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SODA STEREO | En tiempos de Canción Animal
Gus, Zeta y Charly, junto a Daniel Melero y Tweety González Sesión de fotos inédita en la Parroquia San Patricio para revista Pan y Circo Belgrano, Buenos Aires, 1991
Fotografías: Gustavo Di Mario
"Cruza el amor, yo cruzaré los dedos"
Puente - Gustavo Cerati
Liberty Enlightening the World
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©Amrit Brar
Newspapers in 1962
"Hay algo en el generoso y abnegado amor de un animal que llega directamente al corazón de aquel que, con frecuencia, ha probado la falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre."
- Edgar Allan Poe
La influencia del arte en el cine.
Supuestamente así le quedó el rostro a Kurt Cobain después de dispararse contra sí mismo con una escopeta.
“HIJO DE LA LUNA, LA LEYENDA GITANA”
En una triste noche oscura y tenebrosa se acerco una dama gitana al mar, llorando por el desconsuelo de un querer maldito que la abandonó, se fue el hombre a quien ella su amor y pasión entrego y tan solo el dolor y la soledad quedo… lloraba ella y en luna su única esperanza encontraba, pues ya eran muchas las desilusiones de ella.
La Luna amaba al Sol, pero los dioses la habían condenado a no poder unirse con su amado, porque si no, dejaría sin luz al mundo. No, no podía sufría la pobre dama que en su ceno a un ser quería cuidar, sentir su piel y el placer de engendrar pero la luna estéril era. Su único consuelo era ver a su amado Sol por unos segundos, cuando unos gitanos hacían un rito en el que los unía que la gente llamó eclipse.
La gitana se encontraba en un pequeño claro del bosque, tristemente iluminado solo por una enorme luna llena. La joven estaba arrodillada en una roca sollozando. Lo tenía todo preparado para invocar a la luna y reunirla con el Sol, tenía todo lo que necesitaba.
Ella pensó que esa misma noche sus problemas acabarían, al fin. Desde el anochecer llevaba allí, el amanecer sería la hora apropiada. Había pasado toda la noche con los preparativos para aquel rito. Ya casi era la hora, ya veía aparecer los rayos del Sol en el horizonte. En seguida la Luna huiría de el y sería en ese momento de debilidad cuando podría hablar con ella y pedirle un hechizo de amor.
Justo cuando aparecía el Sol, un solitario rayo de la Luna iluminó el pequeño claro, y en el rayo venía una doncella. ¿Porqué me has llamado, joven gitana? –habló una joven que en realidad no estaba allí.
Era una mujer muy joven y anciana a la vez, hermosa como ninguna, era ni más ni menos la Luna, siempre desdichada. Era la mujer engañada por excelencia, la que amaba y era correspondida pero no podía estar con su amado más que una vez al año. Y cada vez que eso ocurría el mundo se estremecía de terror pues el día sin luz quedaba. Durante ese día, su amor eclipsaría el mundo.
-Señora Luna, te he conjurado porque hiciste una promesa a nuestra raza por ayudarte, hoy vengo a reclamar nuestra recompensa –habló la joven gitana.
-Recuerdo esa promesa, doncella. Vosotras, las gitanas de la familia del astro de la noche, me ayudasteis a hablar con mi único amor que siempre huye de mi, a cambio os prometí que a vosotras no os pasaría lo que me pasó a mi. Cumpliré mi promesa. Cuéntame que es lo que te pasa.
-He sido rechazada en varias ocasiones. No encuentro a un hombre para mí, necesito tu ayuda. Nosotras te reunimos con tu amor, el Sol, úneme tu al mío –suplicó con firmeza.
-Tendrás a tu hombre, Piel Morena, pero a cambio quiero –dijo mientras subía al cielo- el primer hijo que le engendres y así dejaré de estar sola. Ya que yo no puedo concebir.
-Así será, Luna de Plata –prometió entre sollozos la gitana. Era un alto precio el que tenía que pagar, pero podría tener más hijos. Y así mantenía la protección que les ofrecía la diosa Luna en ese mundo cruel.
Dicho esto Luna se alejó del mundo mortal y volvió a su solitario lugar, triste por el futuro de la joven gitana, un futuro desdichado. Le habría gustado poder cambiarlo, pero ella no podía decidir en ese caso. Era el destino, ya se lo habían explicado los demás dioses.
Poco después, se celebró una boda en el campamento gitano, la gitana había encontrado al ser querido. Fue una gran fiesta, vinieron gitanos de todo el país a celebrarlo. Era una gran pareja, la gitana había tenido mucha suerte al conseguir a aquel hombre. Su marido era un gran cazador conocido en todo el clan, fuerte y valiente siempre había ayudado al campamento con sus presas.
Aproximadamente un año después, la mujer dio a luz a un niño del padre canela, pero el niño era blanco como el lomo de un armiño, de ojos grises y cabello plateado. Realmente el era el hijo de la Luna, no el suyo, pensó la gitana apenada. Tendría que explicárselo todo a su marido, pero no sabría escoger las palabras adecuadas. Tenía suerte de que el gitano estuviese de cacería.
Aun tardó algunos días en volver, pero la gitana no sabía que decirle a su esposo. Cuando al fin regresó, una noche de luna llena, el gitano se enteró de que era padre y se dirigió contento a su hogar a conocer a su primogénito. En la puerta se encontró a su mujer con el rostro empapado por las lágrimas.
-¿Dónde está mi hijo, mujer? –preguntó, ignorando sus lágrimas.
-Dentro, durmiendo. Pero te suplico que no entres aun –pidió la gitana, pero su marido la ignoró.
Al entrar, el gitano vio a su hijo, completamente pálido, un niño albino. No podía ser hijo suyo.
-¡Maldita tu estampa! gitana. Este hijo es de un payo y yo no me voy a callar –gritó furioso, despertando al niño. ¿De quién es el hijo? Me has engañado fijo.
El gitano, al creerse deshonrado, se dirigió a su mujer, con un cuchillo en la mano y de muerte la hirió entre los sollozos del niño. A continuación cogió al niño y se fue al monte con el niño en brazos y allí lo abandonó.
Al borde de la muerte, la madre aun pudo murmurar algunas palabras.
- Hijo de la Luna, en la distancia siempre te añoraré, yo seré tus más hermosos sueños. Yo estaré allí donde tu estés, yo siempre velaré por ti. Yo seré tu inspiración y tu protección, siempre te cuidaré. Y a ti Luna te maldigo, me diste un marido y este me ha matado y me ha robado a mi hijo. No permitiré que tengas a mi hijo aunque tenga que vagar por siempre en este mundo.
En ese momento se le apareció Luna.
- Dime Luna de Plata, ¿qué pretendes hacer con un niño de piel?
- Tranquila, cuidaré de el, no dejaré que le ocurra nada. Si el niño llora, menguaré para darle una cuna y le meceré. Si tiene frío, le rodearé de nubes que le protejan. Al igual que yo, estará envuelto en oscuridad, pero siempre iluminará el camino a los demás.
Guernica (1937) | Autor: Pablo Picasso