vladanghelescu:
De nuevo torciendo los labios, observando al rubio en silencio elevó los hombros. “¿No es así como ella quiere ser conocida? Al menos esa es la vibra que da, tampoco es que lo diga de mala… manera.” Si bien no habían comenzado de una buena manera, realmente no de una muy buena, tampoco es que fuese alguien que iba juzgando a todo el que se le pasaba por en frente con una fachada mal hecha, ¿con qué cara? Él mismo interpretaba el papel del príncipe de hielo. Bufó, su brazo envolviéndose en torno a la cintura del rubio con firmeza. “Las redes sociales y sus idiotas sólo saben criticar, me gustaría verlos lidiando con lo que nosotros hemos debido lidiar desde pequeños, o nuestras hermanas, que es diez veces peor. Giró el rostro con una media sonrisa alzándose lo suficiente como para depositar un leve beso en los labios del irlandés, simplemente porque quiso, y ya. "Y si los guardaespaldas no hacen su trabajo, luego voy yo y cobro venganza muy al estilo de las películas de hace cien años, ya sabes…” Se separó, le tendió la camisa e hizo que llevaba dos armas grandes muy Rambo. Luego del show asintió, tomando la camisa. “La película entonces.” Dicho aquello le indicó que avanzara él primero. “Después de usted, príncipe.”
“Honestamente, no tengo idea.” replicó. Quizás una vez creyó ser capaz de entenderla, pero la brecha entre ellos era inmensa. La Sio que veía, caminando sola con una sombra de odio sobre ella no era la misma chica que había llegado al castillo bajo órdenes suyas, una vez que se enteró de su identidad. No era su cómplice ni su compañera leal, la única que no había perdido esperanzas en encontrarlo. Dom había provocado esta pérdida, pero eso no eliminaba la pena que sentía. “No podían. A veces tengo la sensación de que yo tampoco lo aguantaré por siempre.” rió levemente. Sonrió ante el beso, inesperado pero agradable. El espectáculo dio un giro a la melancolía de antes, ahora reía y se sentía más calmado. Le gustaba poder hablar de estas cosas con alguien que realmente comprendiera, que simpatizara con él. “Qué caballeroso.” bromeó, marcando el paso hasta la sala de cine. Eso sí, primero se hizo con un bote de palomitas, unos nachos, y una bebida. Parecía comida para tres, no para uno solo. “Me arrepentiré de esto después.” dijo más para si mismo, eligiendo un buen asiento en el medio, acomodando las cosas en su sitio.











