@jongdae: YO NO PUEDO CREER QUE INCLUSO EL NIÑO CONEJO TIENE ACCIÓN Y YO, EL REY, NO. >:-(

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Alecto por primera vez en su vida, se sentía que pertenecía a un lugar, que ese lugar fuera el psiquiátrico era un pequeño inconveniente, pero en realidad no le molestaba porque las personas que había conocido parecían normales, bueno… en realidad se entendía el concepto. Y estaba Taehyun que era un cielo con ella e incluso le había presentado a su mejor amigo “Hola Bobby…” dijo y se detuvo antes de continuar su oración porque tuvo una sensación que solo había sentido hacía algunos años atrás. Bobby quería, o había intentado morirse. “Lo siento mucho” solo pudo decirle y evitó mirarlo a los ojos porque ese sentimiento le recordaba demasiado al cuarto de su madre y no era un recuerdo muy placentero que digamos.
Mientras estaba comiendo su intento de tostada y hablando de cosas sin sentido con Bobby y Taehyun pudo escuchar como llamaban su nombre en un parlante y decían que tenía que presentarse en la sala de evaluación psicológica “Segundo día y ya me quieren evaluar psicológicamente, bien” Alecto se paró de su asiento, no sin antes hacerle una reverencia a ambos y comenzó a caminar mientras un tipo se unía a ela en el camino “Ay, claro como si pudiera escaparme de todas maneras” dijo rodando los ojos.
La sala de evaluación psicológica parecía como salida de una película, era blanca llena de posters inspiracionales y una doctora la estaba mirando por sobre sus lentes mientras presionaba su bolígrafo seguramente para empezar a escribir. “Mi primera noche. Tuve pesadillas, no las recuerdo, pero se que las tuve” le confesó respondiendo a su primera pregunta. Tras eso ella continuó preguntando cosas que no tenían interés para ninguna de las dos: hasta que… “No se atrevió” dijo ofendida, mientras la doctora seguía refiriéndose a Taehyun como ‘el delincuente’ y no solo eso, sino que le estaba advirtiendo que el paciente Nam tenía incidentes de violencia y comportamiento errático y que solo la estaba advirtiendo “Vuelva a referirse a el como delincuente, la estoy retando” Alecto no era una persona de perfer la calma rápidamente, pero Taehyun había sido su primer amigo y sabía que compartían algo que ni ella misma podía explicar, no iba a permitir que esa señora hablara así de el. No podía, ni debía. La tipa rió preguntando si eso había sido una amenaza y Alecto simplemente se cruzó de brazos y rió. Tras eso la señora decidió que era muy buena idea apoyarse en el escritorio y decirle que era un delincuente y que había enviado a un chico al hospital “No hagas que sean dos en el hospital” la señora dijo que su actitud no le gustaba y tuvo la hermosa idea de ponerle la mano en la muñeca. No sabía si era que ella misma estaba enojada y estaba proyectando en las emociones de la pobre señora, pero el ambiente estaba muy malo y lo próximo que supo es que la señora estaba en el piso inconciente. No es como si fuera la primera vez, de hecho ya había pasado una vez anterior donde como sistema de defensa hacía que la otra persona tuviera una sobrecarga de emociones y terminaba así pero. “¡No, juro que fue sin querer, yo…. yo no lo hice queriendo no me hagan nada!” dijo caminando hacia la esquina cuando dos tipos aparecieron por el ruido que había provocado la tipa al caerse. Alecto se puso en cuclillas en la esquina cerrando los ojos mientra uno de los tipos la agarraba de los brazos fuertemente, estaba asustada porque ya tenía una idea de lo que le iban a hacer. “Perdón…perdón…perdón” repetía, pero no creía que esos tipos hablaran inglés o les interesara lo que ella tenía para decir. Y lo próximo que supo es que sintió un pinchazo en el cuello y sus ojos se cerraron.
Taehyun la estaba pasando tan bien con Alecto a su lado que literalmente decidió que estaba aburrido a los dos minutos de que ella se fuera para que le hicieran su evaluación psicológica, la misma que le iban a hacer a él en unos minutos seguramente porque en este lugar vivían para no dejarlos en paz, para variar. Dicho y hecho tomó menos de quince minutos que lo llamaran, pero al entrar descubrió que no era la doctora Lee la que lo estaba esperando sino el doctor Ahn, que dentro de todo era uno de los tipos que mejor le caían y uno con el que menos le costaba ser sincero. “Me siento bien, pero… sigo preocupado por Bobby.” Confesó encogiéndose de hombros porque no era nada nuevo que estuviera más preocupado por su amigo que por él mismo. Además, no podía preocuparse por algo que no estaba mal en primer lugar. “Perdón, no oí bien lo que me dijo.” Dijo al creer escuchar el apellido de Alecto, y en efecto así había sido porque el tipo acababa de tener el descaro de decirle que ‘lo habían visto haciéndose amigo de la paciente Black’ y procedió a informarle acerca de todos los ‘problemas’ que tenía la chica. “Con todo respeto me parece que usted no está siendo muy educado en venir a decirme tales cosas de una chica a la que no conoce. Es grosero hablar a espaldas de la gente, doctor Ahn.” Murmuró apretando con fuerza el apoyabrazos del sillón en el que estaba sentado, intentando contener las ganas de pararse, mandarlo al carajo, e irse al demonio. ¿Quién mierda se creía que era? “Mire… insisto, con todo respeto, ¿sí? Pero me voy a retirar porque no creo que esta sesión esté siendo productiva en este instante.” Anunció y sin darle tiempo a nada, salió de la habitación sabiendo que no le harían nada porque estaban acostumbrados a que él se retirara a mitad de sus terapias si decidía que le molestaban.
Entrando al comedor de nuevo, Taehyun miró alrededor en busca de Alecto pero al ver que ella no estaba se fue directamente hacia donde estaban todos los hombres con los que se había estado hablando desde el día anterior y se cruzó de brazos. “¿Adónde está Alecto?” Preguntó mirando al grupo de chicos, que o bajaron la mirada o pretendieron no haberlo escuchado. “Hice una pregunta.” Insistió, y sólo entonces Mino lo miró y le dijo que tal vez Amaranta sabía, ya que era su compañera. “En ese caso, ¿alguien sabe adónde está Amaranta?” Dijo esta vez mirando puntualmente a Jongdae y a Jinyoung, y el primero le respondió que siguiera el sonido de la voz de la chica insultándolo a él y la iba a encontrar. “Gracias por tanto, hyung.” Rodó los ojos y se dio media vuelta para irse a la biblioteca porque era el único lugar al que se le ocurría ir. Tal vez hasta tenía suerte… pero no. Ahí sólo había un par de adolescentes — entre los cuales estaba Haerin. “Pequeña, ¿has visto a tus unnies Alecto o Amaranta?” Preguntó acercándose a su lado, y ella dijo que no veía a la primera desde hacía un rato pero que Amaranta estaba buscándole un libro y que volvería en cualquier momento, lo cual sucedió a los pocos segundos. “¿Tú tampoco sabes? Maldita… ¿qué hay de su habitación?” Cuestionó y negó en voz alta antes de que Amaranta le hiciera la pregunta de si era un pervertido o algo por el estilo. “Sólo quiero saber si está bien. Lo entenderás más adelan…” Y de la nada, su visión se volvió todo negro y una vez más estaba dentro del sueño que había tenido esa mañana con la diferencia de que esta vez podía escuchar la voz de Amaranta y sentirla tirando de su brazo, llevándolo a quién sabía dónde, todo mientras intentaba controlar su respiración porque estas sensaciones del ‘sueño’ eran demasiado reales como para ser un simple truco de su imaginación. “Amaranta, detente.” Susurró cerrando los ojos con fuerza y agarrándose la cabeza con ambas manos, pero de repente su visión volvió y se encontró a sí mismo de rodillas frente a la cama de Alecto, en la cual ella estaba plácidamente dormida porque seguramente la habían dopado. ¡Se habían atrevido a tocarla! “No. NO. Esto no está bien.” Murmuró jalándose del cabello por la frustración. Taehyun sabía que si estos infelices llegaban a tomar un mal concepto de Alecto desde un principio le iban a hacer la vida imposible y bajo ningún concepto quería que ella terminara como Bobby, que con suerte estaba completamente consciente y sin ganas de cometer suicidio.
Tras sostener su mano por unos segundos, Taehyun se la besó suavamente y salió del cuarto después de que Amaranta y Haerin —que al parecer ahora que había encontrado una amiga la seguía a todos lados— le aseguraran que se iban a encargar de que Alecto estuviera bien cuando despertara. Tenía como misión encontrar a Jongdae y pedirle al loquito que hiciera lo suyo, a.k.a. hackear las cámaras de seguridad y averiguar qué era lo que había pasado para que tuvieran el descaro de sedar a la chica, que probablemente ni siquiera había hecho algo malo. “Hyung, necesito que hagas lo tuyo. Prometo que te conseguiré lo que quieras — dentro de los límites de lo posible — si me ayudas con esto.” Le dijo, y suspiró molesto porque no podía creer que esto estuviese pasando. Aún no sabía cómo, pero estos malditos hijos de puta iban a pagar por todas y cada una de las cosas que le habían hecho a él, a Bobby… y por este incidente también.
Eran contadas con los dedos de la mano las veces en las que Jongdae utilizaba sus poderes para ayudar a otras personas pero esto relativamente le parecía una buena causa a parte Taehyun era un buen chico, no podía decirle que no“No te preocupes, no necesitas darme nada, lo haré en el nombre del caos y de mi aburrimiento” dijo entre risas para luego pasar su mirada a Amaranta “Tú, necesito que me ayudes” y antes de que Amaranta pudiera decir algo el rodó los ojos porque literalmente ya sabía lo que estaba pensando “Mira, esto me agrada más a mi que a tí obviamente, pero necesito que alguien me cuide las espaldas o no voy a poder hacerlo... hazlo por Alecto, no por mi” dijo haciendo cara de cachorrito a lo que Amaranta rodó los ojos y le dijo que estaba bienpero que no se le diera la idea errada “No, no. Por supuesto que aún me detestas” bromeó y comenzó a caminar hacia el ala de la clínica que se suponía que estaba restringida para los pacientes, en ese ala no solo se encontraba la sala de cámaras, sino que estaba el salón donde descansaban los doctores y el acceso a la unidad de pacientes peligrosos, los cuales contaban con un literal caníbal y un tipo que le gustaba incendiar cosas, bueno al menos esos eran los rumores porque Jongdae era imbécil pero no tanto como para querer incursionarse ahí “Bien, necesito que tomes posición en la puerta esta, y si puede ser dile a niñita que trabe la puerta del salón de Doctores, porque no queremos a nadie entrando y saliendo de allí, Amaranta asintió con su cabeza y el sonrió mientras se frotaba las palmas “Okay, veamos” dijo mientras se llevaba dos dedos a la sien derecha cerraba los ojos concentrándose en lo que quería hacer. Unos segundos más tarde el tipo manejando la cámara salió corriendo desesperado de ahí “Le hice creer que el psiquiátrico se estaba incendiando” dijo entre risas mientras entraba dentro de la habitación. junto con Amaranta, porque terminó cambiando de opinión y decidiendo que le servía más siendole de campana desde dentro “Bien, ya lo he hecho mil veces, pero espero que no hayan cambiado nada” Amaranta, sin demostrar lo obviamente impresionada que estaba le preguntó para qué había aprendido a hackear las cámaras “Para espiar a las doctoras intercambiando panties” dijo rodando los ojos para no tener que revelear que había empezado hackeando las cámaras para desde la cámara que había afuera ver el mundo exterior porque eso sonaba a maricota. “Ves, en cuanto el tipo se va, presiona una tecla y bloquea todo los controles, pero yo con mi super inteligencia voy a resolverlo” dijo chasqueando la lengua y guiñando el ojo.
Diez minutos después de hacerse el interesante, Jongdae terminó tecleando la contraseña (54321) y se le abrieron todas las cámaras de seguridad “Y ahora, hay que encontrar el footage que Taehyun quería” le comunicó a la hermosa chica, la cual estaba muy tranquila sentada en contra de la puerta rodando los ojos. Luego de buscar un poco, Jongdae vio todo lo que necesitaba y suspiró “Mira que bonita, defendiendo a su noviecito” se rió mientras intentaba recordar cada último detalle de la cinta “Una cosa más” dijo levantándo el dedo. Mientras estaba allí, tenía que hacer esto porque no quería meterse en problemas y mucho menos que la gente que le caía bien lo hiciera por lo que terminó borrando todo el footage de la noche anterior por cuestiones de seguridad. Jongdae estaba seguro que jamás miraban esas cosas, de hecho el tipo que trabajaba de noche estaba más ocupado jugando angry birds que otra cosa, pero nunca se sabía. Y justo cuando Jongdae creyó que se estaba saliendo con la suya, sintió a alguien abriendo la puerta, por lo que tomó a Amaranta del brazo y la atrajo contra el tapandole la boca. El tipo que había salido corriendo seguramente había vuelto luego de darse cuenta que era una estupidez ‘Amaranta, estoy utilizando un camuflaje mental, aunque quisiera decirte que es bueno, es muy débil, así que no hagas movimientos bruscos y no hagas ruido’ le comunicó mientras intentaba moverse lentamente hacia la puerta en cuanto el tipo tomó asiento, sin soltarla a Amaranta en el proceso. Luego de salir de allí, Jongdae la obligó a correr rápidamente para volver al ala del psiquiátrico donde tenían permitido estar “Eso fue entretenido, deberíamos volverlo a hacer alguna vez” dijo guiñándole el ojo mientras buscaba a Taehyun con la mirada. “¿Quieres acompañarme a decirle las noticias?” preguntó y Amaranta se encogió de hombros diciendo que no era como si tuviera algo mejor que hacer de todas formas.
Lo terminó encontrando fuera de la habitación de Alecto y Amaranta, sentado en contra de la pared leyendo Las Cartas de Vincent Van Gogh, y en cuanto lo vio se paro cerrando el libro prácticamente en sus narices “Bien... la entrevista estaba yendo bien y aburrida se podría decir, hasta que la Doctora Lee tuvo la mala idea de llamarte delincuente y empezar a decirle cosas acerca de tu historial y eso la hizo enojar a Alecto que la retó a decírselo otra vez y luego la Doctora Lee le puso la mano en la muñeca y unos momentos después se desmayó de la nada, entraron dos doctores y la sedaron en el cuello, lo cual es salvaje” le comunicó y luego le puso una mano en el hombro “De todas formas Taehyun, ya sabes como son todos aquí. Pero ella fue muy valiente, deberías haberla visto, en cuanto escuchó lo que dijo la Doctora Dientona ella fue de 0 a 100 rapidísimo” tras eso escuchó a una voz desde el parlante llamándolo para su evaluación psicológica y el rió “Nos vemos chicos” sonrió guiñandole el ojo a Amaranta y dandole una reverencia a Taehyun “Suerte en sus próximos emprendimientos”.
Había sido un día largo y “lleno de emoción” (no había estado tan emocionado con algo desde que el paranoico quiso golpear a Minseok llamándolo enano del horror en el proceso) Jongdae se fijó dos veces de que Bobby hubiese tomado sus pastillas y estuviera dormido antes de sacar su libro y comenzar a leer, pero eso era demasiado aburrido para el “¿Qué hacer?” preguntó mientras ponía su separador entre unas páginas, Jongdae cerró el libro, se puso sus pantuflas y decidió que quería ir a la biblioteca. Técnicamente no estaba autorizado para salir de su habitación pero ¿Para que estaban las reglas sino para romperse?
Mientras caminaba despacio por el pasillo prestandole atención a las puertas de las oficinas del servicio se chocó con alguien “Fíjate, soquete” murmuró antes de ver que era Taehyun “Taehyun-ah, lo siento” dijo haciendo una reverencia “Yo ni vi nada” dijo entre risitas, mientras Taehyun le decía que el tampoco había visto nada (después de decirle que ‘¿Por qué no se fijaba él? Soque..’) “Oye, estás todo arregladito ¿A donde vas? No me digas que tienes una cita con la señora del almuerzo” dijo haciendo referencia a la señora de 60 años que los odiaba a todos los internos, gorda, casi pelada y de muy mala cara. Taehyun preguntó que como se había enterado, para luego morderse el labio y decir ‘es que es tan candente’ “Bueno, no te detendré más, suerte”
Al llegar a la biblioteca, Jongdae se tiró en el sillón tomando la copia de “¿Quién se robó mi queso?” comenzó a pensar en Amaranta, y una cosa llevó a la otra a la otra, por lo que no le quedó otra opción que meterse en la cabeza de la chica. ‘Lo siento hija, pero estoy muy aburrido’ fue el primer pensamiento que le envió ‘Comenzaré a cantar canciones infantiles hasta que vengas a la Biblioteca, lo juro’ pensó riéndo de su propia hazaña mientras comenzaba ‘Un elefante, se balanceaba sobre la tela de una araña…’
Era oficial: Amaranta odiaba este lugar. ¿Para qué les hacían hacer cosas cuya intención era hacerlos sentir normales? Es decir, ¿no se suponía que estaban ahí porque no eran normales? Lo peor de todo era que no tenía manera de escaparse, no que fuera tan estúpida de pretender hacerlo… al menos no tan pronto. Pero tampoco, porque eso era una ridiculez imposible de lograr así que su única opción era cooperar y pretender que no estaba tan demente. Tal vez así no terminaría sufriendo destinos similares al de Taehyun o Bobby. “Alecto, ¿crees que eso sea una buena idea?” Preguntó levantando la vista de su libro, pero ella ya se había escapado y Amaranta quedó sola en la habitación que compartía con esta chica, que parecía… extraña. No de mala manera, pero bueno. No importaba cuán amables parecieran ser todos esto no dejaba de ser un psiquiátrico, después de todo.
Tras decidir que se había cansado de leer y prefería dormir, se puso su pijama y se recostó en su nueva cama agradeciendo que le habían dejado traer su propia almohada, aunque no hizo más que cerrar los ojos y a los dos segundos oyó una voz irritante que la hizo bufar. ¿Por qué le pasaban estas cosas a ella? “No soy una buena persona pero tampoco me merezco esto.” Se quejó mientras se daba la vuelta e intentaba ignorar la molesta voz de Jongdae cantando esa estúpida canción de los elefantes. “¡QUE TE CALLES!” Exclamó un par de veces hasta que se dio cuenta de lo demente que sonaba y se levantó, cubriéndose los oídos con las manos y con la almohada unos segundos después, pero nada. Era como si el desgraciado estuviera dentro de su cabeza, literalmente. “No te lo voy a permitir.” Murmuró poniéndose su calzado y abriendo la puerta de su cuarto para irse derechito a la biblioteca — incluso si le tomó tanto encontrarla de nuevo que para cuando llegó él ya iba contando por el elefante número setenta y seis. “Oye tú, maleducado. ¿Cómo osas interrumpirme a estas horas de la noche? ¿Acaso no tienes modales?” Cuestionó al entrar a la maldita biblioteca y se cruzó de brazos, esperando una explicación coherente que muy en el fondo sabía que no iba a obtener. “¿Qué haces leyendo esa basura? Madre santa, ¿puedes dejarte de cantar? Me estás haciendo molestar.” Amenazó apuntándolo acusadoramente, rogando que se callara de una jodida vez y la dejara irse a dormir en paz.
Jongdae iba a continuar con la canción ya con el elefante número setenta y siete, hasta que Amaranta hizo su entrada, y rayos, se veía muy bonita cuando estaba enojada“Aish, que mal humorada eres” dijo entre risitas mientras intentaba contener la carcajada que quería largar porque esto era jodidamente gracioso “Mariah Carey desearía tener esta voz, apréciala” susurró enarcando una ceja dejando el libro a sus pies “Es que estoy aburrido, y Bobby está con su medicación y no puede salir a jugar conmigo” dijo haciendo un pucherito “Vamos a jugar al veo veo” Amaranta rodó los ojos y dijo que se iba a su habitación otra vez “¿Ah si?” preguntó, para luego empezar a cantar en su mente a todo volumen Fantastic Baby de Bigbang, a lo que Amaranta le respondió que terminara con eso, y que era un asscrown “Ni siquiera voy a preguntar” murmuró ante su insulto.
“Sabes que puedo leer tu mente y saber todos tus secretos” dijo con una sonrisa sobradora “Puedo saber por ejemplo, que odias el color amarillo, y que adoras la ropa marca Moschino, que odias que todo el mundo hable coreano y tu no entiendas nada, que la comida de aquí sabe rara y que no te gusta como se ve el kimchi, también puedo saber que tu compañera te resulta extraña, y también como se nota que noc onfías en nadie, Y hora estás pensando que desearías callarme de un puñetazo, pero que probablemente te drogarían si fuera así el caso” Jongdae se sentó en el sillón nuevamente y palmeó el almohadon de al lado “Vamos, cuentame que te trajo aquí antes de que tenga que invadir tu privacidad una vez ás y averiguarlo por mi cuenta”. Esto era jodidamente gracioso para Jongdae, no solo estaba divirtiéndose, sino que lo estaba haciendo en compañía de una chica tan linda como Amaranta, lo cual era un plus.
Había sido un día largo y “lleno de emoción” (no había estado tan emocionado con algo desde que el paranoico quiso golpear a Minseok llamándolo enano del horror en el proceso) Jongdae se fijó dos veces de que Bobby hubiese tomado sus pastillas y estuviera dormido antes de sacar su libro y comenzar a leer, pero eso era demasiado aburrido para el “¿Qué hacer?” preguntó mientras ponía su separador entre unas páginas, Jongdae cerró el libro, se puso sus pantuflas y decidió que quería ir a la biblioteca. Técnicamente no estaba autorizado para salir de su habitación pero ¿Para que estaban las reglas sino para romperse?
Mientras caminaba despacio por el pasillo prestandole atención a las puertas de las oficinas del servicio se chocó con alguien “Fíjate, soquete” murmuró antes de ver que era Taehyun “Taehyun-ah, lo siento” dijo haciendo una reverencia “Yo ni vi nada” dijo entre risitas, mientras Taehyun le decía que el tampoco había visto nada (después de decirle que ‘¿Por qué no se fijaba él? Soque..’) “Oye, estás todo arregladito ¿A donde vas? No me digas que tienes una cita con la señora del almuerzo” dijo haciendo referencia a la señora de 60 años que los odiaba a todos los internos, gorda, casi pelada y de muy mala cara. Taehyun preguntó que como se había enterado, para luego morderse el labio y decir ‘es que es tan candente’ “Bueno, no te detendré más, suerte”
Al llegar a la biblioteca, Jongdae se tiró en el sillón tomando la copia de “¿Quién se robó mi queso?” comenzó a pensar en Amaranta, y una cosa llevó a la otra a la otra, por lo que no le quedó otra opción que meterse en la cabeza de la chica. ‘Lo siento hija, pero estoy muy aburrido’ fue el primer pensamiento que le envió ‘Comenzaré a cantar canciones infantiles hasta que vengas a la Biblioteca, lo juro’ pensó riéndo de su propia hazaña mientras comenzaba ‘Un elefante, se balanceaba sobre la tela de una araña...’
nota || A
Amaranta: Diría que esto me está asustando pero en realidad, a estas alturas... ¿qué podría sorprenderme?
Es cool.
Tu habilidad, quiero decir. O como sea que lo llames tú.
Me pregunto por qué eres tú el que está encerrado aquí y no tu madre. La vida es injusta.
Jongdae: De todas maneras, es un poco más difícil entrar en la mente de personas como nosotros. Es como un alambrado con electricidad, no puedes saltarlo, tienes que cavar un pozo. Es extenuante. Pero antes de que me de una migraña, he aquí una imagen de un gorila tocando los timbales.
Porque aparentemente hablar con su amigo invisible Dios está bien ???
nota || a
Amaranta: ¿Qué demonios les pasa a todos éstos con lo del pensamiento mágico? A mí me dijeron lo mismo, wtf
Junto con ptsd, bipolaridad, esquizofrenia, y trastorno delirante, ja
¿Tu mamá cree que estás poseído? La mía no creyó que yo lo estuviera lol
Jongdae: Aparentemente nadie cree cuando les digo que les estoy leyendo la mente, aunque por ejemplo puedo saber que estás pensando en el delicioso pollo asado que hacía tu madre y como la comida de aquí es una mierda y en cuanto salgas lo primero que harás es ir a comer una hamburguesa a Wendy's y nunca quejarte de la comida de tu madre.
De todas formas, no importa.
Si, cree que el Diablo está dentro mío, que ningún mortal puede ni debe hacer lo que hago, meh.
nota || a
Amaranta: Lo que tú digas, campeón!
Oh, ya veo. ¿Qué tipo de locura te asignaron a ti?
Es verdad, pobrecito rey de la genialidad. Menos mal que viniste aquí para iluminar a todas nuestras almas en pena.
lol okayyyyy
Es decir, si eso te ayuda a dormir de noche...
Jongdae: dats rait
Trastorno antisocial de la personalidad, Mitomanía y pensamiento mágico.
Funny yo soy él que tiene pensamiento mágico yet mi madre me encerró porque cree que tengo él diablo metido adentro
Gracias gracias basta fans
nota || a
Amaranta: Obviamente. Sólo estaba te imitando a ti, que firmaste con tu inicial.
Sería interesante... ¿por qué no?
¿Qué Es Normal? Pista, nosotros no.
:Ah, diablos. Creo que tendré que ceder el puesto número 1 esta semana porque tú creyendo que eres gracioso es más serio.
Bueno, no puedo negar que en eso tengo que darte la razón.
No que lo esté haciendo porque a los niños y a los locos siempre hay que darles la razón.
Jongdae: ??? Ah cierra la boca si soy gracioso. Tan gracioso que estoy aquí. Era hacerme él gracioso aquí en él la cárcel
Y todos sabemos lo su le hacen a los chicos como yo en la cárcel.
Gracias por darme la razon. Igual ya lo se. Soy asombroso
nota || Amaranta
Amaranta: I'm here, and I know everything.
No, A como en mi nombre. jfc.
Claro, cierto, lo siento.
¿Acaso tienen rankings semanales para ver quién está más demente?
Lamento si te lo llego a robar, pero mi nueva meta será alcanzar el puesto número uno.
Si tú lo dices...
Jongdae: Ya se tu nombre ¿Para que te haces la misteriosa?
No pero deberíamos hacerlos y ponerlos semanalmente en "¿Qué es normal?"
1. Amaranta por creer que es un personaje de un libro ficticio.
Es gracioso, creo que la mayoría de aquí no estamos locos, solo tenemos mala suerte.
nota || Amaranta
Amaranta: Ah, ¿pero quién es el que lo encontró tan rápido?
Exacto, tú.
Así que yo que tú no actuaría tan burlón porque en todo caso, los dos tenemos el mismo libro ridículo en las manos.
A.
Jongdae: ¿A? Wow, Pretty Little Liars, STRIKES BACK.
Oye oye oye. Todo el mundo sabe que soy un ridículo, tu deberías estar más preocupada de tu reputación
Reputación. En un psiquiátrico. Soy divertido.
nota || amaranta
Amaranta: ;)
Jongdae: ¿Quién se ha llevado mi queso? ¿En serio?
Saludos cordiales,
J.
nota || -
Jongdae: Knock knock
Bobby: who's there??
Jongdae: shit now I have to think a joke
my life
nota || cualquiera
Jongdae: Knock knock
Desde el preciso momento en que empezó a asimilar la realidad después del incidente en Rhode Island, Amaranta siempre había sabido que algo no estaba bien más allá de todo el diagnóstico que le habían adjudicado. Es decir, había leído el informe completo: “la paciente presenta indicaciones de superstición, pensamiento mágico, y preocupación por fenómenos paranormales a probabilidad de estrés post-traumático con posible recurrente trastorno del estado de ánimo (bipolaridad grave con síntomas psicóticos), trastorno esquizofreniforme (delirios, alucionaciones), esquizofrenia, y trastorno delirante. Seguirá en observación antes de un diagnóstico final.” ¿Lo peor de todo? Sólo había una persona que le creía — que entendía lo que estaba sucediendo o al menos lo intentaba mientras ambos trataban de averiguar qué demonios era lo que estaba mal con ella. Respecto a los demás, no podía confiar ni en su propia familia porque más allá de verla como a una niña débil que sin importar cuánto quisiera hacerles creer que estaba bien, perdía cada día un poco más el juicio tras la muerte de su mejor amiga y su ex novio. Y las cosas no eran así… ¿pero cómo hacérselo entender a su madre, que no podía dejar de hacer uso de su profesión como psicóloga y decidió enviarla a un centro de tratamiento residencial en medio de la nada? ‘Por tu bien’, ‘es temporal’, ‘van a cuidar de ti’, ‘te amamos demasiado como para dejar que te lastimes a ti misma’, ‘tu familia te necesita’, ‘te entiendo’… absolutamente todas eran excusas tan patéticas que Amaranta por momentos quería creer que todo esto era una maldita broma. Le ardían los ojos a causa de las lágrimas que no quería llorar. Sabía que su madre la quería. Ella sólo no creía lo que le decía, y Amaranta entendía por qué — pero de todas maneras le dolía.
Una vez que sus padres se despidieron con más excusas estúpidas enmascaradas como palabras de afecto y se marcharon, la misma tipa que al entrar le preguntó si tenía alguna joya con ella y luego le había hecho quitarse toda la ropa para asegurarse de que no trajera nada con ella ya que esto estaba prohibido, ella misma le dio una especie de tour por el recinto que constaba de cuatro edificios conectados por un muy bien cuidado jardín zen en el centro. Pero daba igual, porque Amaranta ni siquiera estaba prestando atención. No le importaba. En todo lo que podía pensar era en lo humillada que se sentía porque la habían tratado como a una persona que estaba fuera de sus cabales cuando en realidad ella estaba lo más aferrada a la realidad posible; y, más importante, no podía dejar de pensar en él. Ni siquiera había podido verlo después de ‘su brote psicótico’ porque estaba convencida de que había visto a Jude — quien todos creían que estaba muerto, así que naturalmente eso la dejaba a ella como la loca. Amaranta estaba pasando por un momento muy difícil, pero sabía que no estaba loca. Él también sabía que no lo estaba y ella quería llorar pero no podía simplemente romper en llanto, menos que menos si era mientras estaba metida en una sesión intensiva de terapia con un imbécil haciéndole un montón de preguntas estúpidas antes de dejarla ir a ‘conocer’ a su asistente de terapia cognitivo-conductual y a su nueva nutricionista. Ah, al menos la habían metido por tres meses en un centro de cinco estrellas, qué considerados eran. ¡Hasta tenían una biblioteca llena de libros de auto ayuda! Todo lo que alguna vez había querido, totalmente.
Mientras hojeaba sin mucho interés un libro bastante bizarro llamado ‘¿Qué Es Normal?’, un grupo de personas que parecían venir de alguna actividad en equipos —juzgando por los colores diferentes en sus remeras— entraron a la sala común y Amaranta se quedó mirando por un instante a un chico de cabello rojizo que por alguna razón se le hacía conocido de algún lado, pero bajó la mirada justo a tiempo y pretendió estar interesada en la estupidez que tenía en sus manos al menos hasta que toda esta gente desapareciera. Dios, si de verdad no estaba loca pues definitivamente este lugar y el encierro iban a conseguir que se volviera una.
Todo había comenzado bien, y con ‘todo’ se refería a su vida. Alecto Black había nacido en una picture perfect english family, como a su padre le gustaba decir; el era el CEO de la empresa de su abuelo, y su madre era una bella y agraciada bailarina francesa que hacía tiempo ya había dejado los escenarios para dedicarse a criar la que en propias palabras de su madre, sería su única hija. Adelaide, había conocido a su padre Anthony cuando ella tenía 14 y estaba tratando de ingresar al Bolshoi, por su parte, Anthony tenía 17 y estaba en Rusia como estudiante intercambio. Su madre siempre le contaba con cariño como su padre la espero todos esos años que ella fue bailarina y se casó con ella a los 27 años. A los 30 años, nació Alecto: todos decían que era una bebé feliz, que nunca la escuchaban llorar y que de hecho se reía demasiado para ser un bebé. Alecto tenía nueve años, estaba saliendo de su práctica de ballet cuando su padre no apareció como siempre a buscarla, era muy raro que Anthony se retrasara, y mientras su profesora intentaba contactarlo, su abuelo llegó por el pasillo y exactamente en ese momento su pecho se llenó de un sentimiento de tristeza que no creía que fuera posible en una niña tan pequeña. Su abuelo siemplemente negó con la cabeza y la abrazó, y ella se largó a llorar, porque no supo como pero sabía que algo le había ocurrido a su padre y que no era bueno. La mansión ya grande se volvió a un más grande, y Alecto se vio envuelta en una tristeza que solo se iba cuando estaba en sus clases de ballet. Su madre no le dirigía la palabra, pero sabía que estaba triste y enojada, su abuela se encargaba de ella y aunque solo la veía reír ella sabía que estaba triste también. Cuatro meses luego del entierro de su padre, Alecto volvió de sus clases de ballet un día y sintió un frío recorrer su espalda mientras lágrimas comenzaban a caer de sus ojos sin tener alguna razón en específica al caminar en frente de la habitación de su madre, el llanto silencioso se convirtió en sonoro en cuanto tocó la perilla de la habitación, y en cuanto abrió la habitación, Alecto cayó de rodillas porque podía escuchar a su madre decir ‘Lo siento’ repetidas veces. Pero ella no estaba hablando. Su madre estaba en el sillón, píldoras al rededor, sin respiración. Su madre estaba muerta.
Sus abuelos la criaron desde ese entonces. Y Alecto no sabía por qué, pero sabía que los dos estaban tristes, incluso aunque no lo quisieran demostrar. Alecto sentía que estaban llorando todas las noches aunque no los escuchara. Había cosas que no podía explicar: como las zapatillas de danza de su madre le daban una increíble sensación de alegría incluso aunque estuviera triste porque ella ya no estaba allí, o como cuando estaba en el salón de danza sentía que era realmente feliz. Alecto, decidió que era porque la danza la hacía feliz y no le prestó más atención, hasta que a los 15 años volvió a la mansión en la que creció: su habitación estaba llena de felicidad, la habitación de su madre estaba llena de tristeza y en cuanto abrió uno de los cajones de su madre, encontró una carta dirigida a ella que se vió obligada a soltar porque la tristeza que le estaba transmitiendo era avasallante. Ese fue el momento, que Alecto sintió que había algo diferente con ella.
Había intentado controlarlo de la mejor manera posible, pero había veces que ella no podía, sus abuelos ya no eran problema, ella podía como ella denominaba ‘cerrarlos’ o sea saber que era lo que les pasaba a ellos sin que les afectara; pero no podía controlarse cuando las emociones de personas eran muy fuertes o cuando estaba en lugares de carga emocional grande. Por eso, en el último aniversario de la muerte de su padre, cuando fue al cementerio, Alecto tuvo lo que los doctores denominaron como un ataque bipolar debido a que pasó de estar triste a agresiva y sí, durante una hora. Ella sabía la verdad, estaba así porque esos lugares estaban llenos de emociones fuertes y Alecto había descubierto que las emociones negativas por lo general dejaban una ‘huella’ más grande. Y ahí fue cuando sus abuelos decidieron mandarla a jodida Corea del Sur a ‘tratarse’. Y ahí se iba por el drenaje todos sus sueños y aspiraciones, sobre todo cumplir el sueño de su madre de ser una bailarina profesional. Y ahí estaba, viendo como sus abuelos estaban llorando: sabía que no estaban llorando porque ellos estuvieran tristes, sino porque ella estaba triste y estaba proyectando en ellos “Serves you right” dijo en su fuerte acento inglés mientras se separaba de ellos en el aeropuerto de Corea del Sur y ellos se volvían al jet privado.
“Eso es de mi madre, no puedo dartelo” le dijo a una de las chicas que le estaba pidiendo su relicario con una foto de su padre, mientras le aseguraba que se lo devolverían cuando terminara el tratamiento. Alecto con un suspiro se lo quitó y se lo puso en la mano, mientras le mantenía la mirada y observaba como la tipa comenzaba a llorar desconsoladamente en frente a sus ojos “Si me disculpan, voy a mi habitación” murmuró mientras iba a su cuarto a dejar su equipaje. Al salir de su habitación, Alecto dejó escapar un suspiro mientras intentaba pensar como demonios haría para hablar con esta gente porque ella no hablaba una gota de coreano. Podía hablar inglés, un francés perfecto y un ruso que si bien a veces tenía sus fallas era casi nativo ¿Pero coreano? “Nyet” murmuró mientras terminaba de colocarse unas zapatillas de baile y entraba a una sala destinada para eso. Por lo general, tenía todos los temas que necesitaba en su celular, pero se lo habían quitado, así que ahora tenía que buscar entre los vinilos del lugar hasta que encontró exactamente lo que estaba buscando, y así es como comenzó a bailar The Dying Swan de Carnaval de los animales, estaba a punto de finalizar su performance, cuando un tipo, con otro chico atrás prendieron las luces principales de la sala sacándola de su ensimismamiento. El tipo, el cual parecía un doctor estaba diciendo cosas en un coreano muy rápido, mientras el otro chico le traducía en inglés que debía acompañarlos a una actividad, para luego entregarle una remera de color amarillo “Estoy interpretando el lago de los cisnes, no el lago de los patos” murmuró en inglés haciendo claramente una broma porque ni siquiera estaba interpretando el lago de los cisnes, mientras se colocaba la remera encima de su ropa y los acompañaba a lo que parecía una biblioteca. Al llegar, sus ojos se posicionaron en un grupo que ya estaba armado con personas con remeras de diferentes colores, y una chica la cual estaba sosteniendo un libro entre sus manos obviamente fingiendo interés, quizás para no participar de la estúpida actividad que seguramente estaban por hacer.
Tres meses, habían dicho, pero Taehyun ya llevaba un año y tres meses ahí adentro. Ja, ni siquiera podía hacer uso de su derecho como persona mayor de edad porque un estúpido papel firmado por un imbécil le había quitado eso, tal como le habían arrebatado su sanidad mental ante los ojos de toda la gente que lo había visto nacer y crecer. Las noticias no habían tardado en esparcirse por todo el pueblo, pero él no estaba loco. ¿Acaso se había equivocado cuando miró a la cara al abogado del tipo al que mandó al hospital después de que insultara a su madre ‘por proteger a un demente’ y le dijo que su esposa se iba a morir en seis días? No, no se había equivocado. Taehyun tenía un don y su madre lo había sabido desde mucho antes de que él naciera porque lo había visto, y por eso mismo le había enseñado desde pequeño como controlarlo y mantenerlo oculto porque claramente aunque fuera el siglo veintiuno y no lo iban a acusar de brujo o algo, a la gente no le parecía razonable que alguien que tuviera la capacidad de saber lo que iba a suceder mucho antes de que esto aconteciera. Y lamentablemente, Taehyun había cometido el error de decirle al que creía que era su mejor amigo que tuviera cuidado con su novia porque podía pasarle algo malo y el infeliz fue corriendo a contarle al patético líder de una ‘pandilla’ local para que se encargara de proteger a su chica, este idiota siendo el hijo del tipo que desde que su padre había muerto cuando él tenía trece años había querido quitarles a él y su madre su casa. Todo había escalado demasiado rápido y ahora él seguía encerrado ahí como si fuera un enfermito mental o algo. Estaba de más decir que Taehyun no confiaba en ninguno de estos tipos, o muchísimo menos la mujer cuarentona que siempre venía a visitarlo y preguntarle cómo estaba. Sabía que ella le iba a hacer algo. Por alguna razón no lograba ver o deducir qué, pero sabía que era algo perverso.
Lo que sin embargo sí podía ver era a dos chicas en sus sueños, y cada vez que se despertaba tenía una sensación rara que usualmente lo acompañaba todo el día. La parte del sueño no le causaba demasiado porque era simplemente algo que sucedía y ya: iban a llegar dos chicas al lugar, punto. Lo que no le cerraba era el por qué la visión seguía repitiéndose, o el por qué de ese… ¿sentimiento? “¿Es obligatorio?” Preguntó cuando el consejero vino a informarle que iban a hacer una actividad grupal y le tiró una remera color amarilla para que se la pusiera y fuera a la sala común. ¿El pequeño detalle? Desde hacía unas semanas tenía que ir a las actividades obligatorias siendo escoltado porque un día cometió el grave error de estar cansado de hacer nada y se quedó dormido, olvidando presentarse a un estúpido torneo de mini golf y todos creyeron que estaba encerrándose en sí mismo de nuevo y bueno… ahí estaba teniendo que acompañar a Minseok yendo a buscar a alguien que se había metido a la sala de baile sin permiso. Taehyun iba a hacer un chiste, pero a medida que se iban acercando a su destino más empezaba a ver las similaridades con su sueño más reciente y se dio cuenta de que ya sabía qué estaba a punto de pasar. Tragando con dificultad entró detrás de Minseok y miró por encima de su hombro —no que fuera muy difícil hacerlo— para ver a una de las dos chicas cuyos rostros ya conocía a la perfección de haberlos visto tantas veces, y sin lugar a dudas su interpretación de The Dying Swan era mucho más imponente de ver en persona que en un simple fragmento de su imaginación.
Después de traducirle lo que había dicho el gnomo Xiumin —tenía apodos para todos ahí adentro, okay—, los tres salieron y se dirigieron hacia el centro del edificio tres, donde Taehyun la perdió por un instante antes de encontrarla parada separada del pequeño grupito que formaban los que ya se conocían. "Ahí estás.“ Dijo, enarcando una ceja al localizar a la hermosa chica de ojos azules y a su derecha, la castaña sentada pretendiendo leer ‘¿Qué Es Normal?’. Tal como siempre lo había visto. ”Y tú.“ Señaló en voz baja. ”Nam Taehyun, un gusto.“ Se presentó con una reverencia alternando su mirada entre ambas intentando ver si esa sensación que ahora le estaba oprimiendo el pecho de verdad era más fuerte con alguna de las dos. Y si bien no notaba una diferencia demasiado intensa, sí podía notar que su corazón automáticamente se aceleraba cuando miraba a la bailarina. Era… extraño. “Excelente interpretación, por cierto. Lo hubiese dicho antes pero estábamos con apuros, ya sabes. Le Carnaval des animaux es una obra excelsa.” Dijo intentando sacar conversación porque tantas veces viendo lo mismo y demasiado tiempo libre habían hecho que leyera un par de cosas respecto al tema para estar preparado y tener algo con qué entretenerse cuando ellas llegaran.
“¿Donde está mi hermana?” fue lo primero que preguntó mientras esas personas lo escoltaban a su habitación. Es verdad, sus poderes eran menos notorios que los de su hermana, y por eso había necesitado meses para que su madre se convenciera de que el también necesitaba ayuda psicológica pero su hermanita lo necesitaba: había visto demasiadas películas de las cosas que pasaban en psiquiátricos como para dejar que su hermanita de catorce años estuviera ahí sola por tener “esquizofrenia” cuando en realidad ella de verdad podía ver gente muerta. Ambos eran tan solo unos niños cuando sus poderes se empezaron a manifestar, y si bien Haerin era aún más pequeña, ella parecía menos asustada, porque decía que los fantasmas eran buenos…. hasta que seis meses atrás luego de que se mudaran a una casa, no sabía muy bien qué es lo que había ocurrido, pero uno de esos entes quería hacerles daño a todos, en especial a Haerin, la cual un día apareció con marcas en sus muñecas ¿Cuestión? La terminaron enviando a un centro porque supuestamente era esquizofrénica. Y Jinyoung estaba determinado a sacarla de ahí. Tres meses más tarde, luego de un incidente con muchísimo alcohol y una ballena llamada Lolita, su madre terminó enviándolo al mismo recinto que su hermana, y ahí estaba mirando a sus al rededores como este lugar cinco estrellas parecía que estaba bien, pero Jinyoung notaba algo en las auras de la gente que estaba allí: notaba que algo no cerraba del todo. Jinyoung rió ante el estúpido cuadro que estaba en su habitación compartida el cual decía una frase de Sigmund Freud “Uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que habla” ¿Cuantas probabilidades podía haber de que eso tuviera otro significado? Luego de dejar todo acomodada su ropa en los estantes que le habían asignado se puso la estúpida remera naranja y salió hacia afuera para encontrarse con uno de los tipitos, el cual lo escoltó a una sala donde doctores comenzaron a preguntarle cosas y tras eso lo dejaron ir para luego mencionar algo de una actividad grupal obligatoria en la biblioteca.
El loquero no parecía tan mal, considerando de que gracias a que su abuela también había sido internado en uno hacía algún tiempo conocía bastantes y esto a comparación de el Instituto Mental Nuestra Señora de la Misericordia era el Palacio de Versalles, hasta tenía un jardín zen que tenía que hacer una nota mental de ir a visitar. Luego de caminar hacia donde le indicaron y entrar a una habitación la cual estaba pintada de un color celeste agradable sus ojos se fueron directamente a la niña que estaba sentada en una mesa leyendo y sus ojos se llenaron de lágrimas “Haerin” dijo en voz alta, llamando la atención de la chica, la cual soltó el libro y salió corriendo a abrazarlo. Su hermana parecía que estaba bien, tenía un aspecto saludable y podía notar que estaba comiendo más que en su casa “¿Cómo estás, te están tratando bien? ¿Comes? Mamá te manda saludos” pero antes de que ella pudiera contestar, un tipo de baja estatura le dijo que tomara su lugar en el semi circulo que estaban formando, junto con su hermana si así lo deseaba. Jinyoung le tomó la mano a su hermanita, la cual le decía que ella ya tenía 14 años y medio y se podía cuidar sola y el simplemente reía. Para luego pasar la mirada a una chica la cual estaba observando un libro: automáticamente pudo notar como su aura, era completamente inestable, y por algún motivo eso era la cosa más bella que había visto, sin embargo su vista cambió tan pronto como una chica entró a la habitación, y si bien había visto auras de todo tipo, había pocas que fueran tan… “Sin color” le dijo a su hermana mientras enarcaba las cejas. No es como si ella no tuviera color, era un celeste casi invisible, mientras que el de la otra chica era un púrpura hermoso. “Park Jinyoung, encantado” dijo haciendo una reverencia en cuanto las chicas se unieron a la ronda “Y ella es Park Haerin” habló por su hermanita, la cual solía ponerse un tanto tímida cuando había gente que no conocía. “Park Jinyoung, encantado” le habló al chico que se acababa de presentar como Taehyun.
Mientras Jinyoung se encargaba de hacerle una trenza a su hermana, estaba escuchando con tranquilidad las reglas del estúpido juego al que estaban por jugar o sea atrapa la bandera; los acababan de dividir en dos grupos naranjas contra amarillos. “Disculpe ¿Tiene unas rodilleras?” preguntó “No me gustaría que Haerin se lastimara” Era cierto, el podía curar a Haerin, pero curar a Haerin significaba que ella tenía que pasar por el dolor de lastimarse primero: y Jinyoung no quería eso. SI fuera por el mismo, Haerin viviría en una burbuja perfecta, cuidada de todo mal porque su hermanita se merecía el cielo y toda las estrellas. El tipo consiguió unas y Jinyoung se las colocó a su hermana para luego tomarle la mano y salir al campo de juego “¿Quién es el capitán?” preguntó enarcando una ceja mientras que un chico alto levantaba la mano y comenzaba a planear una estrategia.
“Papá, no me dejes. Papá, por favor… por favor escúchame.” Mino no podía dejar de susurrar para sí mismo, ensimismado en sus recuerdos que no dejaban de atormentarlo y acababan de tomarlo por completa sorpresa mientras se daba una ducha después de que terminó con sus entrevistas de rutina para el ingreso. “No quería hacer que… papi, estoy muy asustado.” Musitó abrazando sus piernas contra su pecho, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas porque aunque sabía que era sólo una de sus visitas al pasado no podía encontrar la manera de salir de esta pesadilla hasta que decidiera terminar por sí sola. En el caso de este recuerdo en particular, Mino sabía que no se iba a detener hasta que su padre terminara de culparlo por la muerte de su madre en el día de su cumpleaños y lo acusara de ser ‘un anormal’ que tenía que ser encerrado — véase el por qué de estar en este centro de tratamiento. Desde sus siete años, Mino había pasado más tiempo en consultorios de psicólogos y psiquiatras que en su propia casa, y aún así cuando estaba ahí siempre era en compañía de niñeras porque su padre no lo quería… no desde que lo culpaba a él de la muerte de su madre. Y a medida que pasaba el tiempo peor se volvía la tortura, y desde que tenía dieciséis que estaba viviendo en los mejores centros residenciales alrededor del mundo porque no toleraba estar en su casa.
Ojalá sus problemas hubiesen terminado ahí, pero por ejemplo éste era el quinto centro en el que estaba ese año porque nunca había uno que pudiera lidiar del todo con él y lo vivían transfiriendo de un lugar a otro — lo cual no le molestaba porque estaba acostumbrado a que nadie quisiera ocuparse de él, por más triste que sonara. Al menos esta vez había tenido la suerte de que le tocara uno en su país natal así que no podía quejarse porque el último había sido en Inglaterra y su estadía allí no había sido exactamente muy placentera que digamos gracias a la barrera lingüística, así que una vez que el episodio llegó a su fin —dejándolo exhausto en el proceso—, Mino podía decir que estaba algo contento y salió de su nueva habitación con la remera naranja que le habían dejado encima de la cama ya bastante más animado. “¡Hola!” Exclamó al entrar a la biblioteca donde encontró a todos reunidos en dos equipos, y sonrió alegremente cuando varias personas le respondieron el saludo. Quince, para ser exacto. “Me llamo Song Minho, tengo veintitrés años y supongo que jugaré con ustedes a lo que sea que estén jugando.” Dijo uniéndose al grupo con remeras del mismo color a la suya y escuchó atentamente las instrucciones para jugar a atrapar la bandera, lo cual parecía bastante simple de hacer y, sobre todo, divertido. “En otros centros no nos dejaban hacer actividades así.” Le contó a un chico del otro equipo mientras esperaban a que los líderes escondieran sus respectivas banderas, y él le empezó a decir que aquí siempre hacían este tipo de tonterías para entretenerlos. “¿Hace mucho que estás aquí?” Preguntó y el chico suspiró antes de encogerse de hombros como si no fuera la gran cosa, y luego se tuvieron que despedir porque era hora de salir a jugar. “¡Suerte!” Exclamó saludando con su mano y sonrió para sí mismo cuando su nuevo amigo le respondió con una reverencia corta deseándole suerte a él también.
Al salir al patio Mino tuvo que contener las ganas de chillar de emoción y se quedó detrás de un par de chicos esperando a ver qué hacían así podía seguirlos ya que nunca antes había jugado a esto y por supuesto no quería pasar vergüenza pero cuando el juego comenzó, terminó descubriendo que era todavía más simple de lo que parecía y empezó a correr para tocar gente del equipo contrario ya que era la tarea que le habían designado. Todo iba excelente, más que genial, y entonces Mino vio a una chica que había estado corriendo pero que de repente se había quedado quieta y obviamente fue hacia ella que no se alejó. Sonriendo, tomó la oportunidad y puso su mano en su hombro pero de repente por una milésima de segundo ya no estaba en su realidad sino que acababa de ver a una niña pequeña llorando — y de buenas a primeras esta chica lo estaba abrazando. Alguien lo estaba abrazando y no era un sueño. ¿Qué estaba pasando? “Soy Mino, hola.” Murmuró tranquilo, más de lo que lo había estado en meses. No sabía qué era lo que estaba sucediendo pero se sentía bien así que él no iba a ser el primero en soltarse de aquel gesto tan lindo que quién sabía a qué se debía. Tal vez esta chica, como él, necesitaba afecto y ¿quién era él para negarle un abrazo?
Yugyeom juraba que era un buen chico ¿Por qué estaba allí? El no había querido hacerle daño a nadie nunca, bueno, sacando una excepción. Su mamá siempre había sido una mujer enferma y Yugyeom cuidaba de ella como su máximo tesoro, hacía los deberes de la casa, cocinaba, todo mientras iba a la escuela y cuidaba de Busán su perrita Beagle. Aún recordaba aquel día en que llegó a su casa y encontró a esos dos hombres lastimando a su madre, no sabía como, pero los dejó en el piso con solo pensar en dañarlos, ellos estaban pidiendo perdón, pero Yugyeom no se detuvo hasta que los dos tipos estuvieron en el piso sin vida. Y luego llevó a su mamá al hospital. Pero nada volvió a ser lo mismo, Yugyeom tenía miedo de lastimar a su mamá o a su padre o a su perrita, y comenzó a encerrarse en el mismo, no hablaba con nadie y comenzó a perder el sueño… sentía como lentamente su cordura se le escapaba por la punta de sus dedos, a veces se veía pensando en dañar a alguien y esa persona terminaba en el piso como si nada: Yugyeom sabía que no estaba loco y que eso en verdad estaba pasando pero necesitaba alejarse de las personas que amaba, por lo que pidió que lo ingresaran en un lugar… el que sea. Por más dolor que el le hiciera sentir a los demás el supuso que ninguno era más grande al que el sintió al ver a su madre llorando mientras se despedía de el.
Hacía ya cinco meses que estaba allí y se podía decir que Yugyeom era un interno modelo: no causaba problemas, hacía todo lo que le decían, ayudaba en todo lo que podía y particiba en todas las actividades grupales, por ejemplo esta, la cual era un juego de atrapa la bandera. “Creo que podemos confiar en las habilidades de Taehyun-hyung como siempre” dijo con una sonrisa mientras juntaba la palmas de su mano para luego reverenciar a las nuevas chicas “Soy Kim Yugyeom, el maknae del lugar” dijo en inglés porque las chicas eran extranjeras. Yugyeom no entendía como, pero Taehyun era un genio en atrapa la bandera, ni siquiera tenía que tratar mucho porque el era como si supiera donde estaba la bandera antes de empezar el juego, y en cuanto empezó Yugyeom comenzó a correr, sin embargo sus ojos estaban fijados en la chica castaña recién llegada, había algo en ella que le llamaba la atención, aunque esos pensamientos fueron eliminados de su cabeza cuando vio a la chica nueva abrazando a alguien del otro equipo de la nada, cosa que lo desconcertó, y mientras el miraba extrañado la escena, Taehyun salía corriendo de los arbustos con la bandera naranja dando por terminado el juego. “Hyung, eso fue genial” dijo extendiéndole la mano para que le chocara los cinco.
Al llegar la hora del almuerzo, Yugyeom no podía parar de pensar en lo mucho que extrañaba el ramen de su madre, y a su madre en general. Sabía que seguramente ella quería venir a visitarlo pero el no quería que ella lo viera porque tenía miedo de lastimarla… si lastimaba a alguien aquí, está bien sería malo pero podía vivir con eso ¿Pero a su madre? El no se lo podría perdonar nunca. Y aunque el quería encerrarse en el mismo y no tener contacto con nadie, si quería que los del centro dejaran de medicarlo, debía continuar su acto de ser amigable con todos como hoy a la mañana, aunque estuviera asustado de lastimarlos “Hola” le dijo a la persona que se acababa de sentar en frente de el con una sonrisa.
“Eomma, estás muy generosa hoy… ¿Te sientes bien?” Le preguntó a su mamá, que no dejó de mirar por la ventanita de la lancha en la que se encontraban mientras le decía que estaba bien con una sonrisa forzada. “Bien… no te cuestionaré. Pero sólo porque me diste toda una bolsa entera de caramelos.” Sonrió mientras comía sus dulces, feliz de haberse salido con la suya una vez más. Pero claro, ¿cómo no iba a salirse con la suya siempre si cada dos por tres estaba manipulando a la gente para que hicieran lo que él quería? La primera vez que Bobby se había dado cuenta de su habilidad por sí mismo fue cuando tenía nueve años y primero retó y luego le ordenó a su hermano mayor que saltara de la casa del árbol y él simplemente no dudó en hacerlo, ganándose una pierna rota y un hombro dislocado. Nadie podía culparlo porque Jiyong ni siquiera recordaba cómo había pasado todo pero Bobby no lo había olvidado, y desde ese momento habían empezado las ‘pruebas’ por así decirlo.
Primero habían sido cosas simples como hacer que le compraran chocolates o lo dejaran comer el postre antes de la cena, y a medida que pasaban los años y entrada su adolescencia entonces se habían transformado en hacer que le aprobaran exámenes que no tuvieran notas decentes, o que lo dejaran ingresar a clubes aunque fuera menor de edad. Nunca nada demasiado grave, en resumidas cuentas… Hasta que cumplió quince años y conoció a la chica más hermosa que alguna vez había visto. Ella era un sol, realmente lo era, pero tenía un novio que la volvía loca y Bobby no podía tolerar la idea de ese imbécil poniéndole un dedo encima a esta princesa… y tal vez por eso amablemente lo había invitado a que se tirara por un barranco. No lo había dicho en serio, por supuesto que no, ¿pero cómo hacía para liberarse del odio que le tenía la chica después de que su querido Namjoon literalmente condujera y se lanzara por un precipicio? No tenía idea de cómo se había enterado ella, pero eso sí le daba una idea de cómo se había enterado toda la ciudad. “Ah, ¡al fin llegamos!” Exclamó fingiendo emoción porque la lancha acababa de dejarlos en el puerto de la pequeña isla en la que él y su madre se iban a quedar por unos meses hasta que los rumores se calmaran. Entonces aparecieron un par de tipos que parecían enfermeros por como estaban vestidos y mientras uno tomaba su maleta de las manos de su madre otro le pidió a él que los acompañara, a lo que Bobby muy inocentemente no desconfió porque en algunas cosas era demasiado bueno para su propio bien. “Me gustaría poder ayudar a mi mamá con sus valijas, si no es mucha molestia.” Dijo señalando por encima de su hombro, y enarcó una ceja cuando uno de los hombres miró al otro de manera demasiado seria, mientras que el otro lo miraba a él con pena. Fue recién entonces que Bobby se percató de que algo no andaba bien, y cuando se giró a mirar… “Mamá. ¡¿En dónde está mi madre?!” Gritó mirando alrededor en su busca, pero ella no estaba en ningún otro lugar más que en la lancha que se alejaba a toda velocidad. Lo próximo que supo fue que estaba en una habitación que no era la suya, y que a su lado había una mesita de luz con tres cosas arriba: un vaso de agua, una pastilla blanca, y una carta con su nombre escrito en el sobre. Una carta de su madre. ‘Te vendré a buscar en tres meses, hijo’, decía. Le pedía que fuera paciente, y que trabajara duro para curarse. ¿Acaso estaba enfermo y no lo sabía o qué? Aparentemente sí, pero no venía al caso. El punto era que la carta decía tres meses — y ya habían pasado cuatro años de eso.
Al principio todo había sido interminables sesiones de terapia para ayudarlo a entender que ‘lo que había hecho’ estaba mal, y que en realidad él diciéndole eso a Namjoon era una proyección de lo que él quería hacer. Pero a decir verdad Bobby nunca había pensado en el suicidio — hasta que empezaron a acusarlo de que en realidad sí lo hacía, y entonces él dejó de luchar contra la idea. Estaba de más decir que nunca había tenido éxito porque lo tenían controlado todo el maldito tiempo, pero eso no quería decir que fuera a dejar de intentar. “¿Son buenos esos caramelos? Ah, me encantaría probarlos… Anda. Dame uno.” Dijo mirando fijo a los ojos al carcelero intentando usar su habilidad. Si tan sólo ésta le sirviera de algo. “Me van a drogar de nuevo, ¿no es cierto?” Preguntó con una sonrisa mientras Jihoon suspiraba y le decía que no lo hiciera enviarlo con el doctor Jung y luego lo dejaba en el comedor a que esperara a que todos llegaran de su actividad, de la cual él no había participado porque todavía estaba débil por su último intento de suicidio hacía tres semanas. La vida de Kim Jiwon, señoras y señores. “Hola Yugyeommie.” Le sonrió al chico frente a él mientras se sentaba y tamborileaba sus dedos sobre la mesa, aburrido. “Escuché que hay nuevos amigos.” Dijo apoyando su cara en su otra mano y mirando en dirección a la puerta justo a tiempo para ver entrar a una chica que lucía como un genuino ángel. Un ángel deteriorado, pero aún con ojeras que en su pálida piel se veían más oscuras de lo que eran y una pose un tanto decaída, aun así era fascinantemente hermosa.
“Vamos, dime un número del uno al cien, juro sobre la Biblia que podré adivinar cual” y así fue como todo había empezado, un simple juego en la escuela, que había escalado a apuestas, juegos de póker. Al principio sus padres pensaron que era divertido jugar con su hijo pero en cuanto los años pasaban y esto no paraba, sus padres comenzaron a preocuparse. Ellos eran personas muy religiosas y creían que su hijo de tan avanzada edad creyera que podía leer las mentes de las demás personas estaba mal porque no se suponía que ningún mortal tuviera ese poder que solo se le adjudicaban a Dios; a veces pensaban si su hijo no estaría poseído por el Diablo, primero lo enviaron con el sacerdote de su iglesia, el cual era un hombre amigable que le daba ositos de gomita mientras le decía que estaba bien que el pensara eso cuando era niño, pero ahora que ya era mayor tenía que darse cuenta que leer mentes era imposible y ahí fue cuando Jongdae empezó a decirle exactamente lo que el estaba pensando, el sacerdote se asustó y comenzó a decir que el era el hijo del Diablo o alguna estupidez así, y el no podía volver a su casa porque en cuanto el tipo llamara para avisar lo que había pasado probablemente lo enviarían al loquero, así que con lo que Jongdae tenía encima (o sea, unos apuntes de la Universidad, una remera del equipo de futbol 20,000 wons y su celular) decidió irse. Al principio comenzó a hacer dinero en un puesto en la calle, a estas alturas, Jongdae había dominado su telepatía a tal punto que hasta podía engañar a la gente haciendole creer que veían cosas que en realidad no estaban ahí, por eso cuando un tipo se enojó porque en realidad nunca había habido una pelotita roja debajo de ninguno de los vasos y lo llevaron preso, su madre pidió que no lo hicieran que el estaba enfermo y necesitaba ayuda ¿Conclusión y diagnóstico? Trastorno antisocial de la personalidad, Mitomanía y pensamiento mágico lo que ganó tres meses en un centro psiquiátrico. Tres meses que se habían convertido en ocho debido a que su madre seguía convencida que tenía el diablo adentro “Y luego yo soy el que tiene pensamiento mágico” dijo dejando la carta de su madre en la mesita de luz y caminando hacia el almuerzo, no sin antes mojarse la cara con agua y ponerse la estúpida remera amarilla que le haabían dado ¿Cómo se había zafado de la actividad en grupo? Bueno, quizás y solo quizás estaba probando que tan fuerte eran sus proyecciones, y gracias a eso había logrado hacerle creer al encargado de actividades que el en efecto había estado ahí y había dado una buena performance.
“¡Annyeong!” dijo haciendo una reverencia mientras entraba al comedor y se sentaba al lado de Yugyeom y Bobby. “Veo que hay nuevas chicas” dijo con una sonrisa mientras las llamaba. “¡Oigan!” dijo en inglés, porque aparantemente ellas hablaban en inglés y por lo tanto sus poderes telepáticos hacían que el no solo lo comprendiera sino también lo hablara “¿Quieren sentarse aquí?” preguntó y en cuanto ellas decidieron sentarse, hizo lo que siempre hacía a.k.a intentar leerles la mente comenzando por la chica que era extremadamente pálida... ganandose una linda y hermosa migraña. “Debí tomar mi medicación hoy” dijo con una sonrisa masajeandose la sien “Kim Jongdae, un gusto” no era normal que esto pasara, en realidad solo había pasado pocas veces: con Yugyeom, Bobby y Taehyun de hecho. No quería indagar demasiado, pero era como si su propia mente tuviera una especie de escudo al rededor de los pensamientos que no fueran superficiales, pero nadie le había dado una migraña como esta chica que parecía que tenía tres mentes en una sola y todas estuvieran gritando. Jongdae trató con la castaña preciosa que estaba al lado de la chica y logró exactamente lo mismo: una migraña. Entonces, apareció un chico nuevo que se sentó en frente de ellos y se presentó como Song Minho “Hola Song Minho-ssi, soy Kim-Jongdae” dijo con una sonrisa hasta que la chica pálida se disculpó por algo que había pasado aparentemente hoy a la mañana, mientras Mino miraba desconcertado y le pedía que hablara más despacio “Dijo que lo hizo porque el niño estaba asustado” tras eso Jongdae la miró “¿Te sientes bien?” preguntó porque lo que había dicho no tenía sentido, a lo que ella respondió que aunque le explicara no le creería “Tengo tiempo. Y yo si te creería”.