“¿Un libro?” Responde con otra pregunta y tono burlón, dándole la solución más obvia del mundo. “No tienes por qué regalarme nada, con tu compañía me basta.” Prosigue mientras lleva la taza de té a sus labios y lo observa curiosa sentada sobre la mesada de la cocina. Lo conoce y se da cuenta de que su pregunta no es por simple curiosidad, que hay algo de estrategia escondida. “¿Qué te traes entre manos?”
“ pero no tengo en claro cuál genero te gusta, cuáles ya leíste, cuáles no quieres leer... ” tampoco hay en mente un autor especifico, exceptuando quizás al escritor de su libro favorito. “ ¿tal vez sea mejor algo que no tengas...? como, no sé, un bulbasaur de peluche, o una caja de bombones. estás desperdiciando un ofertón, esto es increíble. ” al improvisar cree dar con buenas ideas, sin contemplar la subjetividad que vive en ellas. poco acostumbrado a personalidades desinteresadas, es inevitable la sonrisa que provocan palabras siguientes. sus deseos de hacerle un regalo, entonces, y más allá de los motivos reales que motivaron toda la iniciativa, se vuelven genuinos. “ ¿no puedo querer darte un regalo? ” batalla visiblemente con una sonrisa que amenaza su discurso. no es que quiera ocultarle la verdad, simple entretenimiento lo lleva a no admitir rápidamente sus intenciones: “ para que sepas, te hice varios, solo que no los firmo. si recibiste obsequios que te gustaron y no tenían remitente, seguramente eran míos. ” indispensable hincapie en que se responsabilizará solo por aquellos que fueron de su agrado.