Game of Thrones Daily
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
Keni

Andulka
No title available
Jules of Nature
will byers stan first human second
🪼
No title available
DEAR READER
dirt enthusiast
cherry valley forever
Cosimo Galluzzi
Three Goblin Art

No title available

No title available
we're not kids anymore.
One Nice Bug Per Day

❣ Chile in a Photography ❣
RMH

seen from United States

seen from United States

seen from Denmark

seen from Singapore
seen from United Kingdom

seen from New Zealand

seen from Germany

seen from Germany
seen from United States
seen from United States
seen from China

seen from Denmark
seen from South Africa

seen from Malaysia
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Netherlands

seen from Türkiye
seen from United States

seen from Singapore
@inducrte-blog
jhaewong.
aunque espera encontrarse con la joven siente un ligero sobresalto al verla cuando abre la puerta. esboza una diminuta sonrisa a modo de saludo que se extiende ante aquella burla tan propia de la morena. “tu no te quedas atrás” responde al ver su ropa, tal indicaba que tampoco tenía planeado asistir a la fiesta organizada por el cumpleaños de dos de los herederos. le toma más de lo necesario dar una respuesta al siguiente ofrecimiento, cree que no es correcto pero una negativa sería inadecuada para los propósitos por los que se encontraba ahí así que asiente antes de dar unos cuantos pasos hacia dentro. “no estaba seguro de si te encontraría, ¿no piensas ir a la fiesta?”
Arruga la nariz con suavidad al escucharle, a fin de cuentas, estaba en lo cierto. Vestía sus pijamas usuales, unos simples pantalones de aquel material elegante y tan suave... ¿seda? Quizás. Y encima, una simple sudadera, cómoda y abrigada. “Este podría ser un excelente disfraz de...” Idea queda revoloteando en el aire, ya que no es capaz de imaginar ningún disfraz que partiera de aquellas prendas. Cierra la puerta una vez que el joven ingresa, simplemente porque no necesita miradas curiosas dentro de su habitación, único lugar que podría considerar “privado”. “Iba a ir... tenía mi disfraz listo, pero un dolor de cabeza que me está matando; no iba a poder soportarlo entre la música y todo eso.” Alza con suavidad los hombros, palabras abandonan pétalos a medida que avanza en dirección a su cama, donde toma asiento con las piernas cruzadas como indio. “Le di mi disfraz a mi doncella, ella no iba a ir y la convencí, espero que se divierta por mí.” Bromea, ya que en realidad, espera que Rosalie pase un buen momento, que pueda desprenderse de su, a veces, rígida forma de ser. “¿Qué hay de ti?” Pregunta enunciada con doble entonación, tanto el por qué no se encontraba en la fiesta, como qué estaba haciendo allí, en su habitación.
hace una pausa antes de llamar a la puerta, le ha costado bastante llegar hasta la misma. pero sentía necesario disculparse puesto que cree que la última vez que la vio había sido bastante duro con ella. toca un par de veces esperando sea necesario para ser escuchado, no sin antes echar un vistazo a su alrededor para asegurarse de no ser visto y su presencia fuese mal entendida. @inducrte
Inevitable es negar la sorpresa al momento en que escucha los golpes en la puerta, segura de que la mayoría se encuentra en la dichosa fiesta; aquella a la cual no ha asistido al encontrarse con un molesto dolor de cabeza, e incluso ha obligado a Rosalie a tomar su propio disfraz y asistir, por lo que no se imagina de quién se trata. Abandona su cama y pausa la película que se encontraba viendo, para acercarse a la puerta y abrir. La confusión se hace presente al verlo allí, sin embargo, no le molesta en absoluto. “Hey... creo que podrías haber conseguido un disfraz mejor, ¿no?” Inquiere, busca tintar palabras de dejes burlones, índice señala figura contraria. “¿Quieres pasar?” Ofrece, al momento en que se aparta de la puerta, dejando la entrada libre.
gablackstein.
Y aún así, la luz no abandonó las facciones femeninas, era tan inofensiva como ella misma se encargaba de asegurar, después de todo. “Con un sentido menos, no representa una amenaza” se limitó a contestar. Aquello se aplicaba tanto a él como a un posible enemigo, porque en la oscuridad, él tampoco representaba una. Y tal vez por eso apagó su linterna, dejando descansar la vista ajena, que no había buscado perturbar en un primer lugar (aunque tampoco se había molestado en meditar si no terminaría haciéndolo). “Me temo que no puedo permitir que lo haga” a menos que estuviese muriendo de hambre (dudaba que fuese el caso), la excusa de la fémina no resultaba lo suficientemente fuerte como para permitirle continuar con su camino.
“¿Acaso no me ves? Nunca represento una amenaza.” Hacía mención a su tamaño, y escasas habilidades en cuanto a cualquier clase de enfrentamiento se tratase ( principalmente físico, ya que con el verbal, quizás tenía alguna oportunidad extra ). Una vez que luz blanca abandona facciones, la menor se encarga de bajar la mano, descubriendo así su mirada y buscando enfocarse en facciones contrarias, queriendo percibir si lo había conocido anteriormente. Cree que no ha sido así. Sin embargo, las siguientes palabras que escucha, le otorgan la seguridad que el hombre no le agrada. “¿Qué?” Incredulidad se hace palabra en aquel simple monosílabo. “¿Desde cuándo no puedo ir a la cocina? Puedes venir conmigo si no confías, te prepararé un sándwich y todo.” Alza los hombros, busca convencer con promesas que, si bien son verdaderas, también son vagas. Se ha salteado la cena, y ahora su estómago exige alimentos.
jhaewong.
se da cuenta que su elección de palabras ha sido errónea y ahora simplemente no tiene ni idea de como continuar. no quiere quebrantar algo que él ya consideraba como amistad pero si los dos muestran tanta divergencia en su forma de pensar no está tan seguro de que algún día puedan funcionar. siente que desde aquel beso en lugar de dejar las cosas atrás, son ellos los que se van quedando y pronto les será difícil alcanzar un ritmo en el que se sientan cómodos. de pronto un nudo se forma en su garganta, mismo que le impide poder formular una palabra u oración coherente, permaneciendo en silencio. mira fijamente a la joven buscando las palabras correctas para que no mal entienda su manera de pensar pero simplemente se queda en blanco. espera una vez más a que sea ella quien hace uso de la palabra. “indigo” murmura al ver como se da media vuelta. “tan solo busco hacer las cosas bien" eso es lo único que se le ocurre decir. “lamento decir que fue un error y que tienes que seguir reglas, perdóname por pensar que tienes buena relación con los príncipes–– discúlpame si te he ofendido” habla sincero porque lo último que quiere es hacerle daño a alguien a quien aprecia. “pero querer acatar reglas, no signifique que me guste ni mucho menos que esté de acuerdo, solo intento hacer las cosas bien” repite una vez porque todo se resumía a ello. “y si por ello no quieres hablar más conmigo, pues lo entiendo y respeto, tampoco puedo obligarte” hay decepción en su tono de voz. no hay mucho más que hacer si ella quiere cortar de tajo cualquier relación. baja la mirada y suelta un suspiro, se sentía incluso más cansado que antes y por un minuto cree que todo ha terminado. pero entonces escucha una vez más la voz femenina resonar en su cabeza. su rostro se desencaja ante la mención de lo ocurrido la misma noche que ellos se besaron. podría jurar que todo rastro de color abandona su rostro. “lo que pasó entre–– él y yo no tiene nada que ver contigo, así que agradecería que lo dejes fuera” informa con voz temblorosa negándose a caminar detrás de la joven, cierto era que había perdido cualquier ánimo de arreglar nada con ella.
“Sólo estaba tratando de probar un punto... pero tienes razón, no debí haberlo mencionado. Lo siento.” Comenta, en un tono lo suficientemente elevado para que el mayor la escuche, pero sin llegar a ser exagerado. Las disculpas son sinceras, ya que Permanece inmóvil sentada en la fuente, a excepción de dígitos que se pasean sobre el agua; aquellos que le piden abandonar la fría superficie, que añoran calor, sin embargo no obedece. Se trata de ir contra instintos, quizás, si podía soportar la frialdad del agua, de cierta manera podría controlar los impulsos cuando se trataba de hablar, de dejar que la conexión entre su cerebro y su lengua se esfumara, actuando sin pensar, sin meditar. Siempre había sido de esa manera, y por lo general era capaz de aceptar las consecuencias que aquello le traía, ya que ser sincera era parte de su persona. Pero ahora no se encontraba tratando con pares, con personas que se manejaban en su mismo ambiente, que la conocían. Y eso era distinto. Finalmente se rinde, dígitos empapados y temblorosos buscan refugio en los bolsillos de su sudadera, rehusándose a pasar otro segundo más a la intemperie. “Me molestó. La carta... traté de pretender que no me importó, pero no es así.” Se pone de pie, siente corazón acallado, tranquilo, como si hubiese vuelto a la normalidad. “Y no es porque me importe lo que piensen, o lo que puedan hacer. Es sólo que lo arruinaron —arruinaron un momento bonito y lo transformaron en algo que ahora nos llevó hasta este punto.” Hombros se alzan, es cansancio emocional el que se apodera de diminuta figura al momento en que pasos le arrastran una vez más a enfrentarse al guardia, y con la misma suavidad con la que habla, comisuras se alzan, buscan formar una pequeña sonrisa. “Me agradas, y puedo prometer nunca volver a hablar del tema, olvidarlo incluso” o pretender hacerlo. “ —pero no quiero dejar de hablar contigo, o mantenerme a cinco metros de distancia cada vez que hablemos.” Se permite una broma, una que tiñe con leves aires divertidos. “¿Qué dices?” Realmente esperaba que aceptara, ya que se había podido dar cuenta de que, a fin de cuentas, Jaewon trabajaba en el palacio, él estaba más comprometido a las reglas de lo que ella podría estarlo alguna vez; y si realmente no buscaba perjudicarla, si quería mantenerla lejos de problemas... era algo que tenía que agradecer, una actitud noble. Aún se mantiene en desacuerdo respecto a la generalidad del asunto, pero está completamente segura de que un desacuerdo no significa el fin.
jhaewong.
un suspiro sacude su pecho, realmente hubiera esperado que aquel asunto no volviese a mencionarse. y ahí estaban ambos, una vez más hablando de lo mismo. “fue incorrecto, indigo” no hay tono severo en su voz, sin embargo denota seriedad, necesita que la joven entienda aquello y se haga la idea tal como él lo había hecho. “está bien, sí te hace sentir más cómoda, me parece bien pero si hay personas cerca agradecería un trato formal, no quiero problemas, de verdad” en la última palabra suaviza su rostro y tono de voz. no se encontraba molesto con la chica, ni siquiera con las reglas impuestas por la corona, más bien había malestar consigo mismo. sobre todo por haber creído que el asunto pasaría así sin más, parecía que la castaña no iba a dejar el tema tan fácilmente. “¿perdón?” se sale un poco de sí ante la expresión usada por ella. no es que se sintiera ofendido, peores cosas escuchaba cuando estaba entre sus compañeros guardias, pero no entendía porque aquello. lo único que estaba haciendo era seguir reglas y creía que su interlocutora debía hacer lo mismo. “deja de decir eso” su tono es casi un ruego infantil que incluso le roba una sonrisa después de mostrarse acongojado por todo ese asunto. “son reglas indigo, nos gusten o no, son reglas y por más que haya vagos diciendo que están hechas para romperse, yo no lo creo así” sabía que era el menos indicado para hablar de reglas y orden, se sentía un hipócrita intentando aleccionar a la joven, pero tenía que hacerla entender. “te besé y fue un error, lo lamento pero es algo que no debió ocurrir, llamaron tu atención y eso debería ser advertencia suficiente como para que hagas lo que se te pide” en otras circunstancias habría incluso puesto sus manos sobre hombros femeninos para estrecharla, sin embargo no lo hace. cruza ambas manos sobre su pecho como para asegurarlas. “no tienes que venderte, nadie pide eso–– pero por ahí he escuchado que vas por un buen camino, que incluso los príncipes te aprecian no lo eches a perder por tus deseos de ir contra corriente, mucho menos por algo pasajero como un beso” era fácil escuchar rumores, sobre todo cuando se mezclaba con tantos empleados que adoraban los cotilleos. “de verdad, no quiero que tengas problemas”
“¿Cuando hay personas cerca?” Inquiere, completamente desconcertada ante la actitud tomada por el mayor, pero... ¿acaso lo conocía lo suficiente como para haber asumido distinto? ¿Como para creer que la comprendería? No, en absoluto. Quizás fue ingenua, ingenua por dejarse llevar por la idea de que no estaba completamente encerrada en un mundo ficticio, porque así se sentía vivir en el palacio. Permite que hable, ya que por el momento no siente necesidad de decir algo, de hablar. Corazón se acelera, palpita cual prisionero dentro de una celda, como si estuviese golpeando los barrotes para poder salir en libertad. No se trataba de sentimientos de por medio, en absoluto. Si bien le tenía aprecio al joven, no iba más allá de eso. Parte de ella se pregunta si quizás debía de alejarse, simplemente alejarse, no mencionar nada al respecto y empeorar las cosas. Y cuando él termina de hablar es lo que intenta, da media vuelta y avanza un paso, pero se arrepiente. “¿Fue un error? ¿Debo hacer lo que se me pide?” Finalmente se da la vuelta una vez más, pardos se enfocan en mirada contraria, buscan comprender. “¿Incluso los príncipes me aprecian?” Retórica que se forma a partir de frases mencionadas en el pequeño monólogo que el mayor mencionó momentos atrás. “Si realmente piensas de esa forma, no quiero estar a cinco metros de distancia —sólo no quiero hablar contigo.” Sílabas que abandonan pétalos con cierta dificultad, porque no era cierto, pero simplemente no podía afrontar algo como eso. “Esas mismas reglas, podrían echarte de tu trabajo por el simple hecho de haber besado a un hombre. Porque esas reglas lo consideran erróneo, antinatural. —no estoy buscando romper las reglas por diversión, Jaewon. Sólo besé a alguien porque quise hacerlo, tal y como tú lo hiciste.” Era consciente de que se trataban de simples rumores, aquellos a los que Indigo solía nunca darles importancia, y al decir verdad, a ella no podía importarle menos si Jaewon había besado o no a Levi. De hecho, hasta podría estar feliz por ellos. Pero sintió la necesidad de mencionarlo, ya que encontraba una comparación casi evidente. “No voy a disculparme por ser sincera, y me gustaría que tú lo fueras conmigo.” Se encamina hacia la fuente cercana, aquella que se encontraba a unos pocos metros, simplemente para tomar asiento en el borde de la misma, y aventurar a sus dígitos a pasearse por las gélidas aguas.
jhaewong.
su nombre hace que su mirada, que se encontraba vagando por la oscuridad, sea fijada en las facciones ajenas. “no es mi culpa porque yo no envié a los rebeldes pero se supone que si fui a la fiesta fue para custodiar, cuidar que todo saliera bien y eso fue lo último que hice” admite desviando su mirada nuevamente, avergonzado de su actuar dicha noche. “no puedo evitar sentir cierta culpa” frunce los labios porque nada de lo que la joven dijera haría salir ese sentimiento de su interior. “antes de–– de lo ocurrido te trataba formalmente y no había problema alguno” repone esbozando una diminuta sonrisa que desaparece al escuchar lo siguiente. todas sus sospechas se habían cumplido, por lo menos parecía se trataba de una advertencia y no solo para la joven seleccionada. “sabía que algo así ocurriría” murmura poniéndose pensativo. “pero me alegro que haya sido una advertencia y no un actuar apresurado” no se hubiera perdonado a sí mismo si las consecuencias para indigo hubiesen sido otras. “¿no deberías–debería entonces estar a por lo menos cinco metros de distancia?” cuestiona con cierta sorna pero creyendo que eso era lo más prudente dadas las circunstancias.
“Pero nada malo sucedió en la fiesta.” Suelta con sencillez, ya que el conflicto no se había ocasionado donde él se encontraba. De todas formas, decide no insistir al respecto, si bien no comprendía perfectamente la situación en la que se encontraba, podía sentir cierta empatía razonable. “¿De lo ocurrido? Puedes decir que te besé... y lo sé. Pero siento que si existe mayor confianza, puedes dejar la formalidad. Sólo si quieres hacerlo.” Hombros se alzan con ligereza, buscan restar importancia, ya que no quiere hacer de algo tan simple un problema. Sin embargo, algo en ella parece cambiar al momento en que le escucha, se mueve hasta quedar frente a él ( a una distancia prudente ) y pardos buscan enfocarse en mirada impropia. Se toma un momento, como si pudiese leer la realidad de sus palabras en lo que transmitía, pero no lo logró. “¿Estás jodiendo?” No sólo se deshace de formalidades, sino quizás también de educación. Aún así, no existe molestia o enojo en su voz, tonalidad que se mantiene calma como siempre. “Por favor dime que no crees que debo mantenerme lejos sólo porque tienen estúpidas reglas —y estoy segura que también lo piensas, de otra forma no me hubieses besado.” Dígitos viajan hacia oscuras hebras de cabello, donde mueve un mechón detrás de su oreja, gracias a la invernal brisa que los alborotaba. “Lo hacen sonar como si fuese un maldito trabajo, como si tuviese que venderme a alguno de los príncipes. Eso apesta.” Presiona sus labios entre sí, a veces se preguntaba si era tan mala con las palabras como creía, y por eso su mensaje nunca se transmitía de la manera correcta. “Me gusta sentirme libre, y cuando te besé, fue lo más libre que me sentí desde que pisé este lugar.”
octxviusr.
Tras escuchar los pasos ajenos no reprime un suspiro de hastío. La seleccionada es de su agrado, podría decir que es una de las que mejor le cae, pero esta noche solo buscaba soledad. Soledad, respuestas, alguna claridad de qué diablos hacer, de cómo sentirse, cómo hacer para vivir con la incertidumbre y frustración que ya no daba más. Pero en silencio, agradece la ayuda, agachándose, tomando los cigarrillos del suelo y de la mano ajena, mientras digiere las palabras manifestadas por la menor. —Pero deben haber cámaras, algo. No puede ser que nadie tenga una jodida pista.— No se preocupa por su lenguaje, es lo que menos le importa. No cuando ruega por cualquier atisbo, el que fuese, que le indicara que su hermana estaba bien, un poco de esperanza después de seis años en las sombras más oscuras, en un momento en el que su sobrino ya empezaba a olvidar el rostro de su madre, y Octavius no sabía que otro consuelo otorgarle. Ni a su sobrino, ni a si mismo. —Todo esto parece un chiste de mal gusto.—
Una vez que entrega los cigarrillos, apaga la linterna del celular, para momentos después guardarlo en el bolsillo de la sudadera que llevaba puesta. Labios se presionan entre sí, no percibía temor en el mayor, era algo más. Molestia, enojo. Algo que, si podía ser sincera, le sorprendía. Le sorprendía porque no lo encontraba como alguien partidario de la monarquía en exceso; pero claro, podía estar equivocada, o existir otras razones por las cuales aquella situación lo traía de esa forma. “Creo que lo es —un chiste de mal gusto, digo.” Hombros se alzan con suavidad, manos buscan refugio en los bolsillos de su sudadera, expectantes de calor. “Nosotros estábamos en la fiesta, divirtiéndonos... o escondidos en un rincón fumando” se permite bromear, realiza una pequeña pausa, diminuta sonrisa escala comisuras; haciendo referencia al encuentro que había tenido con el mayor. “ —y ellos estaban aquí, haciendo destrozos. Creo que quizás eso influye en la idea de mostrar un punto. No pienso que sea la manera correcta de hacerlo, pero ellos creen que sí.” Y al parecer, es de la única forma que los escuchan.
jhaewong.
escucha atentamente las palabras que salen de labios ajenos, tratando de anotar cada detalle para luego poder dar una respuesta digna. sobre todo porque la presencia ajena podría distraerlo del manojo de pensamientos que eran un lío en su cabeza y la soledad solo los había alimentado. “entiendo, incluso aquí afuera es posible palpar el ambiente de tensión, pero comprendo porque es así” hace un mohín con los labios. “lo cierto es que se debilitó bastante la seguridad la otra noche aprovechándose de ello los rebeldes, otra historia hubiera sido quizá si guardias como yo hubiésemos permanecido aquí, donde nos corresponde” tenía que admitir que había cierta culpa en su interior, sobre todo porque no había ido a custodiar gente a aquel hotel, mientras varios de sus compañeros se quedaban trabajando. “ah, pues está de suerte porque hoy es uno de mis días más aburridos y con suerte en cinco minutos usted esté tan soñolienta que se le haga imposible mantener los ojos abiertos”
Mirada se entrecierra, pardos buscan encontrarse con facciones masculinas, suave balanceo de su cabeza que se traduce en negación luego de escuchar sus palabras. “Esto no es tu culpa, Jaewon. Ni de ninguno de los guardias que no estuvieron aquí.” Siente un impulso en su interior de mencionar su verdadera forma de pensar, sin embargo, no cree que sea lo prudente. Si bien no culpa completamente a los reyes por lo sucedido, parte de ella comprende a los rebeldes, a quienes quisieron hacerse notar, y no por querer dañar, sino en búsqueda de justicia. O eso es lo que cree, eso es lo que quiere creer. Ligera risita se hace presente, pardos revolotean por los alrededores, los inmensos jardines, pero de todas formas permanece inmóvil. “No tienes que hacer eso, tratarme con tanta formalidad. Entiendo si lo prefieres, pero no tienes por qué.” No quería imponer distancias entre ellos, es por eso que duda en comentarle sobre aquella carta, pero parte de ella siente que es lo correcto. “Por cierto, parece que se supo lo que sucedió entre nosotros. Me llegó una carta, que básicamente decía que los únicos dignos de recibir mi atención eran los príncipes, nadie más.” Le resultaba completamente ridículo, no había tardado más de cinco segundos en lanzar la carta a la basura una vez que terminó de leerla. “Creí que debías saber, no lo sé. Pero tú no estás en problemas.” Aclara, hombros se alzan al igual que comisuras, con suavidad que vuelve ambos gestos casi imperceptibles. “Supongo que tenías razón.”
cerisc.
Una parte de ella estaba tan convencida de que sería la joven doncella quien entraría or amplias puertas en búsqueda de quien se dio a la fuga a la primer distracción. “Creí que eras mi doncella” cree necesario el aclarar por qué de su oración hecha saludo y bienvenida. Reprime el hecho de que, quizás, ella sí la esté buscando. “No, la que tocaba y cantaba se escondió apenas escucho tus pasos” imposible reprimir la sorna, jocosidad que baña vocablos y dejan ver que es una simple broma. “Es broma, sí era yo — uhm, gracias.” Por si las dudas, en caso de que la dueña de hebras caoba no entienda el juego decide aclarar. “Hobbie, aprendí a tocar a los dieciséis. Mi abuelo me enseño, él era músico.” Y aún cuesta hablar en tiempo pasado, recordar a quien ya no está ahí, como una naturalidad que no siente, que se inventa. “¿Tú tocas algún instrumento?”
Suave asentimiento protagoniza respuesta al comentario de la joven, consciente de lo que era sentir que tu doncella estuviese a cada vuelta de la esquina; ya que así era como se había sentido ella sus primeras semanas en el palacio. Poco a poco se había ido acostumbrando, y por más que lo negara, estaba segura que Rosalie incluso le había tomado cariño. Ligera risita abandona pétalos al escucharle. “No agradezcas, sólo digo la verdad.” Escucha aquella pequeña anécdota con atención, a veces ella se preguntaba cómo hubiese sido tener presente a su familia de sangre, a pesar de que lo había hecho bastante bien sin ellos cerca. “Lo lamento.” Menciona al pasar, tiempo pasado que percibe, pero no ahondará mucho más en el tema. “La guitarra... aunque no soy ninguna experta. Principalmente canto, trabajo en el circo, a veces tenía un número musical.”
jhaewong.
segundos antes de reconocer la voz femenina puede ya identificar la figura de la joven, sin embargo no dice nada hasta que da paso a la confirmación una vez que habla. “el peligro” murmura con cierto toque de diversión en su propio tono. rompe con cualquier formación, sintiendo como sus músculos se relajan para brindarle toda su atención a la recién llegada. “¿qué hace despierta a ésta hora?” pregunta curioso, volviendo a levantar la barrera de la formalidad esperando que la joven no lo notase. si el día de la chica había sido tan ajetreado como el de los empleados, debía de estar cansada. incluso anímicamente pues podría apostar todos estaban cansados. “¿insomnio?” intenta adivinar para no dejar que silencios incómodos llenaran el encuentro, no había por qué pero realmente temía que aquello ocurriera. “algo así, redoblaron los turnos, así que llevo más tiempo del deseado aquí, pero dentro de unas cuantas horas podré ir a descansar”
Suave sonrisa se alza de manera natural en sus comisuras al escucharle replicar, el peligro que ella aparentemente causaba habiéndose vuelto tema central de su conversación en la fiesta; por lo menos en un principio. Nariz se arruga con ligereza al escuchar la empleada formalidad, pero no comenta nada al respecto. Asiente, respuesta implícita que momentos después procura elaborar. “No tengo mucho sueño, logré escaparme de la cena y —honestamente, no quería estar dentro del palacio.” Hombros se alzan con suavidad, sinceridad abandona pétalos. “Sé que lo que sucedió es malo, no soy tan idiota. Pero el ambiente que se vive allí adentro... bueno.” Frase inconclusa, pero que no necesitaba más explicación. No era de su agrado permanecer dentro de paredes en las que las caras largas predominaban, y que la mayoría cargaba con un humor de perros. “Puedo hacerte compañía, si quieres. Por lo menos hasta que me de sueño, si me aburres me iré rápido.” Eleva las cejas en gesto burlón, aquel que es acompañado por una suave y melodiosa risita. Párpados pesan, pero no es sueño lo que tiene, o eso cree. Se abraza a sí misma, el abrigo de la amplia sudadera quizás no era suficiente.
Fina caricia escarlata, estos son los frutos y las consecuencias del espíritu indómito, de querer sentir el mármol y las caminatas distraídas en pies descalzos por los pasillos deshabitados, fue tarde al momento de esquivar los pequeños e invisibles trozos de vidrio desgarrado, suficientemente tarde como para ahora ir en gorgoteo de sangre e insoportable ardor, sentada en el primer lugar disponible observando los daños en la sensible dermis canela. “Hey, hey, no voy a pedirte que me cures ni pares mi terrible hemorragia” irrumpe, su tono firme, eléctrico con tal de hacerse notar y no ser una sombra para la otra persona “¿sabes por dónde hay una enfermería, un botiquín? A nadie le va a gustar una seleccionada sin un pie y obviamente las denuncias caerían por ser responsables de mutilar una pobre muchacha” es de esos días (o noches) dónde está habladora, su lengua es un portón a frases y frases, ironía danzante, mortífera. Se observa de nueva cuenta el pie, algo sucio y polvoriento, lastimado, algunas cosas simplemente no cambian.
Andar se detiene al escuchar tintineo de voz femenina colarse en sus oídos, pardos buscan encontrarse con la figura emisora, y no le toma demasiado tiempo hacerlo. Mirada se entrecierra, curiosidad ante la peculiar frase; sin embargo, no tarda demasiado en comprender, al momento en que se encuentra con sustancia carmín tintando parte de su pie. “Sé que hay un botiquín en la cocina... —y honestamente no creo que se te caiga el pie.” Arruga suavemente la nariz, sonrisa se cuela en comisuras, asoma con naturalidad. “Y si no me equivoco, también hay botiquines en las habitaciones, los había en las viejas... supongo que las actuales también. Puedo ayudarte a llegar a tu habitación, o la mía; y tranquila, no me molesta curarte.” A fin de cuentas, ella ha tenido que lidiar con múltiples heridas, quemaduras, gracias a su entrenamiento, no podía decir que era algo a lo que no estaba acostumbrada; y brindar una mano a la joven parecía lo correcto.
La cafeína circulando por su cuerpo era lo único que le daba fuerza a sus músculos para moverse, el día que casi veía su fin había logrado agotar al máximo sus energías, movimientos aprendidos de memoria, automatizados, al realizar el recorrido acostumbrado por los rincones más solitarios del palacio. La silueta que frente a sus ojos (aunque cansados, siempre atentos) representó una momentánea excusa para espabilarse, lo llevó a encender su linterna, iluminando todo aquello que permanecía en penumbras al tratarse del horario de descanso, y apuntando en dirección a quien se mantenía anónimo para él.— Identifíquese —pidió, siguiendo al pie de la letra un protocolo cuya aplicación ese momento resultaba innecesario.
Mirada se entrecierra ante el repentino exceso de luz blanca que ataca su visión sin siquiera ser prevista, por lo que diestra se alza de manera casi automática, buscando tapar la mayor cantidad de luminosidad posible. “Si fuese un rebelde, no lograrías mucho con esa linterna.” Responde, sin realmente meditar si se trataba de una contestación educada o no, probablemente se trataría de lo segundo; pero lejos estaba de importarle demasiado aquello. “Soy Indigo, estoy yendo por algo de comer a la cocina.” Anuncia, como si acaso el contrario tuviese que saber de quién se trataba por la simple mención de su nombre. Cuando se percata de aquello, es que piensa en aclarar que es una de las seleccionadas, pero termina por decidir que aquello no es en absoluto relevante.
Es la sala de música la que acoge cuerpo en búsqueda de distracción. Mínimo el desastre que decora amplias paredes, desconoce por completo si lo han dejado así a raíz del altercado rebelde o si es una limpieza en proceso. Los falanges tocan teclas de intacto piano, melodía que, como pocas, se sabe de memoria. Dulce voz que acompaña la melodía, letra casi susurrada. E ignora por completo el crujir de madera que anuncia compañía, no es hasta el oír de los pasos que se detiene la actuación. “Me encontraste.” Mirada aún en las teclas, fielmente cree que el caminar le pertenece a joven doncella que, imagina, ha de estarla buscando.
“No te estaba buscando… pero debo decir que es una grata sorpresa.” Hombros se alzan con suavidad, aquella misma que protagoniza la sonrisa que asoma en comisuras. Pasos que le han llevado a caminar por rincones del palacio que no había visto antes, prestando atención a detalles, a pinturas, destrozos. Si bien consideraba que no había sido tan grave ( y en parte comprendía las razones ), de ninguna manera lo consideraba correcto. Aunque claro, ¿de qué otra forma hacerse notar cuando nadie se toma el trabajo de escucharles? “Asumo que tú estabas tocando, tienes bonita voz.” Comentario sincero, no busca adular ilusiones, de no pensarlo, nunca lo hubiese mencionado. De todas formas, Indigo es capaz de apreciar el valor de las cosas de muchas maneras. “¿Eres música o es hobbie?”
La verdad era que Octavius estaba nervioso y, probablemente, por erróneas razones. Desde que se había enterado de que los rebeldes habían ingresado al palacio, su estómago era un revoltijo de emociones. Su melliza había desaparecido hace un par de años, siendo ella partidaria de aquellos disidentes de la corona; el chef tenía sus razones para creer, esperanza albergada, de que su hermana estaba viva, que estaba con ellos, sin importarle si algún daño estuviese causando, con tal de que respirando estuviese. En el nocturno exterior se encontraba, intentando encender un cigarrillo con un fósforo, mientras murmuraba más para si mismo que para alguna alma en pena. —No puedo creer que con toda esa maldita seguridad que tanto presumen tener no puedan encontrar a los culpables.— Un bufido escapó de sus labios mientras temblorosos dedos hicieron que la cajetilla resbalase de su mano. Un revoltijo de cigarrillos sueltos en el suelo, la impaciencia creciendo dentro del rubio aún cuando sintió la presencia de alguien más. —Mierda.— Masculló, mientras se agachaba intentando recolectar los cigarrillos en la penumbra. —No te acerques, podrías aplastar uno.— Con un tono que distaba de tener su característico buen humor, profesó.
Pasos se escabullen fuera del palacio, luego de cenar se ha tomado la costumbre de realizar caminatas por el jardín; algunas duran apenas unos minutos, otros días son más extensas. Aquel día aparentaba ser del segundo estilo; ¿la razón? El ambiente que se respiraba en el palacio le ponía los pelos de punta. Era consciente del alegado peligro que generaba la idea de que los rebeldes habían irrumpido, no era estúpida. Pero al mismo tiempo, quizás la parte más ignorante o inocente de la joven, creía que eran voces que no tenían oportunidad de ser escuchadas, y que habían visto de aquella forma una efectiva. Y claro, no estaban equivocados, ya que era de lo único que se hablaba en las noticias; incluso había tenido una conversación con su madre en la tarde, quien desesperada quería conocer su bienestar. Gracias al celular que encuentra lugar en el bolsillo de su sudadera, busca alumbrar la escena con la linterna, de esa forma agachándose ella también para recoger los cigarrillos. “No pisé ninguno, lo prometo. —y no creo que sea fácil encontrarlos, Octavius. La mayoría del personal ni siquiera estaba en el palacio...” Comenta, suaves sílabas son llevadas por el viento mientras se incorpora, extendiendo cilindros de nicotina en dirección al mayor.