¿Alguien?
Pls, aún no entiendo qué pasó con el rp ._.

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¿Alguien?
Pls, aún no entiendo qué pasó con el rp ._.
Little Amanda || Cathe&Kristoff
— Tienes razón, pero debes admitir que al menos la pasamos bien. Aunque solo al principio —sonrió un poco, guiñándole el ojo de manera divertida a su amigo—. Unos pocos golpes no son nada grave, nada —ironizó, rodando sus ojos sin llegar a perder la sonrisa. Si algo era cierto, era que nada grave había pasado—. Es definitivo, Kris. Él y yo… Bueno, tuvimos algo cuando éramos jóvenes, pero eso murió cuando yo me fui con mis padres y Amanda todavía en la panza y lo dejé solo. No creo que… que podamos a volver a tener algo como en el pasado, ahora… ahora simplemente solo somos amigos y eso esta bien, por la niña —respondió, esta vez perdiendo todo rastro de diversión y de la sonrisa que la acompañaba—. ¡Eso es genial, Kris! Me alegro mucho por ti, te mereces lo mejor —le dijo, volviendo a sonreír con sinceridad ante la felicidad de su acompañante. Por alguna extraña razón, le gustaba que el castaño fuera feliz, hacia que sintiera mejor—. Oye no te preocupes, te entiendo, hiciste bien al llevarte. Pero eso si, exijo que me la presentes algún día —lo señaló con su dedo índice, casi como una amenaza pero obviamente bromeaba—. Yo estuve bien, solo me quedé para tranquilizar a Oli y luego me fui. Como te dije, la fiesta perdió su encanto y solo me apetecía dormir —repitió, tomando una servilleta para colocarla en el cuello del vestido de la pequeña, asegurándose así de que no se manchara—. Aquí tienes tu jugo —indicó con cariño a la bebé, dejando frente a ella su vasito de plástico lleno de aquella sustancia—. Gracias por todo, Kris, eres muy amable.
-Creo que jamás había tenido tantas ganas de emborracharme en la vida.- Comentó entre risas mientras recordaba que al comenzar la fiesta había decidido beber hasta no recordar más.-Aunque si no me equivoco, ambos teníamos las mismas ganas de perdernos en el alcohol, igualmente.- Acusó a la chica divertido.- Nada grave...- Escuchó en silencio cuando comenzó a hablarle de Oliver, de verdad tenía muchas ganas de ayudar a que Cathe pudiera formar una hermosa familia con su pequeña hija y su padre.-Cathe, creo que por algo no te quedaste. Por algo las cosas en el pasado no funcionaron ¿Para qué quieres que todo vuelva a ser como antes? Si de verdad estás enamorada deberías intentar algo nuevo, no basarte sobre los antecedentes de su relación.- Explicó, intentando alentar a la chica si de verdad quería conseguir tener a su antigua pareja de vuelta.- Muchas gracias, Cathe. Me encantaría que las dos se conocieran, de verdad. Creo que Kayla te agradará, es espectacularmente simpática y graciosa.- Comentó con una tonta sonrisa de enamorado.- No tienes que agradecer por nada, eres una de las pocas amigas que tengo aquí, por no decir casi la única, y te tengo mucho cariño. Por cierto.- Dijo, recordando el regalo que le había traído a la pequeña.- Ten Amanda, esto es para ti.- Dijo tendiendo un paquete de regalo que contenía una pequeña muñeca.- De haber sabido su encanto por la moda, le hubiera comprado otra cosa, espero que te guste.- Comentó, mientras bebía de su café.
--Sí, uh, claro que estoy bien… Quiero decir, ¿por qué no lo estaría? —sacudió levemente su rostro, obligándose a si misma a esbozar una sonrisita para corroborar lo dicho y así no crear dudas en el contrario—. Pero, de verdad, lo siento por haberte gritado. No era para nada mi intención.
La observó, asintiendo, pero algo le decía que la chica no estaba diciendo la verdad del todo, y aunque le hubiese encantado haberle ayudado, no era nadie para entrometerse en su vida.-Bueno, si tú lo dices. Soy Kristoff por cierto.- Dijo tendiendo su mano para saludar.- Oh, no te preocupes. ¿Sabes? Iba de camino a por un café, ¿Me acompañas? Si no tienes nada que hacer, obvio.
Ya había pasado una semana desde que él se había ido, aún cuando lo recordaba las lágrimas se hacían presentes en sus ojos, la castaña no había salido de su casa hasta ese día ya que no quería que nadie la viera de esa forma; encaraba el frío viento que aún hacía por las calles de Hales Hill intentando no fastidiar el paso de nadie. Para su suerte estaba llegando a la tienda de ropa con puro triunfo, mas algo le detuvo de pronto. Su muñeca se encontraba atrapada, o más bien, la pulsera que rodeaba la misma. Ésta se había atascado en la prenda de vestir de alguien y por lo mismo le impedía avanzar. Dio un paso atrás e intentó enfrentar a la persona—. L-lo siento… —se disculpó no muy segura de si debía hacerlo—.
El frío se hacía sentir en Hales Hill. Las personas caminaban apresuradas para volver a encontrarse dentro de algún lugar cálido y no congelarse en el exterior. Kristoff caminaba buscando algún café desconocido en el cual pasar un rato. Le encantaba descubrir lugares tranquilos y los cafés de caracterizaban por ello. Caminaba entre la gente cuando se dio cuenta que algo tiraba de su manga de camisa. Giró el rostro hacia atrás y se encontró con una chica, la cual tenía su pulsera enganchada en el botón de su manga.- Oh, lo siento.- Dijo volviéndose completamente, intentando desprender la fina pulsera. La gente seguía pasando, por lo que Kristoff hizo ademán de hacerse a un lado de la acera y así no chocar con las personas.- Soy Kristoff, lamento mucho esto.- Saludó a la morena con una sonrisa mientras seguía intentando liberar la pulsera.
—¿Te encanto? ¿Mucho, poquito..? —preguntó enarcando una ceja mientras se mordía el labio. —Está bien. Quizá tampoco habría servido mucho que me lo contaras, es decir, no soy muy buena con las palabras en ese tipo de situaciones —explicó haciendo una pequeña mueca. Arrugó el ceño al oír lo de los mensajes, ella había intentado contactarse con él y no había podido, pero saber que él también lo intentó la dejó más tranquila, por lo menos así sabía que había pensado en ella en esos días. —Pero si tú mereces el mundo —comentó con diversión al escuchar las siguientes palabras del castaño. Esbozó una sonrisa llena de fascinación después, no es que le importara el dinero o lo que sea que hubiese heredado el chico, pero le encantaba saber que él estaba dispuesto a compartir todo con ella, tanto como ella quería compartir su vida con él. Mordisqueó despacio su labio inferior, evitando que una sonrisa enorme dejara ver la inmensa alegría que las siguientes palabras pronunciadas por el mayor provocaban en ella. Y sí, ella sentía lo mismo, pero nunca antes lo había experimentado, por lo mismo no estaba segura si era el momento de decirlo (por más que quisiera gritarlo al mundo entero). Dejó la hoja del examen a un lado, usando aquel par de segundos para pensar en qué hacer o decir. Tampoco sabía si lo que sentía era amor, pues nunca había estado enamorada. Sí, había tenido citas. Sí, había besado a alguien antes. Pero nunca nadie la había hecho sentir como Kristoff. Lo que provocaba en ella era tan grande que temía que al exponerlo todo su mundo se derrumbara y su corazón se hiciera mil pedazos. —Si supieras cuánto te quiero te quedarías por siempre sin moverte de mi lado —dijo en voz baja, entrelazando por un instante su mano con la del contrario. Con una sonrisa, volvió a la posición que estaba antes y se acurrucó junto al cuerpo de su novio. —N-nada interesante. Ir y volver del instituto, escribir la carta a papá, estudiar, discutir con mis compañeras por la pizza…Oh, y extrañarte. Mucho, muchísimo. Eso es lo que más hice.
-Mucho es poco.- Respondió con una sonrisa en sus labios. - De igual manera me hubiera sentido mejor al tenerte ahí, haciéndome compañía. Pero ya no importa, ahora lo estás.- Dijo, no quería que ella se sintiera culpable por no haber estado con él en los momentos difíciles. Ya todo estaba atrás y no era necesario recordar.- Todo lo que merezco, ya lo tengo.- Dijo y le acarició la mejilla.- Estoy completo, nada me falta y soy feliz. - Sabía que estaba cayendo en los males del amor, que cada vez que una palabra salía de su boca era su corazón hablando, dejando salir las cursilerías que nacían con el sólo hecho de ver a su chica. Su respiración cesó por unos segundos. La mayoría del tiempo había quedado en evidencia el poder que tenía Kayla sobre él para hacerlo reír con cada cosa que decía, con cada acción. Pero aquello había sido algo inesperado, le había quitado el aliento con sus palabras y no sabía qué decir para que ella se diera cuenta de lo mucho que significaba para él.- Si tú supieras todo lo que yo siento, seguramente te asustarías y te alejarías.- Dijo con seriedad.- Me haces sentir millones de cosas por segundo, me siento tan complementado por ti, que nada más me importa. Sólo que tú estés aquí.- Respondió y la volvió a abrazar, oliendo su aroma que le enloquecía y sintiendo la calidez de su cuerpo sobre el de él.- ¿Carta a papá?.- Quiso saber. Mentiría si no dijese que le encantaría conocer la historia de su novia, saber el por qué de su situación. Qué la trajo a vivir con los Foster, pero sabía que era un tema delicado y debía esperar a que ella se abriera a él.- Yo también te extrañé mucho, pequeña. Excesivamente. Intenté hacer todo muy rápido allá para llegar cuando antes a tu lado.- Pasaron unos minutos en los que no dijo nada. Le encantaba estar así, viendo cómo estando ahí, con ella, todo al rededor era distinto. ¡Eres un maldito cursi, Kristoff!. Se dijo y volvió a estrechar a la chica entre sus brazos.- ¿Te gustaría ir a mi casa a ver una película? Podemos pedir pizza u otra cosa. Mis padres no estarán.- Dijo con timidez.- Aunque si no estás de acuerdo, no importa. Podemos hacer cualquier otra cosa.
Little Amanda || Cathe&Kristoff
— Algo debe de saber, pero la pregunta no es esa, la pregunta es si realmente lo ve como nosotros —respondió—. No lo sé, es una niña, por su cabeza pueden pasar muchas cosas —añadió con una sonrisa divertida dibujándose en sus labios, pues su hija solía ser tan imaginativa que casi siempre la tomaba desprevenida—. ¿Disculparte tú? Pues no acepto las disculpas. No fue tu culpa, Kris, Oliver tuvo que haberse medido —replicó, negando con su cabeza imperceptiblemente—. Tuve que haber actuado, llevarlo lejos o algo así. No debí provocarlo —masculló, dejando que el ojiclaro se encargara de hacer su pedido—. Pues… No muy bien, la verdad, pero lo intento —contestó, dibujando una sonrisa triste en sus ahora endurecidas facciones—. No te preocupes, después de que te fueras, yo también lo hice. Ya la fiesta no se veía atractiva. Pero ignoremos eso, ¿si? Mejor dime, ¿cómo te fue a ti con tu chica? Siento mucho que haya tenido que presenciar… eso.
-Sonrió ante lo que Cathe decía con respecto a su hija, viendo con cariño a la niña.- Está bien. Después de la fiesta me sentí un tanto culpable. Ya sabes... quizá si no hubiese sido por el alcohol que teníamos en el cuerpo, nada se hubiese salido de control.- Concluyó.- De todas formas, coincido contigo. Lo mejor es dejar todo atrás y agradecer que nada grave sucedió, más que unos pocos golpes.- Torció la boca, recordando que él también se había salido de sus casillas y había golpeado a Oliver.- Lamento mucho escuchar eso. De verdad quería que todo con él resultara genial. Que estuvieran juntos para la pequeña. Pero ¿Aún hay posibilidades, no? ¿O es algo más bien definitivo?- Se preocupaba de Cathe, ya la consideraba su amiga y aunque era poco el tiempo en el que la conocía, le tenía mucho cariño.- Kayla...- Dijo con una sonrisa casi involuntaria.- Bueno, todo fue perfecto. No sé cómo explicarlo de otra forma. Aceptó ser mi novia y estoy realmente feliz con ella.- Contó.- En cuanto la vi ahí quise sacarla de aquella situación. No sé, seguramente al ver cómo Oliver estaba, pensé que podría correr peligro y me alejé. Lamento haberlo hecho, luego me quedé muy preocupado por ti.- Justo en aquel momento el chico que los atendía llegó trayendo su orden. Distribuyó los cafés, jugo y galletas para cada uno y se retiró.
—¡Te he dicho que me dejes en paz! —exclamó antes de voltearse y ver que, claramente, le había gritado a la persona errónea. Esbozó una mueca ante su equivocación, bastante avergonzada por ello—. Perdón, pensaba que eras otra persona.
- ¿Lo lamento?.- Dijo Kristoff bastante confundido cuando la chica que iba delante de él de había girado para reclamar que la dejase de seguir.- Oh, no te preocupes.- Respondió haciendo una mueca con los labios.- ¿Te encuentras bien?
⊰ ♕ ⊱ ;; ▒░ El castaño se lo pensó, pero seguía sin hallarle mucha gracia al asunto, quizás si hubiese estado en presencia de toda la escena sí, le hubiese dado mucha risa. Le divertía, pero no era como para reírse, después de todo las mujeres solían ser demasiado dramáticas con esos asuntos. —Bueno, puede que sí, pero si no lo vi no puedo poner la imagen y no da la misma risa que te da a ti. Es decir, puede parecer telenovela venezolana, pero… Ok, si lo pongo con unas actuaciones tipo de Norkys Batista y Natalia Streignard peleando en Mi Gorda Bella te creo que la cosa es graciosa—.
-Sí, supongo que algo así.-Respondió torciendo la boca divertido. No conocía la serie o novela o lo que fuese que el chico acababa de citar.- De todas maneras, me hizo bastante gracia. Aunque luego me dio pena el hombre, quedó en medio de la calle humillado con la conciencia de que todo Hales Hill conocía su lío amoroso. De todas maneras, ¿Cómo has estado?- Preguntó.- Hace días no sabía de ti.
--Tú también lo eres, no me contradigas —se quejó frunciendo los labios y el ceño. Esbozó una sonrisa al oírlo y estiró apenas los labios para corresponder al beso. —Está bien, está bien. Soy preciosa —recitó divertida mientras con una mano sacudía su cabello, luego de eso, rió un poco. —Me alegra oír eso, y espero que ese color tan feo se pase pronto. No combina con tus ojos —bromeó antes de sentarse entre las piernas del chico, recargando su cuerpo contra el torso del mayor. Al escuchar su relato se sintió muy mal por no haberlo acompañado en ese momento que seguro fue muy difícil para él, aunque ya nada podía hacer, sólo quedarse a su lado y asegurarse que estuviera bien. Levantó la cabeza para así ver directo al rostro del chico y dedicarle una sonrisa. —Que bueno que estés más tranquilo, mejor, y que hayas hablado con tu tío. Lamento no haber estado contigo p-pero, bueno…No sabía —dijo, encogiéndose ligeramente de hombros mientras hacía una mueca. —No fue tan larga… —comentó despacio para no interrumpirlo. Se inclinó un poco hacía delante y luego giró su cuerpo, quedando así frente al chico. —Eso no me importa, me importa que estés bien y que sepas que nada de lo que pasó fue tu culpa. Millonario o no, sigues siendo muy importante para mí y sólo quiero verte sonreír —explicó con una sonrisa, colocando una mano sobre la mejilla del chico y acariciándola suavemente.
No pudo evitar esbozar una sonrisa ante su comentario. Sólo ella podía percatarse que su hematoma no combinaba con sus ojos.- Me encantas.- Dijo aún sonriendo. La atrajo hacia su cuerpo, acurrucandola entre sus brazos.- No te preocupes, Kay. Creo que por razones ajenas a nosotros no pude contarte las cosas cuando estaban ocurriendo, y al parecer los mensajes que te envié no llegaron.-Comentó. Había intentado ponerse en contacto con ella, ya que sabía que sería totalmente grosero irse del país sin antes avisarle, tampoco le hubiera gustado que ella le hiciese aquello a él.- Intenté resumirla lo más posible.- Respondió y besó la cabeza de la rubia. Se incorporó cuando vio que ella se levantaba y la miró.- Ahora lo sé, y también sé que quizá no merezca lo que mi tía me haya dejado, pero con la única persona que quiero compartirlo es contigo. Todo. Absolutamente todo.
Parecía que aquel comentario de la chica había marcado un antes y un después en la vida de Kristoff. En aquel momento se percató de lo muy importante que aquella pequeña chica era para él. De las miles de cosas que le hacía sentir por minuto y de que cada vez estaba cayendo más profundo por ella. Puede que fuese demasiado rápido, que unas semanas fuese un intervalo demasiado corto de tiempo, pero se había enamorado de ella y no quería saber lo que un mundo alejado de aquella rubia sería para él.- Tú me haces sonreír. Eres lo más importante que tengo y cada vez que te miro o pienso en ti, una sonrisa involuntaria se asoma en mi rostro.- Su relación aún era demasiado nueva como para confesar su nuevo descubrimiento acerca de su relación. ¿Qué pasaría si se asustaba? ¿Si aquellas palabras le hacían alejarse? No correría el riesgo, prefería esperar.- Ahora vuelve donde estabas y cuéntame qué has hecho estos días sin mi.
Little Amanda || Cathe&Kristoff
— Esta es —respondió, sonriéndole a la pequeña que la miraba fijamente con una copia de su sonrisa. Asintiendo, Cathe le dio así el visto bueno para que ésta saludara, asegurandole con sus ojos que todo estaba bien. Volviendo su pequeña cabecita hacia el hombre que tenía enfrente, le dedicó su más amplia sonrisa y le dijo con su cantarina voz: "hola"—. Dice que no le gusta mi sentido de la moda, que no lo tengo y entonces no acepta que le ponga lo que me gusta —bromeó riendo—. Gracias, Kris —le dijo, devolviéndole el abrazo con sumo entusiasmo. Después de la última vez que lo había visto, éste había quedado con el rostro morado—. Como vuelvas a decirme que no me preocupe, juro dejarte otro morado —lo amenazó en broma, sentándose en su silla a la vez que miraba a la pequeña castaña junto a ella—. Sí, por favor. Pero que sea un latte de vainilla y para Amanda… Un jugo de manzana estaría bien —respondió, pues aunque había aceptado a encontrarse con el muchacho, no permitiría que él pagara todo.
-Hola, Amanda.- Contestó a la pequeña niña con una sonrisa. No estaba acostumbrado a los niños, por lo que era una novedad conocer a una bebé.- ¿Lo dices en serio? ¿Sabe lo que significa sentido de la moda?- Preguntó sorprendido. No se imaginaba a una pequeña como aquella teniendo ese tipo de conversaciones con su madre.- Cathe, ya no hay nada que hacer. Supongo que esperar a que el golpe desaparezca y que me disculpes por mi actitud esa noche.- Dijo un poco avergonzado.- No suelo actuar así, pero me dio rabia.- Dijo justo cuando el mesero se acercaba a la mesa a pedir la orden.- Por favor, tráenos un latte de vainilla, un jugo de manzana, un mokaccino y una porción de galletas.- Pidió al chico, que luego de tomar su pedido se fue.- ¿Y cómo has estado? ¿Cómo resultaron las cosas después de... ya sabes?- Preguntó, mirando hacia la pequeña. No sabía si sería pertinente consultar a Cathe por el padre de Amanda justo frente la niña, por muy pequeña que fuese podía escuchar cosas.
Bajó la cabeza y dejó que algunos mechones de su cabello cubrieran sus mejillas, las que ahora se encontraban rojas tal cual tomate, todo producto de las palabras del mayor. Mordisqueó su mejilla por el interior de la boca, evitando así comentar algo tonto como de costumbre, y se limitó a sonreír. —Estúpido, torpe, idiota…Pero hermoso —dijo haciendo un ademán con la mano mientras sonreía con ternura. Dejó de sonreír al escuchar la razón por la cual había viajado fuera del país, no le había dicho nada de eso y en cierto modo se molestó por ello, pero no quiso hacérselo saber, ya no tenía caso. —¿Eso era por lo que estabas triste el otro día? —preguntó, recordando el día en que habían ido juntos a la feria y ella notó que algo andaba mal con el chico. Volvió a sonreír. --No, no, no. Nada se ve tan bien como nosotros —corrigió. Acomodó otra vez su cabello y se colocó frente a su novio nuevamente, observándolo con una sonrisa. —¿Preciosa? La cadena hace magia, entonces —bromeó. Buscó la mano del contrario y la entrelazó con la suya, caminando hacía el césped. —Sentémonos aquí, y me cuentas también cómo va eso —dijo antes de sentarse, señalando el golpe en su barbilla, que ahora apenas lograba verse por el pasar de los días pero ella lo notaba perfectamente.
-No, tú eres hermosa.- Respondió con una sonrisa y tomado de su mano la siguió hasta el pasto.- La única preciosa eres tú, la cadena sólo es un complemento, cariño.- Dijo agarrando el rostro de la chica entre sus manos y dándole un tierno beso.- Eres preciosa así que deja de decir lo contrario, por favor.- Dijo con ternura.- Y mi mentón está bien, ya no duele. Sólo es el feo color que queda.- Se sentó en el pasto, apoyado sobre un árbol, esperando que ella pudiese sentarse entre sus piernas y apoyarse en él.- Sí, era por eso por lo que estaba mal.- Contestó a la pregunta anterior.- Mi tía fue quien me crió durante 10 años, estuve con ella cuando pasaba por mi edad más vulnerable y siempre me dio lo mejor, en todo sentido. Falleció en un accidente de tránsito, y bueno... me sentía mal. Muy mal. Culpable, porque si yo hubiese estado ahí puede que las cosas hubieran resultado diferentes.- Suspiró.- Pero ya estoy más tranquilo. Hace unos días recibí una llamada de mi tío, diciéndome que debía viajar a Liverpool porque mi nombre estaba incluido en el testamento de mi tía. Independiente de lo que ella me heredó, me sirvió volver a la casa, a ver a mi tío. Tuvimos una larga conversación y me tranquilizó bastante.- Explicó.- Te dije que sería una larga historia. Y por cierto, ahora soy millonario.- Confesó a la chica esperando su reacción.
Little Amanda || Cathe&Kristoff
Era complicado, vestir a una niña de tres años era complicado. Ella quería muchos colores, Cathe quería algo sencillo, unicolor. Ella quería mucho brillo, Cathe quería ponerle unos simples brillantes y listo. Y, por si fuera poco, tenia que vestirse ella; quizá debió decirle a Kristoff que tardaría más de lo normal. Pero, sin embargo, logró culminar con su misión, vistiendo a su pequeña hija con un vestidito color blanco y puntitos rojos, atando un lazo color blanco a su castaña cabellera. Por otro lado, su imagen le importo muy poco, colocándose una simple camisa color blanco y unos pantalones de mezclilla.
Después de dos horas y media, cuando estuvieron perfectamente listas, Cathe tomó el primer taxi que pasó cerca de su vivienda y se marchó al café donde su amigo la estaría esperando, llegando al mismo en cuestión de minutos. Un poco apurada y suficientemente apenada por su tardanza, entró en el local a la misma vez que sus ojos buscaban el rostro conocido del hombre entre el mar de gente. Encontrarlo no fue difícil y, sonriendo, se acercó a él. — Lamento mucho, muchísimo la demora, Kris. Al parecer alguien no se sentía muy cómoda con lo que mamá elegía —se disculpó, sonriéndole a la misma vez que tomaba a su hija en manos para colocarla en una pequeña silla, que, muy amablemente el mayor había pedido. Después de llevar a cabo sus acciones, se fijó en su amigo una vez más—. ¡Kris, mira tu cara por Dios!
El tiempo pasaba y el reloj continuaba marcando la hora, cada vez más tarde. ¿Se habrá olvidado de él? Se preguntaba. Decidió esperar más tiempo y permanecer ahí, debido a que no tenía mucho que hacer en su casa y siempre acostumbraba a sentarse en cafeterías a beber café y ver a la gente pasar. Sabía que podría ser difícil preparar una salida con una bebé en menos de media hora, por lo que al cabo de más de dos horas, y luego del segundo café del moreno, seguía ahí. Había conseguido una revista que el mesero muy cordialmente le había facilitado. Estaba completamente inmerso en un reportaje acerca de nuevas tecnologías ecológicas, cuando sintió la voz de la chica cerca suyo. Rápidamente levantó el rostro del papel y se encontró a Cathe con una pequeña clon en sus brazos.- ¡Cathe! No te preocupes, supuse que ibas a demorar. ¿Así que esta es la pequeña Amanda a la que no le gusta vestir lo que mamá elige para ella?- Preguntó acercándose a la bebé y acariciando su cabecita.- Es preciosa.- Comentó y se acercó a Cathe, para saludarla con un abrazo.- No te preocupes, no es nada.- Respondió restando importancia al hematoma azulado que tenía en la parte baja de la mejilla.- Ya pasará.- Dijo volviendo a tomar asiento.- ¿Café?- Preguntó a la chica mientras miraba al mesero para que les atendiera.
Se mordió el labio al escucharlo. Si creía eso, seguro estaba completamente loco. Rió — N-no es cierto… —le contradijo, todavía riendo un poco. Su sonrisa se hizo aún más extensa por las siguientes palabras pronunciadas por el castaño, le encantaba la forma en que la trataba y cómo le hablaba. —Y yo a ti —contestó haciendo pucheros —, ¿dónde te habías metido? —preguntó está vez frunciendo un poco el ceño. No lo había visto desde la fiesta en la gran fogata, lo había buscado pero no había obtenido resultado, comenzaba a creer que no quería ser encontrado. Lo observó curiosa al oírlo, preguntándose qué es lo que tenía que contarle, más dejó aquello de lado al ver la cadena. Abrió la boca y los ojos, sorprendida. Al recibirla lo primero que hizo fue detenerse en el dije y admirarlo. —¿Bromeas? Es hermosa, y…Wow, nuestras iniciales se ven realmente bien juntas —comentó mientras sonreía. —Gracias —se acercó a él y dejó un rápido beso sobre sus labios. —¿Me ayudas? —preguntó señalando la cadena mientras levantaba parte de su cabello con una mano y se giraba un poco.
Acarició con ternura el rostro de la chica y respondió.- Eso es exactamente lo que más me encanta de ti, el hecho de que tienes una mirada tan hermosamente tierna, pero que de vez en cuando tiene sus toques sexys, pero no en el sentido tosco de la palabra, sino en el coqueteo más hermoso que puede existir.- Explicó para luego bajar la mirada un tanto avergonzado.- Me pongo estúpido cuando hablo de ti.- Reconoció, volviendo a mirar a los ojos a su novia.- Tuve que viajar a Londres, por la muerte de mi tía. Es una larga historia que te contaré.- Asintió sonriendo- Se ven realmente bien juntas ¿No? Así como nosotros.- Dijo sonriendo ante el rápido beso.- Claro.- Tomó la pequeña cadena y la abrochó al rededor del cuello de la rubia.- Te ves preciosa.- Dijo una vez viendo cómo le quedaba.- Me alegro que te haya gustado.- Volvió a abrazarla.- ¿Te parece si vamos a sentarnos un rato en el pasto o a algún lugar para charlar?
— ¿Me estás grabando? —le preguntó aquella persona, que Mikaela amablemente le había pedido que la grabara para un vídeo para alguna red social. Ella tomó aquel vestido por las puntas, para luego dar una vuelta y quedar frente a la persona con una tierna sonrisa en sus labios. — Por favor, dime que me has grabado bien. Creo que moriré si doy una vuelta más. —exagero.
-Terminarás tirada en el piso de lo mareada que quedarás, Mik.- Respondió con una sonrisa mientras veía lo que acababa de grabar.- Creo que quedó bastante bonito. Ten.- Dijo esperando a que ella lo viera y dijera qué le parecía.
Little Amanda || Cathe&Kristoff
El tiempo había pasado más rápido de lo que esperaba, por lo que no se dio cuenta cuanod ya habían pasado quince minutos desde que había acordado encontrarse con Cathe y su pequeña hija en la cafetería en media hora. Rápidamente se pudo unos vaqueros y una camisa casual, tomó sus pertenencias y un pequeño regalo que le tenía a la bebé de su amiga y partió hacia la cafetería.
Luego de apresurarse logró llegar a la hora al local, entró y comenzó a buscar el rostro de Cathe por las distintas mesas, pero no la encontró, por lo que decidió tomar asiento en una mesa para dos que estaba cerca de una gran venta, solicitar una silla para bebé y esperar a que llegara su amiga.
catheodair
⊰ ♕ ⊱ ;; ▒░ —Vamos, eso no da nada de risa—.
-¿Cómo que no?- Preguntó entre risas.- Estoy seguro que si lo hubieras visto como yo, estarías muriendo de risa.- Dijo con respecto a la tonta historia que le había contado al chico acerca de una pelea entre una pareja que había visto en la calle.- La chica estaba vuelta loca por haber encontrado mensajes en el celular de su hombre. No le importó que todo Hales Hill se enterara. Estaba en medio de la calle gritando a los cuatro vientos cuánto le odiaba.- Volvió a repetir entre pequeñas risas.- Mejor que una telenovela.- Dijo haciendo gestos.
Alzó una de sus manos ante las palabras del chico, mirando hacia el techo haciendo ver que daba gracias a alguien. — Al fin alguien que piensa como yo. ¿No crees que deberían despedirla? —cuestionó de forma retorica, pues aunque la muchacha no le había echo nada malo, le molestaba tener que esperar. Aquella misma mano, la usó para devolverle el apretón al castaño. — Arthur.
Con una sonrisa estrechó la mano del chico y contestó.- Quizá sea un tanto extremo. Puede que la pobre chica requiera del trabajo, aunque no está hecha para aquello.- Comentó.- ¿Te parece que compartamos una mesa, Arthur?