Reseña de “GUERRILLERAS” de Monique Wittig, 1969
“Es mejor no correr. Hay que caminar sin impaciencia contado los pasos. SI no hay equivocaciones, si se gira a la izquierda en el momento oportuno, no se tocarán los brazos extendidos del pegajoso árbol de miel. En ese momento de la caminata es necesario detener los cálculos y empezar de cero.”
La tradición del relato oral tiene algo de confuso y vital. Las cosas pueden cambiar de una narración a otra y en general las cosas cambian de una narración a otra. Un detalle que no se había dicho antes, un suceso que se cuenta en un momento distinto, un olvido. Cada vez que se escucha puede ser la primera vez.
Las historias que flotan en el saber colectivo están impregnadas de contradicciones que son parte esencial de su permanencia en el saber popular.
A pesar de que si las comparáramos seguramente las versiones que conocemos no coincidan, sabemos que hablamos de lo mismo y que la imposibilidad de dirimir cuál es la verdadera historia, cuál es la primera versión, cuál es la más importante, cuál es la que transmite los mejores valores, a pesar de ello esa historia se sostiene en el tiempo atravesando generaciones, territorios, revoluciones.
Pero es que son esas contradicciones las que sostienen el misterio. Es lo que nos atrapa llevando toda nuestra atención al intento de entender eso que se nos muestra encriptado pero afirmando ser la fiel expresión lo que realmente pasó, de lo que realmente pasará.
#Guerrilleras es uno de esos relatos. Como si escucháramos la voz de la anciana sabia de la tribu estamos frente a la afirmación de un hecho allá en el futuro o en el pasado o en otra dimensión, quién sabe.
Toma elementos reconocibles de otros muchos textos que flotan en nuestro saber aunque quizás no los hayamos leído nunca, aunque no nos las hayan contado jamás sabemos de qué está hablando, intuimos una referencia en general desafiante a esa idea que tenemos en nuestro haber.
Crea un mundo de fragmentos de esos otros mundos.
Invita a construir y a destruir. Y no hay contradicción en ello. Hay mucha imaginación. Tanta que hay que andar atenta a las imágenes porque por crípticas a veces son difíciles de desentrañar, o al menos a mí, así me ha resultado.
También es de esos textos que hay que leer hasta el final para no llevarse una imagen muy errada de hacia dónde nos lleva esa deriva.
Tiene muchas lecturas posibles. Podría tener como Rayuela un orden otro, para obtener otra lectura complementaria o incluso un mensaje distinto que desenmarañe el primero.
Se presta muy hermosamente para leer en voz alta y probar diferentes formas de expresar lo que se supone que dice. La puntuación es casi inexistente. Es un hermoso libro para jugar en varios sentidos. Así que cuando lo leas jugamos.