[El proceso de] invertir en ti mismo.
Por un largo tiempo, me quedé pensando en que cada día que pasaba, me aislaba más y más de todo y todos a mi alrededor. Me encontraba sumergida siempre en pensamientos y acciones parte de la rutina frenética que había adoptado hace ya un "par" de semanas, que, realmente y sin darme cuenta, se habían convertido más bien, en meses [bastantes meses, cabe recalcar].
Pensaba ansiosa, y sin mentir, también algo estresada pero determinada, en ganar el tiempo suficiente a cada día para realizar cada acto, cada responsabilidad, cada obligación y también ¿por qué no?, cada capricho mío; trataba de estirar las 24 horas del día tanto como pudiera, como si se tratara de no dejar escapar ni un solo segundo de los 86, 400 existentes.
Asfixiante era tratar de controlar cada segundo, y claro, tampoco era un pensamiento muy sano o saludable que digamos... Sin embargo, priorizando un poco cada actividad de las que formaban, o más bien, forman parte de las distintas dimensiones de mi vida, me di cuenta que podía con muchas de las cosas o situaciones.
Sí, admitiendo que aún desgastandome en algunas ocasiones o sacrificando otras tantas...
No obstante, este texto no va tanto de eso —de la forma en la que, por un largo tiempo, exhausta y sin ánimos terminaban la gran mayoría de mis días—; sino en que, a pesar de tener este ritmo ajetreado y desgastante de vida –que podría considerarse para algunos ser tan común a ser algo extraordinario...— no podía dejarme de lamentar aquella "soledad" y "aislamiento" que les mencioné al principio y de la cual, estaba siendo condenada.
Condenada por mi propia cuenta, por mi propia mente.
Condena mía que, cuando esos segundos, se convertían en horas en las que por gusto propio o azares del destino, tenía libres, es decir, ninguna ocupación me 'pisaba los pies'; se aparecía, recordándome lo vacía y sola que podía estar.
¿Vacía y sola? Sí. Así me sentía, por muchas cuestiones tanto de mi exterior como principalmente, mi interior.
Leer: Obra de una chica solitaria (es mi entrada anterior) para más detalle.
Este tormento propio, me empujó a toparme y aceptar ese único día libre que tenía en mis manos, cada salida de personas a las que pensaba, disfrutaban de mi compañía y valoraban el tiempo que les otorgaba. Sin embargo, por desgracia o por gracia del destino —siempre enseñándome, quiero creer— terminaron malgastado mi tiempo y peor aún, mi cariño, atención y bueno, muchas cosas que tampoco van al caso.
Esto hizo que sí, confirmará que en cierta forma estaba sola y aislada... pero, mirando fuera de ese rincón del cual muchas veces me situaba; y mirando atrás, por encima del hombro...me percaté que también estaba progresando en muchas aspectos.
Había recorrido tanto y logrado cosas que no me creía capaz si le contará a una versión mía del pasado.
Es aquí en dónde la frase «invertir en si mismo» cobro sentido.
Invertir en ti mismo, como leerán, puede ser un proceso duro, largo y confuso, porque podrás pensar como yo, que estar pendiente de ti, es querer y estar completamente solo; y sí, no te mentiré, muchas de las actividades que realizarás serán de esa forma. No obstante, el apegarte cada vez más a tus hábitos, convicciones e intereses podrán hacerte sentir mejor y así como el proceso puede verse intenso, lo vale, y la recompensa que obtienes cada vez que recorres más el camino que trazaste en un principio; alcanzando el más mínimo objetivo, valdrá aún más la pena.
Además, cabe recalcar, que las personas que realmente les interesas, que entienden este camino, estarán para ti. Estas personas que valen la pena sabrán, comprenderán o tal vez simpatizaran con esta situación. Y mejor aún, y con poco de suerte, encontrarás personas que te ayudarán en ese proceso de alguna forma u otra.
Así que,
no te sientas perdido, ni solo. Simplemente estás invirtiendo en ti, ¿Y sabes que puede permitirte eso al final?
El invertir en los demás.
...en los demás que amas.













