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Mona Lisa esconde un código misterioso en sus ojos.
La famosa Mona Lisa de Leonardo da Vinci esconde en su pupila izquierda la clave de la identidad de la modelo en la que el pintor se inspiró, de acuerdo con el historiador italiano Silvano Vinceti, presidente de la comisión nacional de patrimonio cultural en su país.
Según recogía ayer el periódico The Guardian, Vicenti sostiene que el pintor renacentista trazó letras y números minúsculos en las pupilas de la mujer retratada. “En el ojo derecho aparecen las letras LV, que podrían ser las iniciales de Leonardo Da Vinci, y en el izquierdo también hay símbolos”, explica. Vinceti mantiene que en ese ojo se disciernen las letras “B” o “S” o posiblemente las iniciales “CE”, lo que considera claves de vital importancia para averiguar la identidad de la modelo.
Ésta ha sido identificada a menudo como Lisa Gherardini, la esposa de un mercader florentino, pero el investigador italiano no está de acuerdo, ya que mantiene que la Mona Lisa fue pintada en Milán. “Detrás del cuadro aparecen los números ’149′, con un cuarto número medio borrado, lo que sugiere que Da Vinci lo pintó cuando estaba en Milán en la década de 1490, usando como modelo una mujer de la corte de Ludovico Sforza, el duque de Milán”, puntualiza.
Vamos a vivir a la luna, no habrá oxígeno pero habrá amor.
Amilkar Muñoz.
Jazz en La Isla.
El Premio Nacional de Música Bobby Carcassés elogió hoy en Santiago de Cuba el II Encuentro Amigos del Jazz, que comenzará mañana en la Sala de Conciertos Dolores y evidenciará el auge de ese género en esta ciudad.
En conferencia de prensa el artista, uno de los invitados de lujo, expresó su apoyo al evento que contribuye a la difusión del jazz y a que se sepa de qué se trata esa música creativa y caracterizada por la improvisación y la inmediatez, lo mismo en su variante afrocubana que latina.
Carcassés calificó de honor grandísimo la presencia de la creadora austriaca Christine Jones, relevante cultivadora del blues, quien tendrá a su cargo la apertura, junto a su esposo, el renombrado pianista Peter Schrammel.
En nombre de los músicos santiagueros, Iván Acosta exaltó el entusiasmo por esa vertiente sonora presente en la ciudad, por la cual estudiosos afirman que arribó a Cuba y donde los jazzistas interactúan con estudiantes del Consevatorio Esteban Salas y varios proyectos recientemente establecidos.
Afirmó que esta es una de las primeras ciudades cubanas que cuenta con un elenco completo de cultivadores de ese género y exhibe varios premios obtenidos en eventos nacionales, además de confirmarse como termómetro para la apreciación de la música en Cuba.
El Encuentro Amigos del Jazz se extenderá hasta el domingo y tendrá otro escenario principal en el Iris Jazz Club, abierto recientemente en una de las esquinas de la emblemática Plaza de Marte con la intención de acoger a lo mejor de esa manifestación sonora en la nación y el mundo.
(Con información de Prensa Latina y Cuba Debate)
Del poema "En la agonía" de Julio Flórez Roa.
Pájaro Azul (Rubén Dario)
París es teatro divertido y terrible. Entre los concurrentes al café Plombier, buenos y decididos muchachos -pintores, escultores, poetas- sí, ¡todos buscando el viejo laurel verde!, ninguno más querido que aquel pobre Garcín, triste casi siempre, buen bebedor de ajenjo, soñador que nunca se emborrachaba, y, como bohemio intachable, bravo improvisador. En el cuartucho destartalado de nuestras alegres reuniones, guardaba el yeso de las paredes, entre los esbozos y rasgos de futuros Clays, versos, estrofas enteras escritas en la letra echada y gruesa de nuestro amado pájaro azul. El pájaro azul era el pobre Garcín. ¿No sabéis por qué se llamaba así? Nosotros le bautizamos con ese nombre. Ello no fue un simple capricho. Aquel excelente muchacho tenía el vino triste. Cuando le preguntábamos por qué cuando todos reíamos como insensatos o como chicuelos, él arrugaba el ceño y miraba fijamente el cielo raso, nos respondía sonriendo con cierta amargura... -Camaradas: habéis de saber que tengo un pájaro azul en el cerebro, por consiguiente... * * * Sucedía también que gustaba de ir a las campiñas nuevas, al entrar la primavera. El aire del bosque hacía bien a sus pulmones, según nos decía el poeta. De sus excursiones solía traer ramos de violetas y gruesos cuadernillos de madrigales, escritos al ruido de las hojas y bajo el ancho cielo sin nubes. Las violetas eran para Nini, su vecina, una muchacha fresca y rosada que tenía los ojos muy azules. Los versos eran para nosotros. Nosotros los leíamos y los aplaudíamos. Todos teníamos una alabanza para Garcín. Era un ingenuo que debía brillar. El tiempo vendría. Oh, el pájaro azul volaría muy alto. ¡Bravo! ¡bien! ¡Eh, mozo, más ajenjo! * * * Principios de Garcín: De las flores, las lindas campánulas. Entre las piedras preciosas, el zafiro. De las inmensidades, el cielo y el amor: es decir, las pupilas de Nini. Y repetía el poeta: Creo que siempre es preferible la neurosis a la imbecilidad. * * * A veces Garcín estaba más triste que de costumbre. Andaba por los bulevares; veía pasar indiferente los lujosos carruajes, los elegantes, las hermosas mujeres. Frente al escaparate de un joyero sonreía; pero cuando pasaba cerca de un almacén de libros, se llegaba a las vidrieras, husmeaba, y al ver las lujosas ediciones, se declaraba decididamente envidioso, arrugaba la frente; para desahogarse volvía el rostro hacia el cielo y suspiraba. Corría al café en busca de nosotros, conmovido, exaltado, casi llorando, pedía un vaso de ajenjo y nos decía: -Sí, dentro de la jaula de mi cerebro está preso un pájaro azul que quiere su libertad... * * * Hubo algunos que llegaron a creer en un descalabro de razón. Un alienista a quien se le dio noticias de lo que pasaba, calificó el caso como una monomanía especial. Sus estudios patológicos no dejaban lugar a duda. Decididamente, el desgraciado Garcín estaba loco. Un día recibió de su padre, un viejo provinciano de Normandía, comerciante en trapos, una carta que decía lo siguiente, poco más o menos: "Sé tus locuras en París. Mientras permanezcas de ese modo, no tendrás de mí un solo sou. Ven a llevar los libros de mi almacén, y cuando hayas quemado, gandul, tus manuscritos de tonterías, tendrás mi dinero." Esta carta se leyó en el Café Plombier. -¿Y te irás? -¿No te irás? -¿Aceptas? -¿Desdeñas? ¡Bravo Garcín! Rompió la carta y soltando el trapo a la vena, improvisó unas cuantas estrofas, que acababan, si mal no recuerdo: ¡Sí, seré siempre un gandul, lo cual aplaudo y celebro, mientras sea mi cerebro jaula del pájaro azul! * * * Desde entonces Garcín cambió de carácter. Se volvió charlador, se dio un baño de alegría, compró levita nueva, y comenzó un poema en tercetos titulados, pues es claro: El pájaro azul. Cada noche se leía en nuestra tertulia algo nuevo de la obra. Aquello era excelente, sublime, disparatado. Allí había un cielo muy hermoso, una campiña muy fresca, países brotados como por la magia del pincel de Corot, rostros de niños asomados entre flores; los ojos de Nini húmedos y grandes; y por añadidura, el buen Dios que envía volando, volando, sobre todo aquello, un pájaro azul que sin saber cómo ni cuándo anida dentro del cerebro del poeta, en donde queda aprisionado. Cuando el pájaro canta, se hacen versos alegres y rosados. Cuando el pájaro quiere volar abre las alas y se da contra las paredes del cráneo, se alzan los ojos al cielo, se arruga la frente y se bebe ajenjo con poca agua, fumando además, por remate, un cigarrillo de papel. He ahí el poema. Una noche llegó Garcín riendo mucho y, sin embargo, muy triste. * * * La bella vecina había sido conducida al cementerio. -¡Una noticia! ¡una noticia! Canto último de mi poema. Nini ha muerto. Viene la primavera y Nini se va. Ahorro de violetas para la campiña. Ahora falta el epílogo del poema. Los editores no se dignan siquiera leer mis versos. Vosotros muy pronto tendréis que dispersaros. Ley del tiempo. El epílogo debe titularse así: "De cómo el pájaro azul alza el vuelo al cielo azul". * * * ¡Plena primavera! Los árboles florecidos, las nubes rosadas en el alba y pálidas por la tarde; el aire suave que mueve las hojas y hace aletear las cintas de los sombreros de paja con especial ruido! Garcín no ha ido al campo. Hele ahí, viene con traje nuevo, a nuestro amado Café Plombier, pálido, con una sonrisa triste. -¡Amigos míos, un abrazo! Abrazadme todos, así, fuerte; decidme adiós con todo el corazón, con toda el alma... El pájaro azul vuela. Y el pobre Garcín lloró, nos estrechó, nos apretó las manos con todas sus fuerzas y se fue. Todos dijimos: Garcín, el hijo pródigo, busca a su padre, el viejo normando. Musas, adiós; adiós, gracias. ¡Nuestro poeta se decide a medir trapos! ¡Eh! ¡Una copa por Garcín! Pálidos, asustados, entristecidos, al día siguiente, todos los parroquianos del Café Plombier que metíamos tanta bulla en aquel cuartucho destartalado, nos hallábamos en la habitación de Garcín. Él estaba en su lecho, sobre las sábanas ensangrentadas, con el cráneo roto de un balazo. Sobre la almohada había fragmentos de masa cerebral. ¡Qué horrible! Cuando, repuestos de la primera impresión, pudimos llorar ante el cadáver de nuestro amigo, encontramos que tenía consigo el famoso poema. En la última página había escritas estas palabras: Hoy, en plena primavera, dejó abierta la puerta de la jaula al pobre pájaro azul. * * * ¡Ay, Garcín, cuántos llevan en el cerebro tu misma enfermedad! FIN