Yo no sabía de su existencia y llegó en el momento correcto. Una gran amiga que se arriesgó un montón y que gastó una plata que no tiene, sin preguntarme me mandó a mi lugar de residencia a comienzos de año en Buenos Aires un libro que asumió que me iba a romper la cabeza y así fue. Gracias Mari, es hermoso.
“Vulva. La revelación del sexo invisible” de Mithu M. Sanyal.
No es de los libros que te comés de un tirón, es de lo que tenés que ir abriéndote camino. Como a toda vulva hay que darle tiempo para que nos permita entrar en un viaje placentero, se lo di y valió la entrega.
“Ésta es una pequeña historia cultural de Occidente a través de la representación del genital femenino en la vida cotidiana, el folclore, la medicina, la mitología, la literatura y el arte. Sin embargo esto puede parecer desconcertante a simple vista. ¿No basta ya con que existan historias culturales del beso o de la tetera? ¿Qué conocimiento puede obtenerse de la vulva? A objeciones de este tipo puede responderse que todo el mundo es libre de tener su propio concepto del beso o de la tetera, pero casi nadie negaría que estos fenómenos existen, a diferencia de lo que sucede con el genital femenino.”
Así empieza y ya ahí me dejó tecleando por lo crudo de la afirmación de la que no me caben dudas pero que al aparecer de manera tan concisa sorprende.
Yo misma he tenido que escuchar a psicoanalistas decir en conversaciones coloquiales que las mujeres no tenemos nada y esa falta es nuestro principal problema, por citar uno de los ejemplos más absurdos de lo que a nosotras se nos viene a la cabeza con este tipo de lectura.
La vida te vuelve como en escenas de película, recordás innumerables situaciones que ejemplifican eso de lo que ella está hablando.
En particular de la infancia se me presentó una imagen que me volvió a la mente en varios momentos, mientras leía.
Mi abuela nos vio a mí y a mis amigas en la vereda jugando, ella venía de hacer mandados.
Nosotras teníamos entre 7 y 9 años y estábamos jugando a hacer la flor con el paro de manos.
Es un juego en el que una hace un paro de manos contra la pared y otra va y hace lo mismo pero sobre vos, pone las manos bien cerca de las tuyas, hace el paro de manos y vos tenés que abrir las piernas para que ella apoye sus pies en la pared. En general yo era la primera porque tenía más resistencia y porque era la más elástica así que podía separar las piernas lo suficiente para que apoyaran los pies tres amigas más. Una flor de 5 logramos una vez y casi nos hacemos mierda.
Cuestión que nos ve la abuela y nos empieza a gritar. “¡Están abriéndole un portal al demonio!” Que por ahí entraban y salían súcubos. Que nos teníamos que avergonzar y rezar para que Dios nos perdonara. Y yo qué sé cuantas cosas más. No recuerdo exactamente sus palabras, ni siquiera tengo muy claro si eso sucedió todo en la calle o la sanata la tuve que escuchar ya adentro de mi casa porque seguro que nos hizo entrar. Nunca hablé de esto con nadie que yo recurde porque realmente sentí mucha vergüenza, por más que en el momento todas nos burlamos a hurtadillas.
Es muy fuerte la imagen que me hice en ese momento del túnel al infierno que me imaginé saliendo de algún lado de mi cuerpo que no se podía nombrar y que por ende era de nuestras vulvas. Tampoco sé si volví a hacer la flor.
Pero mi abuela no estaba viviendo ningún delirio místico. Solo estaba poniendo en palabras sus miedos y haciéndolos míos.
El recuerdo aparece y queda ahí como flotando, entonces retomo a Sanyal:
“Finalmente le grita: ¡Lucha como un hombre! Pero Kali/Durga no es un hombre, y no quiere serlo, de modo que, como en un nacimiento invertido, se introduce a las otras diosas en el cuerpo a través del órgano genital y esta alianza de poderes femeninos derrota a Sumbha. Aliviados, los dioses se lanzan a sus pies y quieren hacer de ella su soberana, pero la diosa no tiene ningún interés en gobiernos y sometimientos y sigue su propio camino.”
Así que yo, como en un nacimiento invertido me meto en el cuerpo a estas diosas de la palabra como Sanyal, Wayar, Witting y tantas otras y mis amigas y en un nacimiento invertido de paro de manos me alío con el poder de todas estas otras diosas y venzo esos miedos aprendidos des-aprendiéndolos justo con ellas. Vuelvo a hacer la flor para florecer juntas. Y a pesar de los miedos ajenos a supuestas venganzas revanchistas sigo mi propio camino.