El alcohol es malísimo; o al menos, la bebida que ha pedido. Se desliza como agua en un inicio, hasta que el resquemor hormiguea en su garganta y lo amargo baila en la punta de su lengua, generando en automático una mueca de desagrado. "Es—" una mierda, piensa de inmediato, pero frena cualquier grosería de salir a la luz, pues incluso para eso, Kate es una persona que cuida muchísimo su lenguaje en cualquier contexto. "Tortuoso. Por exagerar un poco". La copa regresa sobre la barra con un tintineo suave y, entonces, repara en la propia, a medio terminar, abandonada al lado izquierdo. Parece un mal chiste, pero no está acostumbrada al desperdicio en ningún sentido; y la nueva bebida ofrecida acaba en su diestra, así como la previa en su zurda. "Gracias. En realidad, beber alcohol no se me da nada bien. Iba a controlarme". Trata de explicar, como si justificarse frente a un desconocido fuera el pan de cada día o como si al hombre le importara realmente conocer los pormenores. Sin embargo, dada la apertura ofrecida, ¿por qué no? "Suena tan cliché cuando lo menciono, pero siempre pedía una bebida extra para mi ex. Exnovio. Exprometido. Para cuando me di cuenta, había hecho exactamente lo mismo y no tenía a quién dársela".