Huida
Esta carta es en esencia una despedida, un hasta luego, un hasta pronto. Es un aviso sobre mi partida porque, en las últimas semanas, se me ha hecho imperativo, casi urgente, divisar tierra. Ver la costa, sentarme en la playa, dar un paseo para capturar un poco de ese aroma tropical. Que la sal sequen mis labios y las olas mojen mis tobillos. Y el viento me acompañe en la caída del sol, mientras se mueve una palmera.
Un viaje es lo que necesito. Nuevos horizontes, poner a la vista otra gente. Ir a un lugar donde pueda viajar más agusto, en el que no tenga problemas para leer en el metro. Debería probar mudarme a una ciudad aún más grande que está, en donde mis problemas sean tan pequeños que termine por olvidarlos.
No me preocupo por el equipaje, de todas formas desde hace tiempo lo único que necesito es tu mirada y esa cabe en mi bolsillo. Es lo único que me haría falta, unos ojos que me recuerden, como un faro, el camino entre tanta gente indiferente e insignificante. Si tuviera que escoger, me llevaría ese recuerdo para tener siempre presente que esta ciudad no es tan enorme como nos hacen creer.
Durante el viaje no podría evitar, gastar las horas viendo por las ventanas del tren, el avión o el autobús. Te escribiría cartas para enviarte cuando llegue a destino, si no es que me pierdo mientras camino.
Quisiera llegar a un lugar donde pueda estudiar. Una biblioteca con un gran jardín o un sitio que enseñe sobre la vida, las costumbres y los vicios de las personas. Un lugar que enseñe a ignorar a los necios y a tolerar a los tontos. Me imagino que sería algo así como un monasterio perdido en las montañas o una remota aldea.
Dejaría mi celular tirado en la primera estación o olvidaría el cargador. Entiendo que no me podría desconectar del mundo, porque más de alguien podría escribirme. Quizás eso sería lo que necesito: irme para saber quién realmente está interesado en mi. A este punto de mi vida, no culparía a nadie si no vuelven a preguntar por mi.
A lo mejor daría lo mismo desaparecer, porque siendo sincero en esta carta no voy a decir adios. Porque, pensándolo mejor, es más justo decir, que esta oración es una declaración de huida. Un impulso de rebeldía.
Que tal si me termina por gustar de irme de un lugar. Explorar otros sitios lejos de esta monotonía triste de extrañar a la misma gente y fingir que me agrada todo lo que pasa. Que no te sorprenda si un día parto, y por eso te digo debes saber que me volveras a ver hasta que decida regresar o te animes a venirme a visitar.












