Ya no resido en esta realidad. Ahora me encuentro en las líneas de mis libros. En ese pequeño fragmento de texto que elijo subrayar; donde aparece mi reflejo, donde soy felizmente desdichado. - Gregdz




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Ya no resido en esta realidad. Ahora me encuentro en las líneas de mis libros. En ese pequeño fragmento de texto que elijo subrayar; donde aparece mi reflejo, donde soy felizmente desdichado. - Gregdz
Cumplo 26 años el 25 de marzo y, por primera vez, no siento nada…
Solo me sorprende ese vacío.
No me ilusiona ni un poco. No estoy ansiosa por ningún plan, ni grande ni pequeño, para ese día. Es extraño admitirlo, pero siento que cada vez estoy peor.
De aquella joven espléndida y soñadora queda muy poco. La oscuridad que llegó a mi vida hace algunos años se instaló en mi cuerpo y no me ha dejado avanzar, no me ha dejado vivir. Mi estilo de vida se parece más al de un adulto mayor que al de alguien de mi edad, todo por culpa de esta amarga enfermedad.
Me he quedado tan triste… que hoy siento que soy apenas un trapo.
Y cuando, de la nada, me invaden esas ganas desesperadas de escribirle al que fue mi última ilusión —una ilusión unilateral— me obligo a detenerme, casi con una fuerza sobrehumana. Porque mi vida, tal como está ahora, no es la ideal para invitar a alguien a entrar en mi corazón cuando todo es un caos. Sería egoísta.
Nadie se imagina el deseo voraz que tengo de tenerlo cerca…
de ver sus ojos verdes mirando los míos,
de sentir que me abraza una vez más.
Mi corazón solo ha sabido conservar los buenos recuerdos. Todos mis esfuerzos por quedarme con lo insignificante que me hizo sentir fueron inútiles.
Aunque ya no sufro como antes, su recuerdo —blanco, luminoso, silencioso— aún me persigue y trae consigo una melancolía profunda: la de no haber podido disfrutar, ni siquiera un poco, de un amor real. De ese amor que te hace sentir que la vida, a pesar de todo, no es tan mala.
Entonces me pregunto:
¿Qué hago ahora?
¿Sigo esperando a que ocurra un milagro en mí y todo cambie para mejor?
¿A que llegue, por sí solo, el buen amor… mientras pasan los días y me hundo lentamente en el mar de la desesperanza?
¿Continúo ignorando a mi corazón, sin permitir que mi debilidad por aquella vieja ilusión vuelva a crecer?
Pero mis fuerzas empiezan a flaquear…
Me siento cada vez más vulnerable. Resistir con valor hasta el final ya empieza a parecer una tortura.
A veces siento que, en cualquier momento, mi alma puede desfallecer… En el fondo quiere que aquella última ilusión le devuelva el aliento, sin importar nada más.
Una Ausencia Irreprochable
No sabía, hasta este momento, que el amor podía herir con tanta fineza, que su partida dejaba en el alma no solo un vacío, sino una punzada persistente, una como la última luz de la tarde que se apaga sin promesa de amanecer. Me duele admitirlo, pero si el amor se disipa con tal facilidad, ¿acaso fue real? ¿No es su misma fragilidad una prueba irrefutable de su inexistencia?
No, no puedo disfrazar tu indiferencia con la indulgente metáfora del agua que adopta la forma de su recipiente. Hubiera sido más honesto aceptar que, si no vi tu amor, fue porque nunca estuvo allí para ser visto. Quizás se deslizó por los mismos vacíos que te atormentan, quizás fue solo una sombra proyectada sobre la pared de mi esperanza. Pero el amor verdadero no se adapta a las formas que no existen, no se moldea a conveniencia, ni sirve de bálsamo para heridas que nunca pretendieron sanar.
Porque el amor, cuando es puro, no se contiene: fluye, arde y se entrega sin medida. No intentes someterlo, pues el amor no se deja encadenar por manos temblorosas. Y sin embargo, tú creíste poder sujetarlo, hacerlo tuyo con la misma displicencia con que se recoge una flor que no se piensa regar.
¿Cómo puede doler aquello que jamás existió? Ah, pero el dolor tiene sus propios designios y se complace en mostrarnos que no es la pérdida lo que hiere, sino la ilusión de lo que pudo haber sido.
Así me despido, no de ti, sino del amor que nunca fue, de la quimera que tejí con las hebras de mi anhelo.
- Melady Guizado (2024)
[Pregúntenle a otros]
Cuando somos desgraciados, sentimos más la desdicha de los otros; el sentimiento no se divide, sino que se concentra.
Fiódor Dostoievski, Noches Blancas
«Tener que desear: para no ser felizmente desdichado. Respira el cuerpo y anhela el espíritu. Si todo fuese posesión, todo será desengaño y descontento; aun en el entendimiento siempre ha de quedar qué saber, en que se cebe la curiosidad; la esperanza alienta, los hartazgos de felicidad son mortales. En el premiar es destreza nunca satisfacer; si nada hay que desear, todo es de temer: dicha desdichada; donde acaba el deseo, comienza el temor.»
Baltasar Gracián: «Oráculo manual y arte de la prudencia», en Obras completas. Cátedra, pág. 403. Madrid, 2023.
TGO
@bocadosdefilosofia
@dias-de-la-ira-1
Podría haberte perdonado si hubiera sido un error. Lo que hiciste fue miserable, ruin, mezquino y eso no lo puedo perdonar.
Lo que callas para no herir a los demás es lo que en algún momento te herirá a ti. No sé qué es lo que quieras obtener de esta verdad no dicha, pero te aconsejo te apresures a hablar si no quieres ser partícipe de una pronta desdicha.
Little Moon
¿POR QUÉ NO CONMIGO?
Sin pensar si estuvo mal o estuvo bien
No hay peor dolor que el grito ahogado
De un alma separada
De su cariño desesperado
Un alma que quiere sin ser querida
Un corazón que ama sin ser amado
Y es que ya ni escucho de cupido su llamado
Pues en mi sentir hay algo que se ha apagado
No lloro, no extraño ni siento
Solo sé que arrastro algo muerto
Talvez es un adiós o un hasta pronto
Porque no se vive de migajas y cuentos
"Estoy cansado, jefe" gritaban mis pensamientos
Por luchar por un cariño negado
Y por mi sueño siendo aplastado
Medido por la varilla de tu indiferencia
Voy caminando sangrando con mucha paciencia
En el sendero del eterno talvez de tu olvido
Y es que demuestras que lo nuestro no tiene futuro ni pasado
Lo único que quize fue estar a su lado
Más me lamento por vivir tanto tiempo frustrado
No hay peor dolor que amarte sin ser amado
De un lazo inexistente en cada paso que he dado
Más agradezco siempre su sonrisa
Que me mantuvo firme en mi propósito
Con sus ojos preciosos que bailaban con la brisa
Dejan un corazón destrozado
Ahogado en un desierto árido
Ahora son solo mentiras que se atan a mi cuello
Solo alucinaciones mías al admirar tu rebelde cabello
Más las lágrimas no caen de mi rostro
Talvez es mi forma de lamento que avanza sin rastro
Ella quizá ni sabe lo que siento
Yo quizá no me dí valor suficiente
Sé que no fallé y aún así lo lamento
Quizá mi timidez no me dejó ser más transparente
Pero si alguien me pregunta si la quize
Nada más sabré decir que la adoré
Y nadie podrá negar que lo intenté
Lo mucho que la hubiese amado
Lo mucho que la hubiese querido
Lo mucho que de mi lado desvanece
Mi pequeño girasol, mi pequeño rayo de luz, la linda chica que me conquistó posando su delicado rostro en mi hombro, me quedo callando mi puro sentimiento, solo preguntando, y ¿Por qué no conmigo?
¿Tengo que ser siempre a quien le dicen que se merece lo mejor y no recibo nada?
-Bes