Franz von Stuck The Kiss of the Sphinx 1890-1914 Charcoal, pastel and chalk on grey paper, 520 x 460 mm The Hermitage, St. Petersburg
No title available
Not today Justin
Xuebing Du
taylor price

Janaina Medeiros
will byers stan first human second

★
Monterey Bay Aquarium
hello vonnie
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
macklin celebrini has autism

pixel skylines
Alisa U Zemlji Chuda
cherry valley forever
One Nice Bug Per Day

祝日 / Permanent Vacation
tumblr dot com
Cosmic Funnies
Sade Olutola

JBB: An Artblog!
seen from United States
seen from Hungary

seen from Malaysia

seen from India
seen from Greece

seen from Germany

seen from Russia
seen from Singapore

seen from Argentina
seen from United States

seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States

seen from United States
seen from United States
seen from United States
seen from United States

seen from United States
@laqrimosa
Franz von Stuck The Kiss of the Sphinx 1890-1914 Charcoal, pastel and chalk on grey paper, 520 x 460 mm The Hermitage, St. Petersburg
No puedo evitar sentirme tristísima. Necesito expresar lo que pienso o me va a explotar en el pecho una mezcla de tristeza, nostalgia, rabia, vergüenza. ¿Cómo es posible experimentar tantas emociones juntas? Cuán distinto es a cuando uno recién se enamora, y siente tantas cosas al mismo tiempo que pareciera que uno caminara sobre nubes, que el amor te moviliza en un humo de sentimientos, de dulzura y del cariño más puro y hermoso. Y de repente, todo tambalea.
No entiendes cómo, no puedes volver y saber el momento exacto en que la nube se debilitó y el humo se esfumó, y solo caes, y se siente como si no tuviese fin, como si cada vez que crees que por fin ha terminado, continúas hundiéndote. Y te duele. Aún no terminas de caer y ya duele. Duele la sensación del vacío mientras caes, de ver a la persona que te soltó y ser incapaz de aferrarte y sostener lo que ya se ha ido, lo que ya hace tiempo no está.
No nos dimos ni cuenta y el amor se nos escapó en algún momento. Quizás no le abrimos la puerta, pero no se fue por la ventana. Nos distrajimos y como a un niño al que no se cuida, se nos ha extraviado. ¿Qué haremos para encontrarlo? ¿Qué haremos si no lo volvemos a encontrar?
Quedarme en esta casa con ventanas abiertas se siente tan frío y solitario. Y no puedo dejarte aquí así, quiero sostener tu mano y que me acompañes a buscar lo que se ha perdido, pero no puedo abrir mi boca para preguntarte si estás dispuesto a venir conmigo, y pienso que eso es lo que me duele más.
glass, irony and good, anne carson // margaret atwood // enough, suzanne buffam // ? // in conversation: kathleen turner, david marchese // haunted womanhood, heather havrilesky // where to begin, sue zhao // the stream of life, clarice lisepector
Es un gran tipo mi viejo.
Así dice una canción que he escuchado desde que tengo uso de razón cada tercer domingo de junio. Es un gran tipo mi viejo. Pienso en mi papá. No como un hombre a quién la vida le arrebató una familia y lo recompensó con otra. Tampoco lo hago pensando en aquel muchacho que vendía leche junto a su padrino para no sentirse inútil y ayudar a costear los gastos que suponían su crianza en una casa desconocida. No pienso en el joven que no gozaba de los mismos beneficios que los hijos de sangre de quien lo adoptaría al fallecer su abuela. No puedo pensar en el hombre que dio su sueño de estudiar una carrera universitaria por verme crecer. Pienso en mi papá como el hombre que aún continúa trabajando porque la vida le enseñó a hacerlo, en la persona que forjó gran parte de mi gusto artístico, en quien me cargaba en sus hombros cuando me cansaba de caminar, o quién me llevaba en brazos cuando me queda dormida. Indudablemente pienso en el hombre que cumplió varios de mis sueños y que aún me da aliento para cumplir los míos porque una hija con un hombre como él, ¿qué no podría lograr que ese hombre no apoyara?
Es un gran tipo mi viejo. Quisiera recordar ese hecho todos los días. Recordar que lastimosamente no es eterno, y que aún tengo mucho que aprender de él. Quisiera decirle que significa para mí más de lo que callo, porque ese hombre es terriblemente duro por fuera, pero se le quiebra la voz cuando me llama "pollito". Quisiera correr a abrazarlo como cuando de niña me caía y él me abría los brazos para calmarme. Quisiera que no envejeciera para poder seguir viendo películas de mafia y cantarnos el feliz cumpleaños de una película de dibujos animados que nos pareció gracioso una vez hace décadas.
No sé cuántos terceros domingos de junio me queden al lado del hombre que me dio parte de su vida, pero sin duda siempre seré su hija. Su viva imagen, sus sueños, su alegría, su pollito.
Miedo.
No escribo. Y cuando lo hago, lo hago por miedo. ¿Tengo miedo de lo que escribo? No. Tengo miedo, y por eso escribo. Escribo para desterrar de mí el sentimiento más sucio que conocemos, el miedo. Escribo porque no encuentro otra manera de plasmar lo que siento. Escribo porque solo poniéndole palabras al nudo que siento en la garganta me es posible desenredarlo. Escribo porque nadie lee, porque no quiero que nadie sepa que detrás de mi cara de enojo, solo se oculta una cobarde. Escribo porque durante mucho tiempo me rehusé a hacerlo, y la única afectada de no escribir lo que nadie leía era yo. La que mantenía todos los pensamientos negativos, era yo, y nadie sabrá jamás todo aquello que pasó por mi cabeza, ni sabrá nadie el porqué sigo aquí. Quizás yo tampoco lo sé, pero me alegra continuar aquí. Estar, y escribir. Estar, y sentir miedo. Sentir miedo me recuerda que aún soy humana, que puedo fallar, puedo perder, y puedo amar. Y todo eso me genera miedo, pero sentiría más temor si no puede experimentar el amplio rango de emociones que me garantiza la vida. ¿Qué más podría pedir? ¿No sentir miedo? Quizás, pero esto solo me recuerda que mientras mi miedo no se convierta en realidad, todo aquello que me asusta perder, es todo aquello por lo que puedo estar agradecida hoy. Y creo que no hay mayor regalo, que la que ofrece una desgracia.
José Ángel Valente. 3. Cántigas de alén. [03]
Macedonio Fernández. Amor se fue. Poesías completas. [01]
Ernesto Cardenal. Dulzura con que se aman. Telescopio en la noche oscura. [03]
Mario Benedetti. Irse. El mundo que respiro. [05]
Jack Kerouac. A Edward Dahlberg. Poemas dispersos. [02]
Mario Benedetti. Balada de los helicópteros. Letras de emergencia. [01]
Antonio Machado. Tres cantares enviados a Unamuno en 1913. Poesías y prosas sueltas. [04]
Te amo Antonio Machado
Julio Cortázar. En auxilio de las frases hechas. Papeles inesperados. [09]
La diferencia.
"Una mujer en la garganta".
La diferencia.
"Una mujer en la garganta".
Rainer Maria Rilke, Rilke’s Book of Hours
‘Roses’ (1890) by Vincent Van Gogh (Dutch, 1853–1890).
Oil on canvas.
Image and text information courtesy The Met.