No quiero un amor por la mitad, o dividido en dos. He luchado y sufrido tanto que me merezco algo intenso, entero, indestructible, verdadero.
Sé que tú conoces la verdad, y esto para mí es suficiente. Podrás negarla ante el mundo entero, intentando buscar excusas y justificaciones para transformarla en la mentira que a ti conviene creer, pero tú sabes la verdad.
Habría ido contra mi ego, mi orgullo, mi forma de ver el amor por perdonarte, habría hecho todo esto por ti mientras creía que tu valía la pena. Hasta cuando creía que te ponía de mi parte en todos los aspectos.
Solo yo puedo juzgarme, solo yo conozco mi pasado, solo yo conozco el motivo de mis elecciones y lo que vive dentro de mí. Solo yo sé cuánto puedo ser fuerte o frágil.
Solo yo y nadie más.
Pero el perdón no puede ser un regalo, tiene que ser merecido. Tiene que demostrarse que se está a la altura de dicho perdón.
En la vida he conocido mujeres que han sufrido, que han tenido que superar dolores innombrables, que han sido privadas de todo y que, como tú, no han tenido un padre que les aconsejara, el consuelo de una madre que les diera calor, las palabras leales y sinceras de una amiga que estuviera cerca de ellas, o la presencia de un hombre que realmente las haya amado más allá de las apariencias. Pero no las he visto albergar venganza o rencor por aquello que no habían tenido, creando así, dentro de ellas, una energía negativa que las habría empujado hacia abajo, al nivel más bajo, donde sus acciones habrían encontrado siempre una justificación escondidas de la mentira. Al contrario de lo que tú puedas creer, he visto en los ojos de éstas mujeres la fuerza, las ganas de renacer, de superar sus adversidades, de luchar con entusiasmo por aquello que creían y amaban, las he visto hacer de sus experiencias negativas, la mejor escuela de vida donde poder aprender.
Donde hay un esfuerzo interior, vive un mérito y donde existe un mérito, existe una virtud y, entonces, el perdón es la recompensa al esfuerzo. Pero donde no hay esfuerzo, no hay mérito y no hay ninguna virtud, y el perdón no se recibiría como tal.
Pero tú, sedienta de venganza, continuaste mintiendo, pensando que esa era la mejor forma de arreglar las cosas. No era la mejor forma, era la única forma que tú conocías.
He estado obligado a elegir si cerrar los ojos fingiendo no ver y no entender lo que eras, lo que eres, y lo que has sido siempre, o aceptar esa evidente y dolorosa realidad reconociéndome a mí mismo la magnitud de mi error.
Del gran error que había cometido creyendo en ti, invirtiendo en ti, amándote como no he amado nunca a ninguna otra mujer, pensando que lo que existía entre nosotros era único e indestructible, algo tan grande e inmenso que no podía tener una fin.
Para reconocer aquel error y admitir esa equivocación, he tenido que pagar un precio altísimo que aún pago y no sé durante cuánto tiempo tendré que hacerlo. Pero ha sido una elección mía, la valiente y dolorosa elección de no querer aceptar algo que no tiene peso, no tiene sustancia, no tiene profundidad de espíritu. Ese algo que, como una bandera, se mueve con el viento hacia donde más le conviene. Que traiciona sin valorar las consecuencias porque así lo ha hecho siempre, y que esconde las propias acciones malvadas evitando asumir la responsabilidad, atacando, acusando, creando falsas excusas, para después poder vengarse y estar en paz con la propia conciencia. Que en el amor, no conoce el significado de la complicidad. Que cree que vivir sea hacer y tener el máximo posible, aprovechando cada oportunidad y no perder ninguna ocasión, dando a todo el mismo peso, el mismo valor, la misma prioridad.
Con esa actitud, me demostraste solo, que dentro de ti no vivía nada, no había profundidad, ni valor, ni lealtad, ni la dignidad de afrontar la vida con la verdad. Me demostraste solo, lo que realmente eres… una mujer que sigue la conveniencia y la oportunidad del momento, y se reduce a una superficial figura estética que cambia con el tiempo.
Yo nunca juzgo a una persona por sus errores, sino por las ganas que tiene de remediar estos errores, porque es ahí donde reside la diferencia.
Nos equivocamos siempre... nos equivocamos por rabia, por amor, por celos, para aprender a no repetir de nuevo ciertos errores. Nos equivocamos para poder pedir perdón, para poder admitir que nos hemos equivocado. Nos equivocamos para crecer, para madurar, para llegar a ser mejores. Nos equivocamos porque no somos perfectos y somos humanos.
Pero la diferencia entre quien ama y quien no ama, es que quien ama asume y se preocupa por reparar su error pidiendo perdón, mientras que quien no ama, sigue de forma egoísta su camino como si no hubiera sucedido nada.
Pero en tu corazón no existe la lealtad, porque tu alma no es noble y, por tanto, te resulta difícil ver las diferencias.
No puedes vencer la mezquindad que se ha apoderado de tu ser porque no tienes aprecio ni siquiera por ti misma, por eso actúas por instinto, por rabia o por venganza, sin pensar nunca en las consecuencias, sin evaluar nunca que una actitud tan débil puede ocasionar mucho dolor.
Esto no es amor, es la explícita demostración de que no has amado nunca, y que solo has recitado como una actriz, la parte que en aquel momento se te asignó.
Quien ama de verdad no miente, no hiere, no traiciona, porque antes de amarte te respeta.
¿Sabes lo que es el respeto en el amor?
Significa preocuparse del pasado compartido junto, de los instantes compartidos juntos, de lo que habíamos sentido y nos habíamos dicho en ciertos momentos.
Significa defender lo que ha existido entre dos personas que se han amado aunque ya no hay nada.
Significa no ofender con tu actitud a esa persona que decías amar.
Pero para tener respeto y entender su significado, primero hay que tener respeto por sí mismo y conocer las exigencias de la propia alma. Pero sin bondad, sin honestidad, sin lealtad, el alma envejece rápidamente y desciende a los niveles más bajos donde, en lugar de transmitirte la alegría y la felicidad de vivir, te transmite la tristeza y la sensación de estar sola.
Es ésta la señal que te hace entender que se está alejando de ti y de tu vida. Cuando llegarás a ese punto, ya no será suficiente ni siquiera el consuelo de las amigas que ahora te apoyan... y que lo harán hasta cuando puedas convencerlas con tus mentiras de que estas en lo cierto, pero cuando se darán cuenta de la verdad que les has escondido, también ellas se alejarán de ti.
He pensado mucho, muchísimo, y he llegado a la conclusión de que en el amor se puede perdonar la entrega del cuerpo, pero nunca jamás la entrega del alma, porque esa traición adquiere otra dimensión.
Y las personas que como tú deciden alejarse por conveniencia o por interés, por debilidad o por necesidad, en el fondo no han tenido nunca sentimientos sinceros y se aprovechan de la primera ocasión que se presenta para irse. Retenerlas sería inútil.
Las personas a las que realmente les importa estar juntas y construir un amor o enmendar un error cometido, no se pierden entre estúpidas y banales justificaciones, sino que afrontan la realidad con la verdad.
Una verdad que se debe decir a cualquier coste, cualquiera sea el precio debe decirse...porque marca la diferencia entre un tipo de persona y otra.
Pero llegados a este punto, yo no quiero saber nada más, no quiero conocer nada más, entender o ver nada más. Ni lo verdadero ni lo falso, ni lo que es justo o lo que no lo es. Ni lo que me provoca dolor o lo que me gustaría escuchar, nada, no quiero saber nada.
Me alejo para regenerar mi alma con una nueva energía. Una energía positiva, que me lleve de nuevo a ver el mundo como lo veía yo, que me lleve de nuevo a creer que aún se puede construir algo bonito con una mujer.
¿Porque te ríes? ¿Ríes? no rías...no rías, demuestras que no entiendes lo que he escrito en esta carta.
¿Por qué debería perdonarte cuando tú no te mereces este perdón? ¿Qué has hecho para merecerlo? ¿Me has dejado un espacio para que yo pudiera hablar contigo de nuevo? ¿Qué has hecho para que yo pudiera todavía creer en ti?
Nada…no has hecho nada, al contrario, has empeorado las cosas continuando tu camino, y chantajeándome para decir la verdad, pero al mismo tiempo dejando claro que no habrías renunciado a la superficialidad de tu actitud.
Te has movido con el oportunismo de las personas pequeñas que hacen solo aquello que más les conviene en cada momento.
¿No podías esperar? ¿No podías hacer una pausa de reflexión y escuchar tus exigencias interiores? ¿No podías estar contigo misma para poder valorar las cosas con calma y bajo otro punto de vista?
No, no podías, tenías demasiada prisa por no pensar, por vivir lo que se te presentaba...por sustituir. Sí, la verdad es que tenías prisa por sustituir, por borrar u olvidar.
¿Pero, cómo es posible que no seas capaz de entender que solo las personas simples y superficiales perdonan fácilmente y rápidamente? y lo hacen, porque no conocen su valor, el valor del perdón. Las personas que tienen un peso deben madurar ese perdón dentro de ellas para que sea lo más verdadero posible.
Si tú hubieras estado sola contigo misma, demostrando esperar, entender, querer cambiar, creer realmente en el amor que estabas perdiendo, dejándome un espacio para poder entrar de nuevo, para poder hablar, para poder aclarar, y quizás para poder perdonar, entonces esto habría sucedido. Porque el perdón habría sido casi obligatorio para cualquier persona y habríamos salvado nuestro amor.
Pero tú, para paliar tu inseguridad interior, por el miedo que tenías a la soledad y condicionada incluso por las superficiales opiniones de las amigas que te regalaban soluciones simples has tenido prisa. Prisa por destruir aquel amor, que cuando, encerrados en una habitación nos olvidábamos del mundo amándonos y prometiéndonos algo realmente bello para nosotros.
Algunos dicen que el tiempo cura todas las heridas, yo no estoy de acuerdo. Las heridas permanecen, quizás el perdón las cicatriza para que el dolor disminuya, pero esas heridas no se irán nunca y no se olvidarán jamás, tal vez sólo se superen.
No… No se puede perdonar sólo para demostrar una cierta bondad, o para buscar la paz dentro de sí mismos, esto no tiene nada que ver con una elección consciente.
Pero, ¿cómo puedes ser tan pequeña que no entiendes que es precisamente quien ama intensamente a quien le resulta más difícil perdonar? Le resulta difícil porque su perdón es verdadero, está pensado, está valorado y es doloroso, muy doloroso. Y si decide perdonar, si consigue ganar la batalla consigo mismo, esa batalla que no le deja dormir durante la noche, demuestra una gran fuerza y no una debilidad como pueden creer los de espíritu pequeño.
Quien perdona te hace comprender que su amor es más fuerte que tus errores, pero tú... sí, te lo digo a ti, debes merecerlo.
Pero si sigues justificando tus errores, entonces esos dos mundos deben separarse para siempre, porque su concepto de amor y de amar es muy diferente.
Puedes regalar tu cuerpo porque estás acostumbrada a hacerlo, pero no puedes regalar esos momentos intensos donde el cuerpo no tiene nada que ver y es el alma la que dirige el juego, eso no puedes hacerlo, porque eso no se puede perdonar.
Para ti perdonar es fácil, como te resulta fácil sustituir, como te resulta fácil olvidar, como te resulta fácil enamorarte, como te resulta fácil amar, porque das a todo el mismo peso y el mismo valor, y no conoces el significado de las cosas.
No se perdona porque se tenga miedo de perder algo, no se perdona porque no se dé importancia a lo sucedido, no se perdona porque no se quiera estar solo.
Se perdona sólo porque se tiene la ilusión de que ese perdón le sirva a esa persona para que pueda volver a ser maravillosa como antes, como cuando la conocimos por primera vez. Es más... mejor que antes, visto que ha entendido la importancia de la pérdida.
Una de las cosas más difíciles de la vida es conseguir ver esa sutil línea que separa la esperanza de la ilusión, una línea que el corazón traspasa a menudo, a pesar de los reclamos de la mente, que lo arrastran ante la realidad. Pero si la esperanza es una necesidad y la ilusión es el precio a pagar, a veces incluso la razón sucumbe.
Pero si esa ilusión viene destruida por la superficial prisa de tener a alguien al lado, entonces el perdón está injustificado.
A veces, el perdón entra así en contraste con la esencia de quien tiene que perdonar, que divide en dos su alma, lo pone en guerra con sí mismo dejándolo solo ante una bifurcación dentro de un laberinto de dolorosas reflexiones, y es difícil saber qué camino tomar.
Y si uno decide NO perdonar, no es como tú crees que no ha ganado su ego, su vanidad, su orgullo, sino que ha entendido que esa realidad no cambiará nunca jamás, y no se puede construir algo duradero con quien se obstina a no querer cambiar.
Quien no entiende el valor del perdón, no entiende ni siquiera el sentido del amor y no sabe realmente lo que significa amar.
Creo que dentro de ti reina una gran confusión, y esta confusión no está en el hecho de no entender el significado de las cosas, sino que reside en tu análisis personal de no entender quien eres, qué quieres, qué vive dentro de ti, qué buscas, cuáles son tus prioridades, y qué es lo realmente importante para ti, en definitiva cuál sea tu objetivo en la vida.
¿Te has preguntado alguna vez cuánto estás dispuesta a luchar, a renunciar, a cerrar las puertas a los demás para poder elegir y tener las cosas y las personas que te interesan? ¿Sabes afrontar las consecuencias de tus elecciones? ¿Puedes decir de una vez por toda la verdad? ¿Sabes reconocer los errores cometidos y sabes pedir perdón? Perdón, es una palabra importante para quien sabe que se ha equivocado, deberías usarla más.
Pero lo que deberías entender es de no caer en mezquinos compromisos de conveniencia donde regalas tu cuerpo para agradecer, donde pierdes tu dignidad, donde no eres nada, meno que nada, porqué no sabes ni siquiera detenerte.
Creo que tienes que aprender a respetarte más, a amarte más, a creer más en ti, pero sobre todo a tener la fuerza de decir que no, y saber renunciar a algo o a todo aquello que podría acarrear daño a quien amas.
Lees una carta de amor y esa misma noche haces justo lo contrario de lo que deberías haber hecho. Dices que amas, lloras por amor, te desesperas por amor, escuchas canciones de amor, escribes sobre amor...y después, ante un amor te comportas de la forma más superficial y mezquina para destruirlo.
Siempre he pensado que un gran amor debe tener raíces profundas, y si incluso esas raíces a veces crecen de las peleas, de los errores, de las dificultades o incomprensiones, no tiene importancia. Lo importante es la gana de estar juntos, de amarse, de creer en ese amor, y el tiempo, que es el mejor aliado de quien no se rinde, lo arreglará todo.
Pero en el momento en el que tú me habrías tenido que demostrar lo profundas que eran tus raíces y el amor que sentías y que tanto ensalzabas, has huido. Has huido dejándome solo, siguiendo con tu mezquino egoísmo.
Quieres hacerte perdonar, pero al mismo tiempo, no sabes cerrar una puerta de forma definitiva. Pero, ¿cómo puedes pensar que esta actitud tuya sea aceptable?
No hay coherencia en lo que haces, no hay coherencia en lo que dices, no hay coherencia en lo que piensas.
Tus instintos tienen el control de tu conciencia y destruyen tu persona. La mentira se ha apoderado tanto de tu ser que no eres capaz ni siquiera de reconocerte. No reconoces la verdad de la mentira y confundes las prioridades.
Se cambia solo si existe la voluntad, el carácter y la determinación de quererlo, cuando se siente que se debe hacer algo por nosotros mismos porque queremos transformarnos en personas nuevas, y no porque un hecho concreto, por más que sea doloroso, nos sucede.
Se cambia porque sentimos que no podemos seguir adelante así y estamos obligados a superar ese pasado que ha destruido parte de nosotros. La parte más hermosa que teníamos para dar.
Se cambia cuando se llega a tener la conciencia de lo que somos, de lo que hemos sido, y de lo que querríamos llegar a ser, porque esconderse, mentir o engañar no sirve para nada si no solo para perderse.
No puedo ni disculpar, ni perdonar a quien, en el amor, no se preocupa del dolor que sus acciones o su comportamiento provocan en la otra persona, porque esto es exactamente lo contrario del amor.
Ese dolor está provocado por la voluntad de infligirlo, a sabiendas de que hará daño y esa acción está creada por la voluntad de destruir, y todo ello nace de un alma oscura y malvada, del deseo de vengarse y de redimirse a través del sufrimiento que provoca.
Como las personas ignorantes, no sabes que haciendo así creará dentro de ti una energía negativa que te arrastrará con el tiempo, a un estado de malestar, de infelicidad y de conflicto interior que te robará la alegría de amar.
Tendrás, sin saberlo, un enemigo que te llevará a no creer nada de nadie, y a perder incluso la capacidad de confrontarte a la verdad. Te alejará de todo aquello que es verdadero, leal y honesto para intentar hacer mejor tu trabajo. Y si crees que el secreto sea pasar de una cama a otra...buscarás otro, y luego otro, y luego otro, y luego otro, hasta cuando tu alma cansada, se alejará de tu cuerpo dejándote sola para satisfacer tus instintos básicos y animales que no te darán ni la felicidad, ni el amor que tú buscas. El corazón y el alma necesitan su tiempo, aunque nunca lo has entendido.
A veces es importante saber estar solos para no entrar en una espiral que te destruye, para depurarse y alejárse de aquellos que no pueden entender lo que vive dentro de ti, pero sobre todo, para tener la fuerza de no regalarse al primer postor. Y tener respeto por el propio cuerpo, por la propia alma, por la propia persona, que a veces necesita la soledad para entender mejor lo que está sucediendo alrededor de ella.
No puedes regalarle a nadie lo que tu alma siente, no puedes regalar a nadie esos momentos dolorosos que deberían ser solo tuyos, así como no puedes regalar a nadie los gestos, las palabras, los besos, las lágrimas, los abrazos, y los instantes profundos que compartías con quien amabas. No puedes regalarlos al primero que se presenta, ni darlos con facilidad a quien no entiende su valor. Todas las personas que tienen fácil acceso a sus sentimientos más profundos, y los ceden a cualquiera, no valen nada, porque interiormente están vacías.
Ese patrimonio precioso que reside en el fondo de una persona, debería ser tuyo y solo tuyo.
Pero si no sabes estar sola, si no entiendes que la soledad es el campo de la reflexión, tendrás siempre a alguien para tapar los agujeros de tu soledad, pero nunca serás feliz. Porque éste alguien, casi siempre, por una ley de la vida, no será capaz de darte lo que necesitas o lo que tu alma busca. La alegría, la felicidad, el amor, que sirve para hacer latir al propio corazón. Un corazón que quiere amar y ser amado.
Te acostumbrarás a vivir en esa mediocridad, donde no estarás ni bien ni mal, e irás hacia adelante renunciando a ese sueño, al sueño que soñábamos juntos y queríamos hacer realidad.
No, no podré perdonarte nunca, porque no has entendido a quien tenías a tu lado, no lo has defendido nunca, no lo has respetado nunca, no te has preocupado nunca por su dolor, no te has parado ante nada para satisfacer tu egoísmo, pero sobre todo, y de esto estoy seguro, no lo has amado nunca. Y si un día, lejos de todas las estupideces que te rodean, recordará mis palabras, la música que escuchábamos juntos, el vino que bebíamos tumbados en el sofá, lo que yo te decía cuando te hablaba, los momentos que hemos compartido y cuanto hemos reído y llorado juntos, si recordará las sensaciones verdaderas que sentíamos el uno por el otro, lejos de las mentiras que han hecho solo que destruir…destruir…y solo destruir, será para mí un gran alivio, porque significa que te habrás convertido en una mujer.
Pero, como todo aquello que siempre te he dicho, y también lo que te he escrito en estas pocas líneas, lograrás olvidarlo fácilmente y deprisa. Sin mirar atrás.
Porque tú eres así, porque tú actúas así, porque tú vives así, y así no podrás cambiar nunca.
Adiós querida, que te vaya bien con tu nuevo amor, y con los viejos que sigue manteniendo, con quien harás las mismas cosas, dirás las mismas palabras, llorarás a lo mismo modo, y tendrás las mismas actitud, sin nunca llegar a entender la diferencia que existe entre un hombre y otro….
Buen viaje con tuna tour…