Los dioses venden todas las cosas a un justo precio, dice un viejo poeta. Hubiera debido añadir que venden las mejores cosas al precio más módico. Lo verdaderamente indispensable puede comprarse con poco dinero; sólo lo superfluo se vende caro. Lo verdaderamente bello nunca se vende, sino que es ofrecido como don por los dioses inmortales. Está permitido ver salir y ponerse el sol, vagar las nubes por el cielo, las selvas y los prados, el maravilloso mar, todo sin gastar un céntimo. Los pájaros cantan en balde, y podemos coger flores silvestres mientras caminamos. Nada se paga por entrar en la sala estrellada de la noche. El pobre duerme mejor que el rico. La comida sencilla suele tener mejor sabor que la del Ritz. El contentamiento y la paz del corazón prosperan mejor en una casita de campo que un suntuoso palacio de la ciudad. Pocos amigos, pocos libros, poquísimos, y un perro es todo cuanto necesitáis en torno vuestro, mientras os tengáis a vosotros mismos. Pero debéis vivir en el campo. La primera ciudad fue proyectada por el diablo: por eso Dios quería destruir la torre de Babel.
La Historia de San Michele













