeó con ella esperando no se molestara.
“Fragrances, as with clothing, say a lot about a person. It’s a part of how one presents oneself to the world. I’m very particular and when I find something I like, whether it be a suit or a cologne, I tend to stick by it. Less is more for me when it comes to a fragrance. You want it to feel close to the skin as if it’s an extension of you, of who you are. Just like a well-tailored suit, a cologne must fit just right.” — Chris Pine for Armani Code fragrance
Self-para.
Cuando el simulacro había terminado no estaba tan alterado por lo que sucedería después, estaba seguro de que ella estaba bien, se habían comunicado durante el encierro aunque de repente había parado de contestarle quizá la batería de su celular se había terminado como pasó con muchos. Sin embargo no perdería la cabeza cuando al día siguiente su teléfono sonaba fuera de servicio, pensó que quizá estaba con alguno de sus amigos. Pero entonces habían tocado a su puerta para entregarle una carta, extrañado la abrió encontrándose con lo que más estaba temiendo en las ultimas horas.
[Sr Xavier. Como todos sabemos, en los pasados días se realizó uno de los simulacros anuales diseñados específicamente para entrenarles en caso de que alguna situación requiera el tener conocimientos sobre supervivencia extrema. Éstos simulacros son reales hasta el punto en el que se viven y se aplican las normas que se llevarían a cabo en un escenario de la vida real tal cual como la conocemos, por lo que todo aquel que estuviese en las calles dentro del periodo que duró el simulacro ─ dos días naturales ─ sería ejecutado sin pudor alguno sin importar el motivo por el que éste se encontraba en el exterior. Dicho todo lo anterior y habiendo aclarado el procedimiento llevado a cabo en todo simulacro, desde la Sociedad nos vemos obligados a comunicarle que su esposo/a de nombre Océane, la cual fue denominada su alma gemela en su respectivo momento, ha sido ejecutada al incumplir las normas básicas. Desde lo más profundo de nuestro ser, la Sociedad le envía su más sincero pésame por tan grande pérdida. Pero ni usted ni ninguna otra persona que haya perdido a su cónyuge se quedará sin pareja; lo que queremos decir es que repetiremos el proceso del Banquete que realizaron al cumplir la mayoría de edad, se les volverá a asignar una nueva pareja junto con su ficha correspondiente.Por último, nos gustaría informarle de que en los próximos días se celebrará en la ciudad un funeral conjunto de todas las personas que perdieron sus vidas en el ya nombrado simulacro. Recibirá otra carta con toda la información que necesitará saber sobre éste solidario acto hecho para que todos se puedan respaldar en todos, no está sólo en ésto. Atentamente: – La Sociedad.]
Terminó de leer aquello y ninguna emoción se presentó en su rostro, hasta minutos después cuando sus ojos tomaron un contraste vidrioso, quiso decir algo pero estaba paralizado. Aquel escrito estaba lleno de hipocresía, lo rompió regándose este por el suelo en pedazos. Recordaba cada palabra antes leída ¿Que lo sentían desde lo más profundo de su ser? ¿Que había ahí? Maldad pura, ¿Como podían tener el descaro de decir que lo sentían? cuando era muy obvio que poco les importaba cuanto podían sufrir las personas por aquellos actos tan atroces. Como si asignar a alguien más les hiciera olvidar lo ocurrido. Había perdido varios buenos amigos en tiempos anteriores, se había sentido mal por ello pero ahora era diferente. Ahora sentía que su mundo se derrumbaba, aquel mundo que a pesar de las peleas que llevaban desde siempre, había construido con ella.
En la madrugada había ido a la terraza a tomar aire, tratando de asimilar lo que acababa de suceder. Una taza de café, sustituyendo este ultimo por licor puesto en este de manera en que no lo vieran, lo acompañaba. La noche era algo fría, el aire se adentraba en las cortinas y él se encontraba con la mirada perdida hacia la nada. Por momentos las lagrimas resbalaban por su mejilla, pero las quitaba enseguida. La horas terminaban y el seguía hundido en pensamientos, pensamientos que incluían buscar una manera con la cual poder acabar con esa opresión, pensamientos cotidianos como el deseo de que alguien fuese lo suficientemente valiente para oponerse en contra de La Sociedad. El no se creía capaz de tal cosa, pero si alguien lo hacia ¿Porque no apoyarle? En ese instante se creía sin nada que perder. Sentía la peculiar culpa por la impotencia de no haber podido hacer nada para evitar su muerte. Sin darse cuenta que la madrugada había pasado rápido y el sol se iba asomando Siempre decían que se debía de pensar en que aquella persona se encontraba en un lugar mejor, y por momentos esa era la postura que tomaría. Quizá en pensar que había conseguido la ansiada libertad en otro plano era reconfortable, pero luego decidió que eso no eran más mentiras.
No tenía las ganas suficientes como para seguir dándose auto apoyo así que se levantó de ahí para ir a su habitación encendió la luz, lo primero que observó fueron las cosas de ella como solía acomodarlas, su perfume aún inundaba la habitación; ¿como poder aceptar de repente que ella no estaría más? Aunque todo eso del matrimonio fuera arreglado él tenía sentimientos de verdad hacia ella, era su amiga, estaba tan acostumbrado a su presencia en aquella casa, en su vida, en todo. “Pronto vendrán y se llevarán todo esto. Hacen como si nada hubiese pasado, reemplazando. ¿Acaso siente regocijo con toda la mierda a la que nos tienen sometidos?” dijo para si mismo, pero lanzando lo ultimo hacia donde sabía había una cámara grabando podría meterse en problemas por haber dicho aquello pero no lo recordaría después eran los efectos del poco alcohol que consumió aunado a la atmósfera triste que le rodeaba. Tendría ahora que dejar que el tiempo hiciera su función y aprender a vivir con lo que vendría después.
Sintió el tirón que le produjo el haberse enganchado la tela de (alguna parte de) su vestimenta al ponerse de pie. No ponía ingeniárselas, de cualquier modo, a salir de allí, y no se atrevía a jalar por miedo… bueno, por miedo a que fuese peor de lo que se sentía y quedase al descubierto partes de ella que no tenía intención de mostrar.
—Hey, tú —llamó a un posible desconocido que pasaba no tan cerca de ella, pero lo suficiente como que aquel la oyese. —¿Me darías una mano? —. Y con un dedo, señaló su parte trasera, esperando que no se viera vulgar.
Escuchó una voz femenina hablarle detuvo el paso y se señaló a si mismo como preguntando a la chica si efectivamente le estaba hablando a él, se acercó para ver lo que pasaba. Entre pequeñas risas que intentaba contener le ayudó a desprender la tela de su vestido de la silla "Oye deberías demandar a este lugar por haber arruinado tu ropa” sugirió en broma una vez que había quedado libre.
...
—Yo soy Kimberly, un placer.—Contesto extendiendo su mano hacía la de el chico. —No soy de conocer personas en florerías. Pero me has caído bien—Confesó con una ligera sonrisa, sostuvo con más cuidado las flores que cargaba para que a estas no les pasara nada. Tenían que llegar a salvo a su casa.
“Es normal, nadie espera socializar en una florería” llegó su turno en la fila y se dispuso a pagar el ramo de flores que llevaba “Gracias de nuevo por haberme ayudado con las flores” agradeció a la chica con una sonrisa.
— Exacto… — resopló, pensando que al menos tuvo una cama y un poco de comida, además de lo suficiente para atender personas heridas durante el inicio del simulacro. — ¿No es el primero que te toca? — preguntó, con voz débil, mirando al chico con curiosidad. De verdad no sabía como iba a soportar aquello una segunda o tercera vez.
“No es el primero” negó haciendo una mueca “cada vez que pasa deseo que sea el ultimo” dijo aquello en tono bajo, más para el mismo que para la rubia “Espera no te alteres, ¿nos vamos ya?”
...
—La verdad la gente solo las usa para pedir disculpas—Rió levemente, si ella fuera a disculparse no daría flores. Más bien demostraría que realmente se equivoco y que esta arrepentida. Tal vez eran un lindo detalle, pero si iba a dar flores sería para demostrar afecto. Aunque nunca lo había hecho. Se acerco a pagar por sus flores al igual que el chico, esperando detrás de él. —Vaya, ya casi es de noche. Que rápido se fue el día—Comentó observando cómo afuera se veía un poco más oscuro.
La fila para pagar las flores era algo larga, quizá por los acontecimientos que habían tenido lugar hace unos días las personas iban a comprar flores, pero él no quería pensar en eso más bien estaba bloqueándolo “Nunca le vi el significado que todos le dan a eso, es muy confuso. Vaya ahora que lo pienso el mundo de las flores es muy complejo. Por cierto, soy Xavier. Mucho gusto” se presentó de forma amigable tendiéndole la mano para saludar mientras con la otra seguía sosteniendo las flores.
...
Escucho el mito que decía, poniendo atención. Sonrió en cuanto termino de hablar, aquello le parecía algo interesante. —¿Dónde escuchaste eso?—Preguntó interesada, ella tal vez lo había escuchado por ahí pero no recordaba. Pero aquellas flores le parecían muy lindas. —Las plantas son interesantes. Pero a muchos no les gustan. —Comentó algo pensativa.
Se tomó unos segundos para responder, queriendo recordar en donde lo había leído o escuchado pero se vio imposible de hacerlo quizá en unas horas más lo recordaría como siempre pasaba en el momento menos esperado recordaba algo que ya no tenía gran relevancia para entonces. “Quizá fue en algún libro, sinceramente no logro recordar en cual” caminó hacia donde se encontraba el mostrador del lugar para pagar lo que llevaba, volvió la vista a la chica “Tienes razón, creo que solo se les busca un significado cuando se necesitan, no en la cotidianidad”
...
—Sí, por mi no hay problema. Están por allá—Camino hasta donde estaban y las señalo con una mano, mientras que con la otra sostenía las que llevaba. —Seguro les gustaran a las personas de la fiesta. —Comentó sonriente. Observo como varias personas miraban los enormes girasoles, siempre se preguntaba cómo podían ser tan grandes algunos.—Vaya, esas flores son enormes—Dijo aún sorprendida.
Siguió a la chica “En realidad es más una reunión de trabajo que una fiesta” comenzó a elegir algunas aunque no específicamente, solo las tomaba contando cuantas llevaría. Volteó la mirada hacia los girasoles cuando ella habló de estos “Bueno hay un mito sobre eso, ahora mismo no lo recuerdo todo” frunció el ceño tratando de recordar, pero era algo que había escuchado ya hacia bastante tiempo “Pero decía que son así de grandes por que quieren alcanzar al sol, entonces al ver que no están a su altura se resignan y solo siguen su trayecto” contó mientras terminaba de escoger las flores.
Las comisuras de sus labios se alzaron casi inconscientemente, de alguna manera sus conversaciones siempre terminaban en la misma dirección en cuanto temática, al parecer ambos optaban por lo profundo, sobre la Sociedad. —Me encanta cómo piensas, es decir, no importa lo que esté sucediendo ni cuán mal estemos, le encuentras el lado positivo a la situación —confesó con sinceridad, mostrando finalmente su hilo blanco de dientes en una afable sonrisa. El chico le agradaba, sin duda, era de aquellos con su mismo ideal.
Sonrió por el comentario de la morena, era común en él pensar tales cosas desafiando verbalmente a La Sociedad pues no sería capaz de hacerlo en cara de esta al menos que alguien más lo hiciera. Pero quizá para eso tendrían que pasar muchos años más “No creo que haya algo positivo en esto, sin embargo como ya te he dicho espero que algún día todo sea diferente para bien. La esperanza, es lo único que por ahora nos defiende” asintió levemente.
— Precisamente ahí. — sonrió de lado y se encogió de hombros, pensando en los días en el cine, donde había pasado noches terribles. — Debería haber un refugio en todos los establecimientos o casas, al menos. — resopló. Estaba deacuerdo con el otro en ésto, lo del simulacro no tenía sentido si había personas que podían no comer nada sólo por correr al primer lugar que encontraban.
“¿Por lo menos pusieron alguna buena película?” comentó con una media sonrisa “Mejor aún, esto no debería de pasar más, solo deja cosas malas y retrasa las actividades cotidianas” frunció los labios, recordando un poco fastidiado que era obligatorio al día siguiente presentarse a trabajar como si nada hubiera pasado.
Se giró lentamente a observar al castaño, una mueca en su cara junto con el ceño fruncido. “Preguntas obvias no, por favor.” Dijo, dejando el vaso de agua a su lado al ver como asentía. Rió ante el comentario sobre su mala suerte, negando con la cabeza y tomando asiento en uno de los taburetes, no dudando en comer más papas de su paquete correspondiente. “¿Acaso no es todo una gran estupidez?” Cuestionó antes de introducirse otra papa en la boca. “No me ha hecho gracia perder a personas cercanas a mí debido al simulacro de los cojones.” Murmuró, no sabiendo si lo decía más para ella, para el chico sentado frente a ella, o para que si por suerte las cámaras habían logrado captar lo dicho para que llegara a oídos de la Sociedad. Dio un largo sorbo de la fresca agua en su vaso, dejándolo de vuelta en la isla y jugueteando vagamente con él. “Pero la vida sigue.”
Se quedó un momento sin hablar, dejó la bolsa de papas vacía a un lado. Todos los años en el simulacro se perdían vidas de personas que apreciaba, todos los años las personas temían saber que algún ser querido había perecido. Le causaba rabia aquel hecho, aún más cuando eran personas inocentes “A nadie le hacen gracia esas cosas” la chica tenía razón aquella vida de opresión seguía no se podía hacer nada más “No se le puede llamar vida a esto” comentó, lo más cercano a la libertad que había experimentado había sido hablar en secreto en alguna que otra reunión.
Ya veo. ¿Crees que puedas enseñarme? —arqueó las cejas, procurando mantener un semblante serio—. No, ¿sabes qué? Deberías de darme la dirección de esa señora —ladeó una sonrisa antes de encoger los hombros—. Tiene métodos muy peculiares, pero parece ser todo un encanto.
“Claro solo trae hilo y agujas entonces podremos hacer cuantos suéteres den” dijo de la manera más seria que pudo “¿En serio quieres conocerla? Pensándolo bien a lo mejor se lleven de maravilla” asintió soltando unas leves risitas al bromear con el chico.