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No planeaba seguir un pleito que ni siquiera había tenido intenciones de iniciar, así que optando por mantenerse callada y aotar las órdenes que le habían dado sus superiores, presionó sus labios mientras esperaba la respuesta de hombre de cabellera color oro. “Son muchas personas y se aburren muy rápido” Estaba segura que su compañero sabía como era el funcionamiento de la mentalidad de los reclusas: cuando había demasiado tiempo de ocio sus pequeñas cabecitas empezaban a ingeniar cosas que no hacían más que atrasar el trabajo de todos.
“Entiendo” Se limitó a decir, conociendo lo que conllevaba las palabras de su compañera. “Tendré que comenzar a hacer el allanamiento de tiendas antes de lo que esperaba.” Pronunció con profundidad, con mayor intención de pensar para sus adentros que otra cosa. “Espero que eso los entretenga lo necesario para que no les estén causando problemas.” Añadió con firmeza al notar que sus pensamientos habían resultado ser más públicos que privados. “Si vuelve a tener otro inconveniente solo dirígase conmigo que estaré abordando ello de inmediato, soy Mason.” Extendió la mano finalmente cediendo cordialidad.
Extendió el mapa que se le había otorgado, lugares desconocidos marcados con diversos colores, información, horarios y demás. Una rápida leída bastó para que la ojiverde tuviera una mínima noción de las cosas. Al escuchar la voz masculina la pelinegra se vio en la necesidad de elevar su mirada hasta el mayor, enarcando una ceja como respuesta inmediata. ”Si me hubieran ayudado probablemente ahora estaría en mi cabaña desempacando, en lugar de estar haciéndote estas preguntas ¿no crees?” soltó sin filtro alguno, con ápices de desinterés en sus palabras, porque así hablaba ella; era como si la insolencia de le saliera por los poros.
“No vuelva a utilizar ese tono conmigo que no soy un par suyo y el que realiza el interrogatorio soy yo. Lo que creo que sucede, joven, es que su falta de instrucción e información en este campamento es un incoveniente para usted.” Le entregó una sonrisa ladina. No deseaba dar por sentado que la morena se encontraba perdida ya que quizás se encontraba con ánimos de molestar como el que poseían la mayoría de los campistas. Miró su reloj para cerciorarse de que ya era hora de almuerzo, asombrándose por la cantidad de horas que habían transcurrido desde que comenzó su labor. “Puede tomar el mapa y ahorrarse la multa correspondiente por la ausencia en el almuerzo, o iniciar una discusión que le costará sus puntos. Usted elije.”
Hizo lo que el instructor le pidió, maldiciéndose internamente. Quizá si no hubiera actuado tan paranoico no habría levantado sospechas. Más de un año sin cometer ni un delito le había pasado la cuenta. Ahora se encontraba en el dilema si mentirle o no al hombre. Respiro hondo. “Eh.. yo sólo vi la maleta ahí, y quise investigar un poco. Sólo curiosidad. No iba a sacar nada.” confesó finalmente, aunque la parte de sacar nada nunca sabría si era verdad, ya que no alcanzó a abrirla. “buenas tardes.” agregó, con una mueca, y con ganas de largarse a reír por el nerviosismo.
“Veo que está para bromas.” Rió sardónicamente antes de proseguir a tomar la maleta para entregárselos a los directivos. El joven, a pesar de su actitud bromista resultaba ser algo cohibida y nerviosa. “Eso se evaluará cuando el dueño de sus pertenencias denuncie sus respectivos objetos. Así que espere que todo esté en orden o será un problema mayor para usted, joven..” Sentenció con firmeza entretanto esperaba que el adolescente se presentase. No iba a emitir un juicio final, multándolo, sin saber cómo habían transcurrido las cosas. “Por ahora quedará sobre aviso. ¿Su número de cabaña? Y entrégueme su tarjeta.”
“ Creo que esa es una buena razón para decir que el menú es superior. ” Concordó con la opinión del mayor, el saber que la comida sería una de las cosas que podría llegar a detestar menos del lugar le parecía grandioso, pues si tendría que aguantar varias horas de trabajo lo mínimo era poder disfrutar de algún plato de comida que bordease lo agradable. “ ¿Hay algo más que sea mejor aquí, que en una prisión normal? ”
“Poseen días libres y si tienen buena conducta son recompensados. “ Enlistó, antes de meditar que quizás estaba dándole un poco de ánimos a la ingresante que anteriormente aparentaba atemorizada ante su presencia. Si bien no era un instructor, él albergaba ánimos de alentarlos a su modo ya que después de todo era su trabajo, custodiar el buen progreso y evitar futuros conflictos. “Sin olvidar que tienen la posibilidad de tener una cabaña junto con otro campista nada más.” Rascó su mentón antes de darse cuenta que finalmente habían convergido en el punto de información.
justbutch:
“A nadie le pagan lo suficiente” coincidió decidiendo seguir con la broma. Irguió su postura observando como el objeto pasaba ante sus ojos, sonriendo entre dientes.“¿Me la estás obsequiando o estás presumiendo?” Quiso saber. Y envió una mirada a su costado, manteniéndose alerta con su trabajo, todo ese montón de reclusos podían ser un dolor en el trasero si solo abrían la boca. Ya le habían confundido con un instructor en más de una ocasión, a pesar que el uniforme delatara otra cosa. “Bien, bien, acepto. Andando Mason”.
“Pero si es un regalo, tómalo como un obsequio de nuestra breve y amorosa amistad. Claro que te lo estoy presumiendo Moreno, después de todo estás ante un guardia ejemplar.” Sonrió entre dientes, presumiendo con broma. Su rostro se modificó a una gélida postura, advirtiéndole al dueño de dicho objeto que debía emprender camino con ambos guardas para poder declarar la dada situación a su respectivo instructor y darle el informe a los directivos. “Gracias, eres todo un cielo.” Le bromeó con confianza.
Su cabeza terminó inclinándose hacia uno de los lados y las hebras cobrizas cayeron acariciando uno de sus hombros, su mirar permanecía enfocado en las orbes masculinas y lejos de ceder, mas sin deseos de pelear una batalla con él —. Por favor, no te preocupes tanto que sería un favor para la humanidad si esta reclusa desapareciese — gesticuló, lento —, pero si tu temor es que escape. No puedo asegurar absolutamente nada, diga lo que diga, no me creerás — quién podría concluir que sus intereses eran carentes y que la idea de escapar del campamento jamás había pasado por su mente —. No puedes negar que en tu trabajo tienes un sistema semejante, implicito, pero cada labor correctamente cumplida te otorga ciertos puntos que luego te volverán merecedor de un ascenso — sus hombros se encogieron, indiferencia ante el dato que acababa de dar. Su punto había estado ahí y lejos del sistema mencionado, cuya finalidad aún no lograba comprender. Una de sus cejas se elevó, no sentía curiosidad, mera sorpresa por aquel papel que jamás había llegado a sus manos en un principio —. ¿No es más fácil si tu lo llevas? Apuesto que le ves a los instructores la cara más veces que yo, en el almuerzo o algún descanso — inquirió, cayendo presa de la nueva interrogante y dejando su confusión evidente frente a los ocelos masculinos —. Explícate.
“No es un favor para nadie, campista.” Sentenció con simple sinceridad. El programa de Safe Hold había empeñado lo suficiente esmero y fondos para intentar restituir a los jóvenes a la sociedad de manera cabal, evitándoles que transitaran una desairada experiencia en la cárcel. Exhaló notoriamente, añadiendo paciencia a su persona ante la joven que tenía en frente. “Qué sistema de puntuación corre a sus superiores no es de su incumbencia. Así que le sugiero que si posee la idea de mantener su contador en un nivel razonable que termine esto inmediatamente.” Se impuso con firmeza, dispuesto a pedirle la tarjeta identificatoria en cualquier momento. “¿Cree que soy su sirviente? No estoy a disposición suya señorita. Se acabó, su tarjeta.” Quizás estaba interviniendo apresuradamente pero su serenidad le había abandonado por completo. “ Se hará un allanamiento de los objetos que han traído, así que por su bien espere que no encuentre algo irregular.”
Aún recordaba a la perfección el desfalco que había logrado realizar mediante una sencilla plataforma en Internet, solía pensar que nadie se percataría de ello. No obstante, su jugada no le había salido tal y como lo planeaba, había obtenido millones de dólares después de realizar un par de fraudes, algo que el negocio de su progenitor no había sido capaz de lograr y ahora tenía que pagar por cada centavo. Soltó un bufido mientras se encontraba acostado en la cama observando el techo de la cabaña que le había sido asignada, cualquier cosa era mejor que la cárcel y suponía que tenía más suerte que otras personas. Finalmente, se levantó de la cama y salió de la habitación, observó a su alrededor y se topó con el contrario. —Sólo quería saber donde puedo encontrar a mi instructor…
Eran las seis de la tarde y en cualquier momento la negrura de la noche caería sobre el campamento, así que había tomado ventaja de dar una última vuelta de rutina entre las cabañas pero no esperaba encontrarse una vez más con la reiterada situación dónde debía realizar el papel de guía. “Lo siento joven, no puedo acompañarlo hacia dónde se encuentra. Deberá esperar en el horario de la cena para comunicarse con él.” Mencionó, ya que no poseía conocimientos si debía entregar tal información. “¿O quieres denunciar una situación irregular?” Inclinó el rostro con interés.
Entendió a qué se refería, sabía que simplemente ayudaba a su desorientación únicamente por cumplir su trabajo, no por ello entendía que tuviera más beneficios que otros. Asintió inmediatamente, pero la sonrisa no abandonó sus labios, ya que aún a pesar de que solo lo hacía con la intención de no tenerla de nuevo preguntando como un pajarito perdido, iba a ayudarla al fin y al cabo. Comenzó a caminar a su paso, pues como tenía las piernas largas podía más o menos seguir el ritmo del mayor. “No lo haré” respondió decidida, segura, con un asentimiento firme y sin apartar la mirada de su recorrido. Memorizaría pequeños detalles que le ayudaran a la hora de regresar sobre sus pasos en alguna ocasión que no tuviera escolta y ayuda experimentada. “No quisiera hacerle perder el tiempo buscándome, pero sí es verdad que no tengo muy buen sentido de la orientación” y para ella aquel lugar era casi idéntico. Las mismas cabañas, los mismos árboles… Le costaría más de una vuelta ubicar el camino de llegada. “Pero, repito, agradezco que quiera acompañarme cuando no tendría por qué hacerlo. Es agradable encontrar por aquí gente amable que quiera ayudar.”
“Se irá orientando con el tiempo, no se desestime.” Dijo con simplicidad. No tenía ánimos de afligirla al decirle que no tendría otra opción ya que sería su entorno por un extendido tiempo. “Se ha dirigido a mí con respeto, situación meritoria de que acceda a ayudarla ¿No cree?” Ladeó unos segundos la vista hacia ella para luego continuar camino, se incrementó su interés al notar que la joven observaba un tanto alarmada a su alrededor y le desconcertó la imagen de fragilidad que destilaba la muchacha. Cambió su rostro de neutralidad a uno de mayor solidez, recordándose que no debía dar por sentado en absoluto a un campista hasta que no estuviera el tiempo suficiente como para conocerlos correctamente. No debía abandonar su imagen de jerarquía. “¿Es su primer año en este campamento?” Cuestionó con llano interés de completar su sorpresa, debido a que todos los años cambiaban de localización podría tratarse de una antigua campista.
Asintió un par de veces “Ya, ya, lo he pillado” Murmuró, sintiéndose repentinamente avergonzada por su falta de léxico y lo mucho que le costaba sacar el significado de palabras grandes que ella jamás pensó que usarían con ella. Básicamente, porque había planeado no hablar con nadie ajeno a sus allegados nunca más, por el resto de su vida y estos últimos habían recibido la misma educación básica que ella. Volvió a rodar los ojos: No estaba entusiasmada, pero cualquier persona que le demostrara un poco de amabilidad sabiendo lo que era y teniendo acceso a la información de su delito, era alguien que le caería bien sin siquiera pensarlo dos veces. Además, no era buena controlando sus emociones buenas, nunca lo había sido porque las veces que aquellas venían, no habían sido muchas “No estoy… entusiasmada, sólo me ha caído bien” Admitió, encogiendo los hombros “No me estoy confiando demasiado, de igual manera. Debe ser algo de los primeros días” Añadió, forzando una suave sonrisa. Volvió a asentir, siendo esta una posibilidad que no había pasado por su mente: Muchas personas habían sido juzgadas injustamente y ese podría ser el caso de alguno de sus compañeros “Es… verdad. No lo había visto de ese modo”
“Es el vocabulario en el que se nos ha instruido para esta labor.” Mencionó por lo bajo, en una forma no aumentar la actitud cohibida de la morena ante las palabras sofisticada . Desestimó la idea de comentarle que él en su vida personal utilizaba palabras más habituales como toda persona. “Y por ahora tengo un buen repertorio de usted, joven Darzi. Pero no espere que se mantenga así, no deberá dar nada por sentado.” Su rostro se mostró con menor rigidez. Si bien tenía la entereza para evitar demostrar algún tipo de inclinación, sensibilidad o emoción, era notorio que la actitud pasiva y cordial de ella también le resultaba amena. “¿Se refiere a las primeras impresiones? No le entiendo joven.” Inclinó el rostro con un tinte de confusión e interés, a la espera que se explicite. “ Todos merecemos una segunda oportunidad. O primera, en el caso de los infortunados que terminaron en este lugar por las razones equivocadas o injustas.” Expresó
“Vale, aunque yo le podía decir mi nombre” Encogió sus hombros pues en realidad que la identificaran de aquella manera la incomodaba un poco, igual entendía que él sólo hacía su trabajo “Está bien” Tomó la tarjeta para guardarla una vez más en su bolsillo y ante la nueva interrogante asintió un par de veces “Sí, entendido, debo tratarlos con respeto y cumplir con absolutamente todo lo que ustedes digan” Encogió sus hombros “Sólo por curiosidad ¿No me puede llamar Isabella? Ya sabe, suena más bonito” Arrugó un poco la nariz.
“No estamos en una reunión de compañeros como para que se introduzca con su nombre. Sabré sus datos a través de la tarjeta como todos sus compañeros.” Estrechó los brazos contra su pecho, su rostro parecía firme pero sus palabras no eran hostiles y asintió con acompañamiento a las palabras de la joven en cuanto mencionaba que toda relación entre guardia y campista debía basarse en el respeto. “Lamento informarle que me dirigiré a usted como campista o en su defecto por su apellido. ¿Está claro, joven Giacometti?” Cuestionó, buscando dilucidar un intermedio entre lo que la adolescente pedía y el reglamento exigía. “Le recomiendo que utilice el mapa si no desea llegar tarde al almuerzo.” Le aconsejó, debido a que ya se acercaba el mediodía.
thayerxhemming:
—Si, lo noté. Se me han quedado viendo como si fuera una especie de bicho raro aquí adentro. Por mi actitud— comentó, encogiéndose de hombros. No le molestaba que lo miraran mal, realmente le daba igual. Mostrar buena voluntad iba en beneficio propio, así que los demás podían joderse. —No se preocupe, no he traído nada de eso— aseguró. Portar armas era algo que lo perjudicaría, así que ni si quiera lo había considerado. —Como ya le dije, mi intención es evitar cualquier tipo de castigo— agregó.
“Tengo el conocimiento de que no es un agradable consejo, pero si posee alguna sospecha de que pueden atentar contra su seguridad, téngame al tanto.” Dijo con seguridad. Tenía conocimientos de que los cotillas no eran agradables en ningún sitio, menos en una instalación como en la que se encontraba, pero depositaba su confianza en que sus compañeros no lo dejarían tranquilo hasta que se viera involucrado en algún conflicto. “De acuerdo, me es ameno oírlo. E intente mantener su bolso aislado, puede ser que algún campista haga el intento de encubrir sus cosas en él o inculparlo.” Asintió con seguridad.
¿Prefieres los hombres, mujeres o ambos?
Pues las mujeres.
jairopapp:
Ya sabía cual era su cabaña, y había ordenado las pocas cosas que poseía en ella, por lo que decidió dar una vuelta. Si no aprovechaba de conocer en ese “día libre” luego se arrepentiría. Estaba seguro. No había pasado más de cinco cabañas cuando vio una maleta fuera de una de ellas. Estaba a los pies de la escalera de entrada, sin nadie a su alrededor. Observó disimuladamente su entorno, asegurándose que nadie estuviera por ahí, antes de acercarse e intentar abrirla. Estaba en eso, cuando sintió a alguien por detrás, levantándose rápidamente en modo defensivo. “No le iba a hacer nada, lo juro. Sólo quería ver q-que había dentro.” se defendió rápidamente, mirando al que suponía debía de ser el dueño de aquella maleta. “szar” murmuró. Si le pagaran por torpe….
Luego de una ardua mañana de trabajo e ir a dejar el registro de puntuaciones y faltas al directorio, John prosiguió con la caminata de rutina. “Aléjese de inmediato de esa maleta y alce las manos donde pueda verlas campista.” De tuvo el paso en cuanto observó una actividad anormal cerca de las cabañas. “De acuerdo, y yo solo he venido para darle las buenas tardes.” Rió con sorna intentando no tornar los ojos en blanco e inclinó el rostro con intenciones de identificar con detalle al joven desasosegado. “Le daré una oportunidad para que justifique esto o me veré obligado a pedirle su identificación.”
crtlbeckett:
“¿quieres que te enseñe donde esta el baño? digo, por la cara de constipado que tienes” replicó, permitiendo que una burlona sonrisa se hiciera con sus facciones. quizás no era una buena manera de presentarse ante sus compañeros de trabajo, pero su lengua de por sí era animal difícil de dominar. “relájate hombre, que estamos en un campamento con críos, no una cárcel de máxima seguridad” al haber sido testigo de crímenes que desafiaban el límite yaciente en el concepto de lo sádico, a quienes debían instruir tan solo constaban un chiste que mantenían la contextura estadounidense más relajada de lo que debería.
“No me pagan lo suficiente para esto.” Masculló entre dientes, un poco exasperado de recibir críticas por su rostro firme. Después de todo se trataba de un guardián, no un niñero de los campistas. Frotó su rostro con intenciones de aligerar la tensión en sus facciones e inducir una forzada y débil sonrisa. “Disculpe compañero, he olvidado que estamos tratando solo con críos consentidos.” Siendo claro que prefería tener trato con criminales más que con jóvenes que estaban allí solo por infracciones inocentes y se dirigían a él con ausencia de respeto. De todas formas John tendió por ser menos rígido con su compañero que tan solo buscaba un poco de humor y socializar con otros empleados del recinto. “Pero ya he hablado demasiado de mi persona ¿Cómo va su día?”. Rascó su mentón con interés.