Juraste que estarías conmigo, que era tu alma gemela, el amor de tu vida. Dime que fue lo que me faltó, que no pude darte, en qué te fallé... que fue lo que ella te dio que yo no pude darte.
Hace más de cuatro meses noté que algo andaba mal, las noches en vela esperándote, las citas canceladas, las peleas sin razón alguna, la falta de interés, pero para no empeorarlo más comencé a fingir que todo estaba bien. Autoengañandome, lastimándome y repitiéndome que sólo era algo pasajero y pronto acabaría. Que equivocada estaba.
Trate de hacerte recordar quien era a la que amabas, la que te volvía loco, la que te encantaba, la que elegirías sobre todas las cosas, la verdadera que merecía tu corazón. Hice de todo. Programaba mis tiempos para verte pero jamás apareciste a pesar de que vivíamos en la misma casa, cenas que en todas me dejaste plantada alegando que tenías una cirugía de imprevisto, recitales de piano los cuales sabía que te encantaban y que ahora te resultan un fastidio, tal vez por qué no era con quien quisieras ir, te di tu espacio para no terminar peleando, era más atenta contigo pero tú ni siquiera lo notabas.
Cada día eras más distante, te sentía tan lejos a pesar de estar juntos, esa mirada violeta ya no me transmitía esa electricidad, ya no me sentías, tus besos eran tan superficiales que podía decir que sólo lo hacías por obligación para que no sospechara nada. Realmente pensaste que era ingenua.
De repente esas estúpidas llamadas repentinas, en una de ellas los pude escuchar, ella te decía lo mucho que te extrañaba y tú le respondías que esperara, que faltaba poco para que me dejarás. Escuchar esas palabras me terminaron de romper, Poco a poco ella se fue metiendo más en tu piel, no había duda, ella me había ganado, traté de recupérate pero no funcionó, eras infeliz estando a mi lado, ya no podía fingir más, tomé una decisión... acabar con esto.
Una mañana, me desperté antes que él, le prepare el desayuno al estilo Nico, además de un bento. Él se levantó se dio un baño rápido y salió tan elegante como siempre, ese porte de niño rico jamás se iría, lo recibí con la mejor sonrisa, lo tomé de la corbata en un acto desprevenido y le robe un pequeño beso, casi al instante regresé a lo que estaba haciendo.
-¿A qué se debe tanta atención?- dijo algo sorprendido.-¿olvide un día especial?- terminó de decir algo confundido.
-mmm realmente no, tal vez al fin del día sea algo especial- comenté sin voltearlo a ver.
Él se me acercó por detrás y me abrazó por la cintura, me dio un beso en la nuca y susurró un “gracias”, sabía que lo extrañaría. Conversamos, hace mucho que no lo hacíamos, reímos y actuamos como dos novios enamorados, como si nadie estuviera, que nunca hubo nadie entre los dos. Me duele sólo ser tu diversión.
Terminó de comer y empacó su bento, se despidió de mí con un corto beso. Manejo rumbo al hospital. Cuando lo perdí de vista regresé a la casa de nuevo debía hacerlo rápido, ya lo había planeado desde hace días, saqué una pequeña maleta y empaque mis cosas. Antes de irme di un último vistazo a la habitación que compartía con él.
-¿Qué se siente ser la señora Nishikino?- Me preguntó mientras me daba pequeños besos en mi clavícula.
-Realmente nada a cambiado sigues siendo el mismo brusco de antes- le respondí juguetona.
-Bueno, yo no escuché quejas anoche-poso su frente junto con la mía y me miro a los ojos con aquellos ojos violetas que tanto amaba.- Te amo-me sonroje, estaríamos juntos para siempre.
Se me salió una pequeña lágrima, la limpié rápidamente. Extrañaría ese lugar, pero yo ya no pertenecía en aquel lugar, ya no soy la dueña de tu corazón.
El amor duele, desde el interior.
Tomé mis maletas y me dirigí hacia la salida, Yoshiko-Kun me estaba esperando a que saliera.
-Hola Nico-chan, ¿cómo estás?- hablo preocupado mientras me abrazaba.
-Es como si dejara la mayor parte de mi, pero ya no puedo más con esto-correspondí su abrazo lo más fuerte que pude.
-Ese estúpido Nishikino, en serio no quieres que llame a Umi-kun y a Eli-kun para matarlo a golpes-dijo Yoshiko con rabia.
-No quiero hacer esto más grande, además es mi decisión- Lo solté y le sonreí lo mejor que pude.-¿Podrías llevar esto al auto mientras que yo dejo esto en la sala?- Le señalé un folder color rojo.
-claro, tomate tu tiempo Nico-chan-me dijo mientras tomaba mis maletas y las llevaba a su auto.
Regresé a la sala de estar y abrí el folder color rojo, en letras grandes decía “Acta de divorcio”, ya la había firmado, sólo faltaba él. Deje el folder en la mesa que se encontraba ahí con una pequeña nota y me dispuse a salir.
Perdiste a alguien que te amaba y que hizo lo que pudo para recuperarte. Que seas feliz Maki-kun.