Si te caes, limpia el desastre.
Noah Kahan

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PR's Tumblrdome
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Kiana Khansmith

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@juanamarciana
Si te caes, limpia el desastre.
Leonhard Thurneysser, Astrolabium, ca. 1575.
Adam and Eve, 1526, Lucas, the Elder Cranach (1472-1553) / © Samuel Courtauld Trust / Bridgeman Images Image. It’s everything.
Yo salto...
(1/2) Franz Kafka´s THE METAMORPHOSIS Illustrated by José Hernández
Siempre digo: “Mira, no hay más que pensar en esto: en mayo del 68, Berkeley, París, toda esa efervescencia, la juventud entonces salió a la calle para todo. No ha cambiado nada, claro”. Pero no es si ha cambiado mucho o ha cambiado poco lo que cuenta. Lo que cuenta es esto: en el 68 tenían dieciocho años, ahora tienen sesenta. ¿Dónde están? ¿Quiénes son? ¿Qué hacen? ¿Qué piensan?, ese es el problema, porque a los dieciocho años era fácil ser o parecer revolucionario. Pero el problema está en saber si todavía lo es a los sesenta. Porque entonces tendríamos que decir, como en Portugal, que quien a los dieciocho años no es revolucionario, no tiene corazón; pero aquel que a los cuarenta años lo sigue siendo, no tiene cabeza. Entonces lo que me parece es que hay que mantener el corazón y no perder la cabeza.
José Saramago
Ella*
El encuentro.
Alheña y azúmba
Sigamos: mi negra se emperejila, se emperespeja, se aliña, Con alhucema y albahaca, con cidrón y toronjil, Con lavanda, con canela, con loción y con anís. Mi negra tiene un meneo que no cabe por la calle, Mueve el tacón y la punta del zapato y ese baile Derrama tantas fragancias que no caben en el aire. Mi negra es alta y esbelta, muy lucida y bien plantada, Su cuello es tan largo que anda su cabeza por el aire. El donaire de mi negra no cabe en ninguna parte. Mi negra tiene ojos blancos, dientes blancos, calzones blancos, Calzones en diminutivo, calzoncitos, prendas íntimas… Yo no sé qué tienen de íntimas si las anda mostrando por todos lados. Cuando mi negra se desnuda queda completamente desnuda, No como las blancas que aunque se desnuden siempre tienen algo que las cubre, aunque sea un concepto. Mi negra no tiene conceptos, ella nació y se crió desnuda, y por lo tanto no se puede vestir completamente porque mientras más se viste más desnuda queda. Mi negra se aceita el codo, se pule el pelo, acicala, Se emperimbomba, se tiñe, se sahúma, se apercala, Se va de rumba y regresa cuando está la noche alta. Yo no sufro por mi negra. ¡Cómo me alegra mirarla! Mi negra camina en versos de cuatro o cinco tonadas, Su habla es un canto largo, con las palabras cortadas. Mi negra es dulce por fuera. Por dentro yo no sé nada. Por dentro mi negra tiene alguna cosa guardada.
Agüita de manzanilla, Tisana de ron y eneldo, La raíz del limoncillo Y un manojito de espliego. El aire huele a linaza Con astillas de canela. Con alheña y con azúmbar Viene pintada mi negra. Pintada no es la palabra, Viene más azul que negra, Como esculpida en el aire Durísimo de la piedra!
Mama Negra
Cuando mamá negra hablaba del Chocó le brillaba la cadena de oro en el pescuezo, su largo pescuezo para beber agua en las totumas, para husmear el cielo, para chuparles la leche a los cocos. Su pescuezo largo para dar gritos de colores con las guacamayas, para hablar alto entre las vecinas, para ahogar la pena, y para besar a su negro, que era alto hasta el techo. Su pescuezo flexible para mover la cabeza en los bailes, para reír en las bodas. Y para lucir la sombrilla y para lucir el habla.
Mamá negra tenía collares de gargantilla en los baúles, prendas blancas colgadas detrás del biombo de bambú, pendientes que se bamboleaban en sus orejas, y un abanico de plumas de ángel para revolver el aire. Su negro le traía mucho lujo del puerto cada vez que venían los barcos, y la casa estaba llena de tintineantes cortinas de conchas y de abalorios, y de caracoles para tener las puertas y para tener las ventanas. Mamá negra consultaba el curandero a propósito del tabardillo, les prendía velas a los santos porque le gustaba la candela, tenía una abuela africana de la que nunca nos hablaba, y tenía una cosa envuelta en un pañuelo, un muñequito de madera con el que nunca nos dejaba jugar. Mamá negra se subía la falda hasta más arriba de la rodilla para pisar el agua, tenía una cola de sirena dividida en dos pies, y tenía también un secreto en el corazón, porque se ponía a bailar cuando oía el tambor del mapalé. Mamá negra se movía como el mar entre una botella, de ella no se puede hablar sin conservar el ritmo, y el taita le miraba los senos como si se los hubiera encontrado en la playa. Senos como dos caracoles que le rompían la blusa, como si el sol saliera de ellos, unos senos más hermosos que las olas del mar. Mamá negra tenía una falda estrecha para cruzar las piernas, tenía un canto triste, como alarido de la tierra, no le picaba el aguardiente en el gaznate, y, si quería, se podía beber el cielo a pico de estrella.
Mamá negra era un trozo de cosa dura, untada de risa por fuera. Mi taita dijo que cuando muriera iba a hacer una canoa con ella.
Lamentación de octubre.
Yo no sabía que el azul mañana Es vago espectro del brumoso ayer; Que agitado por soplos de centurias El corazón anhela arder, arder. - Siento su influjo, y su latencia, y cuando Quiere sus luminarias encender. Pero la vida está llamando, Y ya no es hora de aprender. - Yo no sabía que tu sol, ternura, Da al cielo de los niños rosicler, Y que, bajo el laurel, el héroe rudo Algo de niño tiene que tener. - ¡Oh, quién pudiera de niñez temblando, A un alba de inocencia renacer! Pero la vida está pasando, Y ya no es hora de aprender. - Yo no sabía que la paz profunda Del afecto, los lirios del placer, la magnolia De luz de la energía, Lleva en su blando seno la mujer. - Mi sien rendida en ese seno blando, Un hombre de verdad pudiera ser... ¡Pero la vida está acabando, Y ya no es hora de aprender!