¿Televisión y educación forman una buena combinación?
Actualmente, todo el mundo sabe que la familia así como la educación forman las principales fuentes de conocimiento y de autoridad en el mundo occidental. Sin embargo, pocas personas son realmente conscientes de que la televisión se ha convertido en un agente socializador primordial, es decir a través de sus programas propaga unos valores sociales, comportamientos, reglas, etc. que influyen en la sociedad y, sobre todo, en aquellos individuos de edades más tempranas.
El uso de la televisión en los centros es cada vez mayor, al tratarse de una herramienta útil para los docentes y para el alumnado. Hoy en día, es muy importante que los niños y adolescentes aprendan el valor del lenguaje audiovisual y a hacer análisis críticos de los programas visionados, proceso conocido como educar en la televisión. Asimismo, educar con la televisión permite incorporar en todos los niveles de enseñanza la oferta televisiva.
El uso de la TV presenta una serie de aspectos positivos:
Sirve de apoyo a los docentes.
Ayuda a conseguir los objetivos planteados.
Permite mostrar una visión de la realidad mucho más concisa.
Se enseña a utilizarla para aprender y no sólo para entretener o divertir.
Sin embargo, también presenta una cadena de aspectos negativos:
Imitan los gestos de los personajes de televisión ya sean buenos o malos.
Ocasiona insomnio ya que se quedan viendo la TV hasta altas horas de la noche. Asimismo, genera somnolencia cuando se deben levantar temprano por la mañana.
El uso excesivo de este recurso puede acabar aburriendo al alumnado.
El contenido a mostrar debe ser seleccionado de forma coherente y lo más llamativa posible para la edad del alumnado.
Evitar convertir a los estudiantes en espectadores pasivos y tratar que participen.
Entonces, ¿apoya la TV los procesos de enseñanza-aprendizaje? Aunque es difícil dar una respuesta a esta pregunta, a mediados de los años 90, el Gabinete de Estudios de la Comunicación Audiovisual (GECA) elaboró un informe donde señala que "los niños que ven una programación educativa de calidad de forma regular aprenden más y mejor que los que no la ven; también se demuestra que la ayuda de un educador, padre o maestro durante el visionado de los programas mejora la calidad de aprendizaje del niño".
A pesar de que los docentes actuales deben estar formados y preparados para la incorporación de esta tecnología en el aula, no todos reaccionan de la misma manera. Por un lado, algunos profesores consideran que la televisión no contribuye de forma positiva a la educación; es más, piensan que la emoción prima sobre la racionalidad. En cambio, otros docentes utilizan los medios audiovisuales como apoyo adicional a su trabajo mientras que el resto consideran la TV y las nuevas tecnologías como un camino correcto para modificar el sistema educativo.
Es importante tener en cuenta que aunque existan programas educativos, los jóvenes también son seguidores de programas dirigidos a un público más adultos que pueden estar, incluso, fuera del horario de protección del menor (diez de la noche) donde la competitividad, el individualismo y la violencia se muestran de manera cuantiosa.
A grandes rasgos, la oferta televisiva que se puede utilizar en un aula se clasifica en “programas educativos” y en “resto de la programación”.
Un ejemplo práctico de la televisión educativa es el programa infantil Barrio Sésamo que surgió para apoyar a la educación preescolar de aquellos niños de zonas urbanas y clases modestas. Además, esta serie es considerada un modelo a seguir ya que conjuga entretenimiento y educación.
Asimismo, la televisión es importante para la enseñanza de idiomas. Concretamente en España, el Ministerio de Educación suscribió un acuerdo de colaboración con la BBC para producir el curso de inglés a distancia “That’s English!” que estaba estructurado en 9 módulos.
Personalmente, como futura docente considero que la televisión es otro medio de aprendizaje que proporciona información de diversa índole para el alumnado, por lo que es muy importante saber seleccionar de forma correcta el contenido televisivo que se les va a mostrar. Además, para no hacer al alumnado meros espectadores y saber que realmente el uso de los medios audiovisuales está obteniendo resultados considero que tras el visionado de un vídeo se podría hacer un debate o tertulia en clase donde cada alumno exponga su visión al mismo tiempo que el profesor plantea preguntas para dirigir la clase hacía el enfoque deseado.
Alonso, M.; Matilla, L. y Vázquez: Teleniños públicos / teleniños privados, Ediciones de la Torre, Madrid, 1995.
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