Me pregunto por qué sigo escribiéndote. Supongo que es esa manía de la que aún no puedo despegarme del todo. Aún no puedo despegarme del todo de ti. Eso jode mucho, lo suficiente como para no saber por qué, si ya prácticamente he decidido que no quiero amarte más, si, eso es consecuentemente difícil, complicado, una bazofia, una mierda. Uno puede querer no amar a alguien, pero, el corazón es el que lo decide, es el que saca, mete, o arrastra a gente ahí. He estado estudiando, tratando de conseguir todo lo que algún día me propuse cuando no estabas, cuando no estabas para joderme la vida con tu sonrisa, con tu alma, con todo lo que suponía que eras. Es raro amar a alguien de ésta manera, es raro llegar a enamorarse de alguien simplemente por qué es él. Yo me enamoré tanto de ti que es simplemente difícil pensar en amar en otra persona de la misma forma. No fue la mejor, fue una forma dependiente, tóxica, y dolorosa en muchos ángulos, pero... Te amé, acepté cada cosa que viniera de ti porque venía de ti. Porque te quería, y era capaz de matar y morir por ti. Los dos dijimos que siempre íbamos a estar juntos, de una forma u otra. Y si, supongo que el lazo que tenemos no se podrá borrar nunca, nunca podré olvidar a mi gran primer amor, al primer chico que me hizo sentir todas las barbaridades que dicen que se sienten cuando se está enamorado. Triplicadas al dos mil. Sin embargo, es lo mejor para los dos, esto es lo mejor para los dos. Tal vez nunca deje de amarte, tal vez siempre exista ese sentimiento de felicidad al verte feliz, al verte hacer lo que sueñas, y el sentimiento de tristeza al ver como te destruyes cada día. Y perdón, perdón por no poder amarte de una mejor forma. De una forma más sana, más real, menos... Te hice daño, me hiciste daño, nos hicimos daño. Era un amor verdadero, que se convirtió en un sentimiento que desgarra por dentro. No me arrepiento de nada, de ninguna cosa, de nada de lo que pasó contigo. Aunque me haya herido, acabado o roto, no me arrepiento de amarte durante tres años de mi vida, fueron los años más felices que tuve en todo el dolor que estaba sintiendo. Me hiciste condenadamente una mejor persona. Con nuestros altibajos, con nuestros dolores, problemas y situaciones, me hiciste la mejor versión de mí. Una vez me dijiste que siempre quisiste lo mejor de mí, aún así si eso no te tuviera a ti. Gracias. Te odio, imbécil. Te odio tanto, nunca he odiado a alguien más en toda mi vida.