En respuesta a Cayo. Diario 27 de mayo.
No recuerdo exactamente hace cuantos días fue que recibí el último cuento escrito por Cayo. Recuerdo que lo tituló “Los de adentro”, era un relato interesante: el punto de vista de un antropólogo que vende comida chatarra en una plaza popular y capitalista de Madrid. Hace poco lo compartí con Cesar Ruz. Cesar está en Argentina pasando por exactamente la misma crisis vocacional que siento común a muchos de mis conocidos más cercanos. Le dije: Mira Cesar, o sea, entiende que no estás solo en esto, todos nos andamos experimentando dentro de unas dimensiones laborales bien densas y particulares, mira la experiencia Cayo vendiendo “perritos” en Madrid. Cesar disfrutó mucho el relato. Supongo que se sintió aliviado y menos “solo” en esto de experimentar cierto tipo de rechazo y ansiedad hacia su oficio actual. Pero bueno ese no es al punto al que quiero ir.
Hace muchísimo que no escribo un diario. Una parte de mi sigue temiéndole a las letras. Mucho, muchísimo. Hace algunos días escribí un poema, luego haber pasado 3 noches soñando con que mi mamá era asesinada en una escena de violencia de género. Fueron dolorosos esos sueños, pero también muy reveladores. Algo oscuro dentro de mí, se mueve, y estoy comenzando a reconocerlo cada vez más.
Hoy desperté a las 10. Triste, muy triste, nostálgica, vacía, sintiéndome hueca, desamada. Sigo extrañando a David y es una puta tortura esta vaina. Luego de haber llorado un rato, decidí leer el relato de Cayo. Al notar que eran 8 páginas, sentí algo de pereza y rechazo. Mi ritmo de lectura está más lento que nunca. Naturalmente lento, tan lento como una oruga, siento que mi sentido de la vista se arrastra por las letras, como si estas fuesen grumos de tierra: creo que soy una oruga lectora que no desperdicia milímetros. A veces, cuando me pongo a hacer mi tesis, puedo tardar hasta una hora, leyendo apenas una página. Ando metida en Verdad y Método, de Gadamer. Supongo que algún día tendré muchísimas cosas bonitas que contarle a Cayo, sobre mi encuentro con este libraco gigante de hermenéutica. Aníbal Rodríguez dice, que el ejercicio de la hermenéutica consiste en el “arte de no tener razón” ¡A la puta…! Ok. Bueno.
Me alegra sentir que tendré cosas bonitas que contarle a Cayo más adelante, supongo que podré relatarle algunas cosas acerca de “ mi proceso de tesis”; aunque a sinceramente a veces (quizá la mayoría de las veces) siento que no quiero terminarla. He experimentado muchísima pereza últimamente. Por suerte me he atrevido a poner al cuerpo el movimiento y estoy haciendo más ejercicio de lo normal. No quiero que se me atrofien los músculos del cuerpo, por darle tanta matraca intelectual a las neuronas, hasta “enchumbarlas”. “Neuronas enchumbadas” es una frase típica de mi antiguo profesor de griego. La suele decir cuando el rostro nos delata, y ya estamos amarillentos de tanta información antigua.
Bueno, superé el rechazo al número 8, y emprendí el viaje al mundo de Cayo. Al principio, hacer las imágenes de su pesadilla en mi cabeza me costó mucho. Luego fueron viniendo varias cosas a mi mente, sobre todo luego de leer lo de las letras “untadas” infructíferamente. Me dije: Debo pasarle a Cayo mi ensayo del Crátilo. Ahí Platón explora en forma de dialogo, a través de los personajes de Sócrates, Hermógenes y Cratílo, el fenómeno, del “nombre” y el acto de “nombrar”. Ese ensayo lo titulé, “Dime como hablas y te diré quién eres”, y tiene como epígrafe esta frase:
“Pero todo está hecho de lo mismo, por eso los antiguos videntes exclamaban: yo soy eso, usted es eso, todo es eso, y eso es todo lo que existe”
Jajajajajaja ojalá se le haya retorcido el estómago a este profesor chavizta, al leer que mi epígrafe procedía de Deepak Chopra. ¡Me cago en el divorcio entre filosofía occidental y misticismo, a la mierda, no me importa! En fin… bueno. Luego más adelante en otro punto del ensayo, menciono a Cortázar, el buen amigo Cortázar:
“Cuantas palabras, cuantas nomenclaturas, para un mismo desconcierto. A veces me convenzo de que la estupidez se llama triángulo, de que ocho por ocho por ocho es la locura o un perro.”
Julio Cortázar- Rayuela, Capitulo 2
Suspiro. Que desastre, que jodido esto de hablar, esto de andarle poniendo nombre a las cosas. Siento que no entiendo una mierda. Tal vez mi mente no entiende nada, pero mi cuerpo lo entiende todo.
Por otra parte me siento feliz de poder estarle regalando estas palabras a Cayo, que lo quiero tanto, siempre lo quise, desde el primer día que lo vi en la universidad, lo quise, sin razón, solo lo quise. No sé porque. Ese tipo de experiencias son las que me hacen creer en las vidas pasadas. Y creer en las vidas pasadas me hace feliz, profundamente feliz.
Cayo me trasmitió su asfixie a través de sus palabras. Eso es bueno. Eso es lo que los buenos escritores pueden hacer. Sentí que quizá yo modificaría algunas cosas de redacción en su texto. Pero no me importa detenerme en eso. Fluí con el texto, me sentí bien leyendo literatura. Me sentí bien viajando a la casa de los padres de Cayo por un momento. Estando allá, en Caracas, intentando prender la luz con él. Inevitablemente entretejida en el cosmos, con él. Sintiendo el hecho de ser, “ficción o realidad” da igual”: ser. Ser es ser.
Me siento sincronizada con Cayo. Me gusta saber de sus pesadillas. Yo he tenido muchas durante estos días. Desde febrero estoy llevando un diario de sueños de forma más o menos constante. El 25 de febrero soñé con ríos de gente que se peleaban en la calle. Eran chavizta y opositores. Era un mar iracundo. Yo me refugiaba en un edificio antiguo. Adentro había un pequeño charco lleno de serpientes verdes. En el edificio estaban, mi mamá, la mamá de David, David agarrando de la mano a otra chica y yo. Molesta, molesta como siempre y con la sensación de “no elegida”. Luego en abril, comenzaron las manifestaciones violentas en Venezuela. Yo ya lo sabía, ese sueño me lo avisó y también otro.
A raíz de esto de la violencia, y el hecho de sentir que la violencia de las calles de Venezuela no está separada de mí, porque: “Soy la carne del mundo, el mundo es mi carne. Soy la carne del mundo, el mundo es mi carne. Soy la carne del mundo…”
He comenzado a leer acerca de Ares, el dios de la guerra. Ha sido revelador. Por cierto, Ares es el padre de Fobos. Acabo de caer en cuenta de algo, cito textualmente a Shinoda:
Los gigantes gemelos denominados alóades casi consiguieron matar a Ares, probablemente cuando este era todavía un niño como ellos. Le capturaron y le encerraron en una jarra de bronce. Ares estuvo prisionero durante 13 meses y habría muerto (aunque era un dios y por ende inmortal, lo cual es peculiar). Si su madrastra no se lo hubiera dicho a Hermes. Cuando Hermes lo liberó, estaba medio muerto por el tormento.
Jean Shinoda Bolen.- Los Dioses de cada hombre.
Qué maravilla. Hay muchos símbolos acá, el número 13. Que por cierto es la carta de la muerte en el tarot. También el hecho de que sea una mujer quien promueve la liberación de Ares, justamente a través de Hermes, que es el único dios que podía entrar y salir del mundo subterráneo de Hades. Quizá es eso que Jung denominó “Anima” (energía femenina interior) lo que en el fondo está consciente del lugar y función del cuerpo. En este Capítulo, Shinoda describe el odio que Zeus (epitome de la razón) sentían hacía Ares, por ser un dios visceral e impulsivo que no escatimaba sus reacciones iracundas y corpóreas. Ares no templaba nada a través de sopesaciones racionales, Ares era solo acción. Acción como la de la FAN y la GNB. Acción como la de la “Resistencia opositora” Ellos no tienen tiempo de entrar en contactos con sus sueños. Tienen rabia, mucha rabia, porque han pasado 13 meses encerrados en una jarra de bronce.
Hermes rescató a Ares. Me encanta Hermes, él es el inventor del alfabeto y de los números. De él deriva el nombre de “Hermeneutica”. Me alegra que mi tesis sea supuestamente Hermenéutica. Espero encontrar buenos entes metafísicos ahí: buenas palabras, para darle algún mensaje a Cayo. Me gustaría ayudarlo con lo de su claustrofobia, aunque entiendo que eso no es asunto mío. También dudo que alguna palabra pueda aliviar una sensación de claustrofobia ¿o sí? No lo sé. Por ahora sé que también debo pasarle a Cayo, el libro que está escribiendo mi profesor Mauricio Navia. Mi profe sordo, que utiliza aparatos para escuchar, y que irónicamente está escribiendo un libro sobre el cuerpo. Ya está casi listo, ya lo mandó a la imprenta de México. Este es el título: EL ORIGEN DEL CONCEPTO DE CUERPO (SOMÀ, σῶμἀ) EN ARISTÓTELES (METAFÍSICA, Α).
Espero esto pueda servirle a Cayo para su tesis, y que le quede bonita, muy bonita. Esa tesis quedará grabada dentro de una de las fibras cuánticas del tejedor cuántico que nos teje, cuánticamente, valgan estas y las mil redundancias.
Curiosamente, las últimas cosas que compartí con David fueron estas: citas sobre Ares, y el libro del cuerpo. Y ese día fue que se atrevió a decirme: me siento incomodo cuando me mandas intensidades.
Aún me siento triste por eso, pero no tan triste como por el hecho de que él ya tenga otra novia. Respiro. Es trágica toda esta forma en que mi mente interpreta esta historia con David. Cuando la rememoro no es más que una crónica de un coñazo anunciado. Mis sueños me lo habían advertido. En más de un sueño el año pasado la cara de David se me deformó mil veces, se derretía, se volvía un monstruo. Eso para los jungnianos es sinónimo de peligro. Gran peligro. No presté atención a mis símbolos. Espero que Cayo vuelva a tener otro encuentro hermenéutico con Clastrum, pronto, y que atienda a sus sueños con el respeto que merecen.
Yo por ahora no tengo más nada que decir, estoy menstruando y seguiré menstruando por varios días más. Espero seguir dándole salida a este nuevo ovulo no fecundado, y dejar salir a este endometrio que se me había engordado adentro. Se engordó con el propósito de volver al útero un lugar acolchado y nutritivo para darle calorcito a alguna nueva forma de vida. Automáticamente esto se genera en mí: es la regla. Un recordatorio claro de que más allá de mi voluntad, sucedo a través de cierto automatismo anatómico, perfectamente orquestado. Soy un cuerpo. Soy voces y cuerpo.
Acabo de recordar, que he estado revisando un poco un libro, sobre análisis de sueños de Nietzsche. Una analista jungniana venezolana, literalmente se dedicó a interpretar los sueños de Nietzsche… en este libro se cuenta un sueño en donde Nietzsche estaba en una iglesia y de pronto, viene su padre y lo agarra y se lo lleva con el hacia la tumba. Se lo lleva con el hacia la tierra. La tierra devoradora, es para los jungnianos el símbolo de la “Madre terrible”, un gran útero que no expulsa sino que te chupa hacia adentro, y te asfixia y no te permite estar en contacto con la luz. Luz, símbolo de razón y logos.
Por cierto, otra cosa, ciertamente Nietzsche dice muchas cosas, acerca de las “ficciones”. Para él somos soldados pintados en un cuadro de batalla, y estamos mayormente inconscientes de nuestra condición de símbolos que han sido pintados por “El gran genio”. Esto sale en el capítulo 5 y 6, de El Nacimiento de tragedia. He estado leyendo eso, para realizar uno de los últimos ensayos que necesito entregar para terminar la escolaridad de la maestría. Sigo en esto, pensando y menstruando, y son dos cosas que suceden simultáneamente y en su solo cuerpo, el mío y el del universo.
Eso es todo Cayo, amigo. Gracias por la invitación y gracias por venir. Como siempre honrada por tus letras y tus ganas.
PD: disfruté demasiado la imagen del culo del perro. Afuera de mi casa ahorita hay unas flores azules, preciosas, que se abren todas las mañanas y en las tardes, sabiamente se cierran. Culos y flores abriéndose y cerrándose, cada uno a su ritmo, pero en simultaneidad, así de honesta y plural es la existencia. Es evidente que esta “Madre terrible” es el sostén de la contradicción, el petróleo es quizá una oscura síntesis de la contradicción, la unión de todo lo diverso, vuelto uno, el no individuo, diluido, dentro del útero de una madre que a veces puede ser terrible. Ella es la gran conjugadora y unificadora de los supuestos polos “opuestos”. Al final da igual, están todos siendo tejidos por el gran tejedor. El petróleo debe estar hecho de culos de perro y flores.