Llegaste cuando no podía amar, cuando ya me habían herido y no lograba sanar y para colmar yo no te quería lastimar. Tú querías que yo te quisiera de una manera extraordinaria, inolvidable y real... pero lo real es que en ese momento no podía. A ti no te importaba si yo trataba de amarte con lo mucho o poco que tenía, pero esa era mi agonía y me imponía, al grado de preferir no amarte a amarte a medias porque tú, cariño; tú mereces que te amen con una locura inquieta, con ternura concreta, y yo, sin estar insegura e incompleta...
-Juevecito.















