¿Cuánto tiempo llevaba en ese bar? Ya ni lo recordaba. No acostumbraba a salir tan tarde, sus años de juventud, habían quedado atrás. Trató de no embriagarse, luchó contra todos sus instintos, para terminar pidiendo diez tragos de tequila. La cerveza no producía ningún efecto en ella, sabía que se debía, a su pequeña adicción al alcohol. La castaña, había sido joven, tuvo el privilegio de estudiar, en esa misma universidad. ¡Pero, ya no era joven! Después de varios tragos, la francesa comenzó a charlar con las personas que estaban a su lado. Era divertido verla en ese estado, solía reírse por todo, y la gente, se acercaba con más confianza a ella. Le hizo una seña al mesero, indicándole que deseaba otra ronda de tragos. “¡Jamás me había sentido tan viva!” Dijo con emoción, dejando en claro, que estaba borracha. Seguramente, sus estudiantes se burlarían de ella, al darse cuenta, que no era muy diferente a ellos. ¡Vaya ironía! Una de las profesoras más decentes de la universidad, se había dejado vencer, por una bebida alcohólica. “¿Gustas un trago?” Le preguntó a la persona que estaba a su lado, ni siquiera se tomó el tiempo de presentarse; aprovechó que estaba de buen humor, para comenzar a ser más social. “¿De dónde eres?” Y después de hacer esa pregunta, escuchó la voz de su acompañante. Trató de hacer memoria, pero, estaba demasiado ebria como para recordarlo.@jesuageller
¿Por qué sus socios decidían encontrarse en bares de mala muerte? uno creería que con tanto dinero tendrían un poco más de clase pero algo que Jesua había aprendido con tantos años en aquel círculo era que la clase no se podía comprar o nacías con ella o simplemente no la tenías, arrugó la nariz al ver a todos esos chicos que tomaban sus clases beber hasta que no podían ponerse de pie y claro que el docente se había emborrachado antes pero esos tiempos parecían tan lejanos que no eran más que un simple recuerdo en la mente del heredero, al notar que sus “amigos” todavía no llegaban decidió pedir algo de tomar, para pasar el rato, cuando aquella voz lo saco de cuadro rápidamente, tuvo que parpadear para confirmar que se trataba de ella, joder, la suerte sin duda no estaba de su lado aquel día, maldición. “New York.” Contestó, sabía que la rubia estaba lo suficientemente borracha como para no reconocerlo y sintió una necesidad punzante de sacarla de ahí, necesidad que necesitaba acallar antes de que el día terminara en algo que después se arrepentiría de haber hecho. “¿No debería irse ya, señorita?” Continuó amablemente, si tan solo podía convencerla de irse y acompañarla a su habitación todo estaría bien, de un momento a otro la razón verdadera por la que estaba ahí había pasado a un segundo plano.















