La presencia de la seleccionada no es rechazada por ningún gesto de su parte, porque contrario a lo que se pudiera decir de la morena, Aedan no posee razones (aún) para encontrar su compañía como del todo desagradable (algo que no puede decir de varios habitantes del palacio). —No hacia algo como la fotografía, la verdad. ¿Qué hay de ti, hm? ¿Algo te importa lo suficiente como para considerarlo así?— inquiere de forma directa, sin ninguna intención más que la de saber un poco más del enigma que representa Pandora, incluso permitiendo que una nota de curiosidad asome por sus claros iris. Mientras dedica un momento de observación a la cámara, no puede evitar reír por lo bajo, su ceño frunciéndose ligeramente con ademán pensativo. —Ah, sí, en algunas ocasiones, y me consta, pero no creo que sea el caso,— admite sin pena ni gloria, levantando un hombro para restarle importancia al asunto, antes de activar la memoria de la cámara, antes de tendérsela a la seleccionada, quien fácilmente podría observar los objetivos del ocio del príncipe. —Ni siquiera son buenas. Hasta podría dejar que te burles un poco.—
"¿Y sobre qué entonces? Porque no es tan complejo simplemente traspasar ese algo tuyo a... ésto" y ella no, no lo comparte, no entiende el gusto de vivir atrapado o atado al pasado que llegue a ser reflejado en tantas fotografías, el gusto por congelar momentos. Humedeciendo sus labios, encoge sus hombros, sabiendo que el segundo dato era el más verdadero de lo dicho en tono casual: "Pues... a mí me gusta nadar bastante y, hm bailo flamenco" admite, carraspeando hacia el final de la oración, detalle misceláneo sin demasiados conocedores, una intimidad que, francamente, extrañaba, aun cuando esos zapatos regalados estaban al borde de romperse, eran unos fieles compañeros. "¿La has puesto en práctica o la han puesto en práctica sobre ti?" entona su pregunta con tono socarrón, sin poder evitar, ella podría responder con seguridad que sí a ambas cuestiones. Guardando un mechón negro detrás de su oreja, prontamente sus dedos sosteniendo aquel aparato con un cuidado nada propio de ella, pero sin deseos de arruinar con su energía y poca delicadeza habitual, pronto sus esquemas se topan con las capturas, una a una, un pequeño silencio mientras se dedica a estudiar detalles. “¿Ninguna persona digna de ser fotografiada, Aedan?” pregunta primero, quizá eso es lo que mejor se le da, indagar e indagar, husmear con un timbre burlesco por excelencia. “No me parecen malas, es decir... No sé nada de fotografía” así que no tiene estándares ni expectativas, en realidad algunas le parecen bonitas, por la luz del gran astro y los detalles, pero aquel cumplido no se despide de sus labios.