Se encontraba detrás de la barra de su cafetería, como cualquier otro día común y corriente, cuando escucho que alguien tomaba asiento frente a ella por lo que saco la libreta junto con la pluma. “Bienvenido ¿Qué deseas ordenar?” pregunto mientras abría la libreta, sin molestarse en alzar la mirada hasta su cliente.
“Oh, pues...” abrió su boca, pero nada salio. No tenía idea de qué deseaba, ni siquiera se había tomado el tiempo de leer el menú del lugar y poco interés en hacerlo “¿No tienen una especialidad de la casa?” se aventuró a preguntar, observando a la castaña.








