Las escaleras parecían no tener fin. Desde que había llegado a la playa sus ojos no se podían desprender de la enorme estructura de piedra en forma de caracol, y, mientras más la veía, más parecía alargarse.
Inhaló y exhaló varias veces, dejando que el aire lleno de sal llenara sus fosas nasales. El mar a su derecha estaba bastante inquieto.
-Padre, tengo miedo -dijo con un susurro.
Inmediatamente empezaron a llegar a sus oídos palabras alentadoras, palabras que levantaron su pie derecho al primer escalón de la escalera, palabras que solo ella podía oír y traducir.
Su cuerpo ganaba inercia con cada combinación de sonidos, haciendo que cada escalón fuera más fácil de subir que el anterior.
Cuando iba a la mitad del camino vertical, algo en el fondo llamó su atención. Un gritó provenía del mar. No tardó mucho en divisar la persona que producía el molesto sonido; esta estaba tratando de nadar hacia la orilla, esquivando todos los cuerpos inertes de personas flotando. El agua debajo de la persona se empezó a mover rápidamente en forma de remolino. Un tiburón de un ojo saltó hacia el aire y sus fauces aterrizaron en la persona, callándola para siempre.
Siguió subiendo por la escalera hasta que llegó a la cima. Una plataforma suspendida en el aire se extendía en frente de ella, no era tan larga como la misma escalera, pero solo de verla le dieron nauseas. ¿Qué pasaría se caía? ¿Su alma desaparecería justo como la del hombre en el mar? Después de unos segundos simplemente dejó de pensar, esas dudas ya no importaban ahora. Tenía que completar el trabajo.
Al fondo de la plataforma se podía distinguir un gran objeto café, todavía estaba muy lejos para poderlo ver bien.
Después de unos pasos por fin llegó al final de la plataforma.
El escritorio de madera era bastante pequeño, lo suficiente para que pudiera sentarse una persona en frente de él, aunque eso no le quitaba lo elegante. En las patas del escritorio estaban grabados a mano diseños florales. A los costados del mueble hay dos cajones adornados con manijas redondas también decoradas. En medio de la superficie del escritorio se encontraba una maquina hecha de metal macizo. Encima de las teclas de la maquina estaban pintadas elegantes letras de tinta negra. Al lado de la maquina de escribir estaba una resma de paginas completamente blancas, apiladas en una torre perfecta. Rápidamente paso las yemas de los dedos por las hojas apiladas, haciendo que el chocar del papel produjera un armonioso sonido
Atrás del escritorio había una pequeña silla de madera blanca. No tardo en sentarse en ella, acomodando los pies debajo del mueble.
Pasó los dedos lentamente por las teclas de la maquina de escribir, estas parecían hablarle justo como lo había hecho la voz unos minutos antes. Todavía no había empezado con las visiones y las teclas ya empezaban a hablarle, le decían varias cosas que no debía olvidar plasmar en las hojas de la resma a su derecha. Casi había perdido la lucha contra la tentación de empezar a azotar los círculos de metal con sus dedos, sin embargo, resistió bien. Todavía no era hora.
Delicadamente tomó la primera hoja de la torre de papel y la introdujo por el rodillo. Con su mano derecha empezó a girar la perrilla derecha de la máquina. La hoja empezó a surgir por la parte frontal del rodillo. Ajusto la altura y posición del indicador de línea justo para que la tinta de la cinta diera en medio del papel.
Después de unos segundos de preparación mental, sacó la tira de tela negra guardada en el escote de su vestido y se la puso en los ojos, bloqueándola de cualquier indicio de luz. Y entonces, empezó a escribir.
“El cielo empezó a tornarse de un color rojo y la tierra empezó a levantarse. Todas las fuerzas de la tierra eran deformadas por los actos de nuestro padre”
Sus dedos bailaban rápidamente en las teclas de metal. Cada vez que presionaba los círculos las piezas de metal hacían un sonido sordo al chocar con la cinta y después con el papel. Las visiones continuaron y ella siguió escribiendo.
“La gente gritaba buscando una ayuda inexistente. Buscaban desesperadamente ayuda en sus maquinas sin aceite. La humanidad se había estado enchuecando desde el día en que descubrieron que sus manos era instrumentos para interactuar y modificar el mundo que se les había entregado. La envidia, lujuria desenfrenada y egoísmo habían habitado con ellos desde hace mucho tiempo”
Algo en su cabeza la estaba corrigiendo. No había que centrarse en los sentimientos de las criaturas, ese capítulo era únicamente para describir entornos. Rápidamente cambio a las palabras que se habían formado en su mente y volvió a poner los dedos en las teclas circulares.
“El cielo se empezó a abrir dejando pasar las llamas azules que habían formado todo desde un principio. El fuego empezó por desintegrar las grandes aglomeraciones de criaturas, siempre cuidando de que las estructuras que intentaban tocar al cielo quedaran hechas cenizas”
Mas palabras de aliento, lo estaba haciendo bien.
“El fuego terminó con las zonas del norte. Las criaturas del sur estaban empezando a migrar a los polos de tierra. Ellos estaban listos para escuchar”
Se empezó a preguntar el orden el que se estaban formando las visiones en su cabeza. ¿Por qué su padre eliminó las zonas del norte primero? Siempre había pesado que el fuego empezaría por el hemisferio central de la masa de tierra. Tal vez quería que el mensaje fuera mas potente, sin embargo, a ella se le hacía innecesario.
Ahora podía escuchar palabras crueles, a su padre no le gustaba que pensara mucho. Ella era simplemente una escriba, no una pensadora.
-Padre, simplemente tengo curiosidad. A pesar de la oscuridad en la que está mi mente exterior, todavía puedo pensar con claridad. Necesito saber si estoy haciendo lo correcto, por lo menos con este planeta.
Silencio. Tenía miedo de que su padre lanzara su ira contra ella, pero solo obtuvo un silencio desgarrador. Ahora que todo estaba tranquilo el sonido del mar era mas reconocible. Las olas que impactaban en la costa no estaban solas, se podía oír el sonido seco de carne blanda contra la arena.
Ondas de ardor rojo impactaron su cabezo cual un proyectil. Empezó a retorcerse en la superficie del escritorio, golpeando con sus manos el frio metal de la maquina de escribir y desordenando las hojas de la resma.
-LO SIENTO PADRE -gritó al aire salado- NO TENGO DUDAS, NO TENGO DUDAS, NO TENGO DUDAS.
Las ondas de dolor abandonaron su cabeza y de sus ojos empezaron a salir lagrimas color rojo que se escurrían por debajo de la tela en su cabeza. Y entonces, puedo ver a su padre de nuevo.
La forma de su padre siempre había sido un misterio infinito. Su forma siempre cambiante parecía expresarse la mayor parte del tiempo como una esfera llena de gases de colores. Pequeños tentáculos de gas color verde empezaron a salir de la esfera y se estaban enrollando en la cintura y caderas de ella. Se sentía cálido, era como si sobre ella hubiera caído una cuneta llena de plumas tibias. Uno de los tentáculos le levantó la barbilla con movimientos suaves, otros dos se dirigieron hacia sus manos y las levantaron hacia delante. Sus dedos volvían a tocar las teclas de metal y esta vez, no dejaron de danzar sobre ellas.
Sus falanges se movían tres veces mas rápido, plasmando sobre el papel hasta el más mínimo detalle, no dejaba nada a la imaginación. Describía velozmente diferentes tipos de sufrimiento y miseria, también narraba los actos de amor que las criaturas seguían consumando. Sin embargo, lo que más estaba describiendo era el sentimiento de gratitud, a veces lo describía como un dolor bastante agradable, otras veces lo hacía poniendo énfasis en el calor que sentían las almas al ser tocadas justo como la había tocado su padre.
Las yemas de sus dedos empezaron a sangra justo cuando llegó al capítulo final. Había escrito en cuarenta y tres hojas, dejándolas llenas de tinta con significado.
Tomó otra hoja, la puso en el rodillo, giro la perilla y puso sus dedos sangrantes en las teclas. Este era un capitulo importante, no debía de ir tan rápido.
“… Al final, todo estaba reconstruido. Incluso la simple y a la vez compleja mente de las criaturas había cambiado. Ciudades enteras se habían formado en sus pensamientos, ciudades que no trataban de llegar al cielo. El padre trasladó a toda vida pensante a los jardines del centro de la tierra. Grandes arboles llenos de fruta crecían de la fértil tierra. Nuevas criaturas no tan inteligentes empezaban a habitar con las de pensamiento completo”
“El inicio de un nuevo ciclo”
Se quitó la venda de los ojos y exhalo profundamente. No había sido fácil, pero lo había logrado.
Tomó las cuarenta y cuatro hojas y se paró de la silla para volver en sus pasos hacía el inicio de la escalera. Bajaba los peldaños bastante despacio, no quería caer a pequeño abismo. En medio del trayecto volvió a desviar su mirada al mar. Millones de cadáveres adornaban el agua, unos flotaban sobre sus espaldas, otros agitaban sus brazos desesperadamente en busca de algo en que sujetarse. Los tiburones empezaron por los mas alejados de la orilla.