De todas las sendas que en mí se abrían,
elegí la tuya, aun viendo el final;
como quien abraza su propia herida
sin esperanza de poderla cerrar.
Decidí quererte… y en ese intento
hallé solo sombras, silencio y pesar;
fui llama errante sin rumbo ni aliento,
fui eco perdido que nadie oyó jamás.
Y lo más triste de esta caída
no fue el abismo que logré alcanzar,
sino saber que en toda tu vida
nunca fui algo que pudieras amar...
La decisión de Eva..









