el saludo la tomó por sorpresa, claro que sí. sin embargo, no podía decir que la había incomodado, en absoluto. “no me sorprende, las cosas contigo siempre son… interesantes.” optó por utilizar aquella palabra a falta de otra. la siguiente seguidilla de preguntas la hizo sentir incómoda, y si bien con alguien más se hubiese guardado los pensamientos, la verdad, no lo hizo con la alemana. “no lo hagas. no me cuides, ¿sí? sé que lo haces con buena intención, pero… esta noche necesito que nadie cuide de mí.” pidió, orbes fijándose con intensidad en los impropios, buscando una respuesta positiva. si bien no se desharía de sus escoltas, si iba a pasar parte de la noche con irene, entonces por lo menos necesitaba que ella actuara normal a su alrededor, ignorando si había algún problema, o si había algo de lo que protegerla, ya fuera el alcohol o un golpe, no le importaba. necesitaba sentirse libre, que le dejaran de preguntar si se encontraba bien, si podía beber, si algo le dolía. y si bien esa situación le molestaba, al hablarle a la rubia, no había molestia en su voz, sino algo más similar a una súplica. “¿podemos hacer eso hoy? sólo —ser personas normales.” porque no lo eran, nunca lo habían sido y nunca lo serían, pero no perdían nada con intentarlo siquiera una noche, unas horas, unos minutos. ¿verdad?
Fue extraño, no lo iba a negar. La respuesta a su pregunta era todo menos esperada, quedando de lado cualquier otro comentario que pudieron haber hecho, su atención estaba exclusivamente puesta en la petición de la canadiense, una que se le antojaba difícil de complacer. ---¿Por qué no?--- frunció el ceño, la pregunta escapando con genuina confusión, la falta de comprensión respecto a lo que pasaba por la mente de Thea siendo clara en las facciones de la princesa alemana. La intensidad de los orbes más oscuros era devastadora, haciéndola exhalar profundamente e intentar ignorar el hormigueo que se instaló en su vientre. De no ser posible, casi hubiera dicho que era nerviosismo. ---Thea...--- inició, una vez que la aparente explicación no fue suficiente para la rubia. Se acomodó en su asiento, dejando que una de sus manos se posara con cuidado en la rodilla de la canadiense. ---Aunque fueras una plebeya me preocuparía por ti. Igual preguntaría acerca de tu pie y de tus medicinas. Ser quien eres no cambia nada. Yo sólo... Quiero que estés bien,--- y era verdad, porque más en la superficie de lo que le gustaría admitir, se preocupaba por ella, y la quería ver bien, sonriendo y siendo igual de encantadora que siempre. Su mano libre fue hacia el delicado rostro femenino, sus dedos acariciando las mejillas contrarias. ---Eso no nos hace menos normales... Somos normales,--- era una confirmación, una de la que estaba tan segura que, esperaba se viera contagiada a su acompañante. Ni siquiera se había dado cuenta que el bartender ya había dejado su bebida allí sin más.