Sabía que no había necesidad de mostrarse decepcionado, ni por un segundo creyó posible el recibir una respuesta positiva pero fue el monólogo de sus pensamientos como compañía de viaje lo que le llevó a creer atractiva la idea de tantear a la campista que caminaba cerca suyo. “Valoro mi espacio personal.” una leve sonrisa pretendió mitigar el sarcasmo ajeno. Sus ojos fueron hasta el movimiento de brazos que presenció, interpretándolos como una señal de la baja temperatura que también experimentaba. “¿Quieres la mía? Puedo ser un caballero.” No estaba diciendo que había decidido serlo en ese instante, vale la pena mencionar.
No le dedicó respuesta alguna, sus cejas elevándose fueron la única respuesta que el campista recibiría de su parte, desviando su mirada de la figura masculina hacia el frente, sin detenerse, entonces las siguientes palabras taladraron en sus oídos, haciéndole fruncir su ceño. Su orgullo le gritaba que declinara cualquier posible oferta, que estaba bien y no necesitaba de otra prenda para apaciguar el frío que recorría su cuerpo. “La pregunta es, ¿me vas a prestar tu chaqueta?, porque dijiste que podrías ser un caballero, no que lo serías.” soltó, pues bien podía decir que sí la quería, pero eso no le aseguraba la prenda.










