Quiso reír por la expresión en el rostro de la chica, pues sabía con claridad que la había tomado por sorpresa con su pregunta. Terminó por acercarse a ella a una distancia bastante corta y enfundó sus manos en sus bolsillos del pantalón que llevaba. — Bueno, no sé, pensaba que sería más interesante que ofrecieras algo. — se encogió de hombros, mirándola, antes de sonreír. — Pero eh, ¿que tal si mientras lo piensas te ayudo? — terminó por decir y fue a ver cuál era el problema de la chica. Entrecerró los ojos, devolviendo su vista a la cara de ella. — ¿Te gusta mucho ésa ropa que traes? — preguntó, alzando una ceja.
¿Ofrecer algo? Ella tan solo quería ser libre. Libre de ese enganche bochornoso, claro estaba. —Y con algo... ¿Te refieres a algo concreto; dinero, algún objeto? ¿O...? —. Dejó la segunda cuestión al aire, sin atreverse a terminarlo. Aunque seguramente estaba siendo una ilusa; todos allí tenían pareja, no andarían pidiendo más de la cuenta porque sí. Se le subieron los colores al rostro, y tragó sonoramente, antes de acomodarse (no demasiado) y mirar hacia otro lado. Estaba avergonzada de sus propios pensamientos.
Se puso ambas manos a los costados, en jarras, mientras intentaba inundar su mente de pensamientos... racionales. —Uhm ¿Por qué preguntas? ¿Es imposible salvarla? —cuestionó casi distraída. Pestañeó varias veces antes de volver su vista nuevamente hacia el muchacho. —Uh, supongo —. Se encogió ligeramente de hombros, respondiendo, esta vez. —No es mi favorita, pero tampoco es como que me disguste... —añadió. Aquello sonaba mucho menos idiota en su mente que dicho en voz alta. Culpó al nerviosismo, ella no era así.











