“Que no estoy haciendo nada...” es con dificultad que se muestra ante el coordinador. Su mirada, recelosa, va clavada al suelo, incluso debe levantar la pierna más de lo planeado para lograr atravesar maleza sin quedar atrapado en las plantas enredadas. “Luca, Luca...” se le escapa el nombre un par de veces, en tanto se posiciona frente al contrario. Basta observarlo unos segundos para (creer) sentirlo alterado, y el consejo de aminorar la velocidad (a su corazón, a su noche, a la travesía que afronta) no tarda en llegar: “Tranquilo, hombre, te prometo que no hay ninguna criatura peligrosa suelta, Marco debe estar durmiendo, y las bromas que hacen aquí no son dignas de que andes de este modo.” tiene una seguridad que no coincide con su desconocimiento sobre todas las jugadas que se han hecho por el campamento, pero inspirarle calma al contrario es su prioridad actual. “¿Qué haces aquí?” si es trabajo o las búsquedas de figuras lo que los hizo coincidir, quiere saber.