Cerró los ojos, se relamió los labios y soltó un suspiro que, esperaba, lo hiciera calmar. Solía ser una persona con paciencia, pero cuando se trataba de sus cosas no podía simplemente dejarlo pasar. Eran sus pertenencias, nadie más tenía derecho a tocarlas si él no quería o los dejaba. No dudó en acercarse a él hasta quedar a algunos centímetros del cuerpo ajeno, solo para demostrar que no se echaría atrás, que no le temía. –Tan solo dime si viste una puta planta de albahaca y listo, no es muy complicado. Con esa risita estúpida seguro sabes dónde está. –Aseguró, levantando una ceja. Respiró hondo y se masajeó la sien. –Mira, es simple. Si sabes donde está la bendita planta dímelo y esto se acaba, ni siquiera sé para que te acercaste hasta aquí si no era para ayudar. –Acotó, gesticulando con una de las manos, era algo que hacía cuando estaba nervioso.
No pudo evitar soltar una risa burlona al ver la reacción del contrario, quien desde que habían comenzado a vivir juntos muy pocas veces se había enfadado y allí estaba Finn, el muy cabrón, haciéndolo salir de sus casillas. No iba a negarlo, le encantaba meterse con la gente y sacar su peor lado. En cierto modo le divertía. Su sonrisa se ladeó y ambas cejas se elevaron, fingiendo una sorpresa al él acercársele. Claro que no le tenía miedo, sabía que no era capaz de hacerle nada, y en caso de hacérselo, Höhner no tardaría en atacar por su cuenta también. — Me encanta ser el responsable de que estés así de exasperado. — Rió, sin siquiera tomarse el tiempo o la decencia de responder a su pregunta. Si quería su planta que la busque, no solo en el lugar donde la había dejado sino en otros también. Y si no, debería de ponerle chips a sus cosas si no quería perderlas seguido. — "Mira, es simple". — Imitó, para comenzar él a decir lo suyo. — Es quien soy. Me gusta joder a los demás. Ver cómo se ponen nerviosos o hasta reaccionan... de cualquiera sea la forma que estás tu reaccionando ahora. — Lo miró de arriba a abajo, de la forma más despectiva posible. — Cada uno se divierte como puede. Pero si quieres saber, tu bendita planta está debajo de tu cama. — Guiñó un ojo. Qué divertido era ver a la gente explotar. Su seriedad volvió a formar parte de su rostro y se hizo a un lado, pues la cercanía de un hombre no era exactamente lo que más le gustaba. — Adelante, "Travis", ve a buscar tu preciada planta. Pero si te veo fumado una vez más, juro que te la robaré nuevamente para fumar yo también. No hay que ser egoístas. — Bromeó a su manera, volviendo a su sonrisa burlona.











