Estar contigo fue felicidad, fue descubrimiento y cariño, fue aceptación, amor y crecimiento. Lo fue todo.
Porque desde el momento en que nos conocimos mis lugares dejaron de ser míos para convertirse en nuestros.
Sitios grandes y pequeños en los que poco a poquito grabamos nuestra historia a base de risas, historias y besos.
Como en ese jardín detrás de la biblioteca, ¿recuerdas? Ese en el que hicimos de un día cualquiera uno perfecto, esa glorieta en la que hombro a hombro disfrutamos de una noche llena de risas y juegos, una en la que no hizo falta el nerviosismo porque, a pesar de apenas comenzar a conocernos, nuestra chispa era evidente para todos porque entre ambos todo fluía perfecto.
¿Qué tal ese restaurante donde conocí a tus padres? Ese frente al cual no puedo pasar sin sonreír por dentro.
Recuerdo ese espacio frente a mi casa en el que a mitad de la madrugada nos miramos a los ojos, y entre abrazos y besos pronunciamos nuestro primer te amo. Ese que aún tengo grabado en mis labios.
Y mi lista podría seguir infinitamente, porque cada lugar que compartimos para mi se convirtió en nuestro. Calles, plazas, restaurantes, cafés y cines. En todos te veo al pasar y de pronto siento ese dolor punzante en el pecho.
Es justo ahí cuando me dan ganas de llamarte y preguntar, así como quien no espera nada, “¿recuerdas cuando nos sentamos bajo la lluvia en tu coche y platicamos hasta que se hizo de noche? Ahí, en la calle escondida que siempre utilizabas de estacionamiento”. Pero entonces me detengo.
¿Por qué, amor? ¿Por qué nos soltamos? ¿Por qué nos dejamos ir?
Yo no sé si tu experimentas el mismo dolor y sufrimiento, no sé si aún pasas frente a nuestro café y sonríes por el mero hecho de recordarnos ahí sentados un día de enero. No sé si aún te desvelas por las noches mirando al techo y preguntándote cómo se sentiría besarme de nuevo.
Pero de lo que sí puedo estar segura es que habrá un día en que todo se quede en letras y frases, en escritos y textos con tu nombre grabado muy muy dentro. Y que en algún momento recuperaré mis lugares, mis canciones y mi poesía y todo esto parecerá solo un sueño. Uno de esos que al despertar recuerdas con añoranza y cariño porque amor, simplemente fue perfecto.