B A T E R I A: Polo Positivo + (Tomo I)
CAPITULO 8
Trampas del amor no correspondido parte 1
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Era sábado por la mañana, mi mamá ya estaba despierta lo supe porque pude escuchar como trastes y otros enceres cayeron en la cocina. Me levanté rápidamente pensando que algo malo había pasado, afortunadamente era solo un problema de organización. Me acerqué para ayudarla, ella me miró tiernamente y me dijo:
- Llevas varias noches despierta hasta tarde, ¿tienes mucha tarea? - ella me preguntó queriendo tener una conversación.
- No, ya estoy al corriente en las materias. Solo he estado platicando con …. – dudé un poco – con un amigo.
- Ah – dijo ella con voz indiferente mientras recogía el resto de los enceres y poniéndose manos a la obra para hacer el desayuno. Me pasó unas naranjas para que hiciera jugo. – Ten ayúdame con esto- dijo en tono amable.
- De hecho- continúe con la plática de las llamadas nocturnas- es Lucio, ¿te acuerdas de él? El niño que estaba conmigo en la primaria.
- Mmm, no no me acuerdo, pero mmm ah si era el niño que siempre estaba triste, ¿el del helado? ¿Qué hay con él? ¿Te gusta?
“¿Triste?” pensé, al parecer todo mundo noto de Lucio algo negativo: si es triste, si es antisocial, si es antipático, si es huraño, si es taciturno, etc. pero durante estas semanas que hemos estado intercambiando mensajes y llamadas realmente no me lo parece.
Al contrario, se ha vuelto de lo más comunicativo y gracioso, mucho más que cuando estábamos en la primaria.
A veces siento que yo soy la que se ha convertido en la receptora de todas nuestras platicas, no es que me moleste, de hecho, me gusta mucho escuchar cosas de su vida.
Con mi curiosidad alimento sus ganas de querer platicar de todo lo que tiene por decir. Tiene una forma de platicar en la que realmente terminas interesándote, aunque se trate de la reproducción de las moscas.
La última vez me platicó cuando su equipo de futbol rápido gano el campeonato regional, y como es que hizo su audición para un equipo de fuerzas básicas para un equipo de futbol soccer. Al parecer es bastante bueno, aunque no sea su objetivo hacerlo de forma profesional.
Estudia el último año en la escuela de psicología y planea obtener su título tan pronto salga ya que lleva un promedio excelente, el mejor de su generación. A mí todavía me faltan dos años y sentí un poco de envidia porque él se está esforzando de verdad y logrando todos sus objetivos.
También me platico de su última novia, plática que no disfrute, y como las cosas no salieron tan bien para ambos.
En otra ocasión me contó que quiere trabajar en un instituto mental o algo relacionado al análisis clínico, sin embargo, su verdadero sueño es tener su propio consultorio para dedicarse a terapia especializada en personas con problemas de depresión clínica.
Se me hizo un poco extraño que una persona con su temperamento se interesará en esos temas, siempre me pregunté por qué había escogido esa carrera. Pero realmente no le di más importancia. Lo que si me era realmente sorprendente era la velocidad y eficacia con la que estaba logrando sus objetivos, me parecía que él estaba obteniendo ya, todo lo que yo alguna vez me había propuesto, lo que yo quería llegar a obtener.
- Nooooo, claro que no me gusta– le dije a mi mamá después de salir de mis ensoñaciones y con tono nervioso– Solo somos amigos, ¿sabes? Él nunca se fijaría en alguien como yo. Él es super listo y además… - baje mi tono de voz – es muy guapo.
Ella volteo a verme fijamente, pero yo seguía enfocada en la tarea. Después de un momento ella siguió diciendo:
- ¿Por qué no? No deberías menospreciar tu valor, trabajas muy duro para obtener lo que quieres y eres una niña muy dulce. No veo porque no le habría de gustar alguien así. Quizá… mmm lo único que hace falta es que te arregles más. – empezó a usar su tono severo de regaño – ya te he dicho muchas veces que cuides tu apariencia, ya sé que esas cosas no te interesan, pero a algunos muchachos les gusta ver a las chicas bien arregladas.
Yo rodé los ojos en forma de desaprobación y continúe aplanando naranjas en el exprimidor. Ella siguió diciendo.
- ¿Cuándo lo vas a ver de nuevo? – preguntó pícaramente.
- ¿? – me sorprendí, ¿Cómo es que las mamás tienen esos poderes de adivinación tan poderosos? – Hoy en la tarde- contesté avergonzada
- ¿Y qué te vas a poner?
- ¿? Pues ropa mamá daaaa - dije en tono sarcástico, pero con su mirada de desaprobación me regañó, instintivamente recompuse mi oración. - Lo de siempre ma’: mezclilla, tenis y camiseta.
- No, no, no, no, te vas a tener que poner otra cosa, siempre vas así a la universidad.
- ¡Mamá! – exclamé – no es una cita, solo vamos a ir a comprar unos discos vírgenes que yo sé dónde están baratos.
- Si, si, si, si, como sea, no vas a ir en tenis. Yo te voy a buscar algo en tu mugrero para ver que sirve. - dijo con una sonrisa maliciosa - vamos a ver qué cara pone cuando te vea más femenina.
- ¡No por favor!
Mi mamá tomó el control de la situación y cuando menos me di cuenta ya estaba vestida de una forma en la que no me sentía completamente cómoda: una falda a las rodillas, muy corta para mi gusto, de tela militar con bolsas cargo a los lados. Blusa de tirantes anchos negra y botas tipo militar color negro, las cuales amaba debajo de mis pantalones rotos, pero no para una falda y mucho menos una tan corta. Quitando mi cabeza era un atuendo encantado y muy rocker, pero yo me sentía muy fuera de lugar por el simple hecho de estar en mí. Llevaba el cabello suelto y mi mamá me ayudó a arreglarlo de tal forma que se acomodaran todos mis rizos, en el frente me dejo un fleco largo que alació con una plancha de cabello, de lado que tapaba mi ojo derecho. No llevaba maquillaje, solo un delineador negro para la línea de agua. Después de varias vistas en el espejo me parecía que me veía bastante bien, y sonreí.
Pero luego recordé la mirada de desaprobación que Lucio pondría al mirarme así. Según sus palabras “las mujeres exageran mucho en su aspecto personal, no siempre es la gran cosa”, estúpidamente yo estuve de acuerdo con su opinión. Maldición “me uní a lo que tanto juré destruir”, pensé y luego me lamenté.
Lo cierto era, que mi atuendo no era tan llamativo, podía contar en la calle muchas más chicas con faldas más cortas que la mía y bastantes blusas que dejaban ver ombligos perforados, o pechos semi-descubiertos.
Llegué al punto de encuentro antes de la hora acordada y revisé mi Nokia 3310 para revisar si me había llegado algún mensaje de Lucio. Sin embargo, en el momento en el que lo desbloquee, me llego un mensaje:
“Sandy. Voy tarde, mi practica se alargó, ¿me esperas 10 min más?”
¿Nunca va a dejar lo de Arenita Mejillas? Ahora se le ocurrió un nuevo diminutivo: Sandy. “OK” contesté secamente.
Mientras decidí ir a matar el tiempo viendo un aparador de un local de zapatos en lo que Lord Pelapapás decidía llegar. En eso, un tipo me abordó, bastante mayor 27 o 28 años, no era feo, pero tampoco era muy bien parecido.
-Disculpa, ¿eres Elisa verdad? - me preguntó
-No – conteste secamente y me voltee
- ¿De verdad? Juraría que eras ella, estas igualita, bueno… tu eres más bonita.
Lo escuché, pero no quise voltear para verlo, seguí inmutable a su comentario. La verdad no estaba acostumbrada a que me abordaran, pero había visto muchas series en las que era mejor alejarse de esos tipos.
-Oye ¿estas esperando a alguien?, ¿sino viene te puedo acompañar? Es muy maleducado que te dejen esperando tanto tiempo. Mira allá están mis amigos, igual podemos ir a tomar algo, ¿Cómo ves?
-No gracias - le dije secamente y empecé a caminar hacia otro lugar, sin embargo, el tipo me sujeto del brazo y me detuvo en seco.
-Es de muy mala educación dejar a las personas hablando solas, yo creo… - empezó a regañarme con mi brazo sujeto fuertemente. Me pareció impertinente ¿Qué le pasa?
De repente sentí como de mi otro brazo me jalaron muy rápido y fuerte. Luego me sostuvieron de la cintura firmemente haciendo que el tipo extraño me soltará. Era Lucio que lucía muy molesto. Llevaba el cabello todavía algo húmedo y una camiseta deportiva con pantalones rotos y tenis de futbol soccer. Mis ojos se pusieron como huevito de codorniz, el se veía muy bien y estando tan cerca podía distinguir el olor de su shampoo y su colonia. Olía a madera fresca. Se me olvidó que estaba en medio de una discusión al admirar a tan bello muchacho.
-Lo que es de mala educación es abordar a la novia de alguien más. – le dijo con tono severo al tipo.
-No hay problema – dijo con las manos arriba y dando un paso hacia atrás. Para finalmente darse la vuelta y caminar rápidamente hacia donde estaban sus amigos que ya se estaban burlando de él por la escena.
Lucio no dijo nada, me seguía sosteniendo y se quedó mirando hacia donde estaba el tipo hasta que desapareció de nuestra vista.
- No es para tanto – dije cuando el tipo se alejaba
El me volteo a ver con ojos molestos y voz áspera:
- Entonces ¿hubieras preferido que el tipo ese te jaloneara y te llevara a algún otro lugar?
- No, pero tampoco iba a hacer algo así en un lugar público.
- No estas acostumbrada a lidiar con tipos así, ¿verdad?
- ¿Tu sí?
- Mmm no, pero si los conozco bien. Y ya sé que intenciones tenía.
- ¿Qué intenciones tenía?
Se quedó callado un momento, me observo y luego dijo:
- ¿Y tú porque estas vestida así?
Se me fue la sangre a los pies, sentí mucha vergüenza, me zafé de su agarre y le dije sin subir la mirada.
- Así me visto algunas veces, me gustan mucho mis botas- Sonreí tímidamente y mostrándolas - Pero no sé qué tiene que ver eso con la llegada de los santos reyes – dije sarcásticamente
Lucio miro mis botas, pero también, mis piernas, el largo de mi falda, mi cintura, el escote de mi blusa, como caía mi cabello y finalmente mis ojos. Todo en secuencia y gradualmente.
- Mmm, son lindas botas. – dijo con la voz ronca. Sin embargo, luego me tomó de la mano y me jaló rápido para empezar a caminar.
- ¡Oye! – repliqué- pensé que querías salvarme de los jaloneos.
- Si no te das prisa van a cerrar el local.
- Bueno, esa no es mi culpa, yo no fui la que llego tarde.
- Si no trajeras esa falda, no hubiera perdido tiempo alejando a esos cuervos.
- ¿Qué tiene que ver la falda Lucio?, por cierto, ya te pasaste, era la una cuadra anterior.
Se paró en seco, me soltó de la mano e hizo un ademán con la mano para indicar que yo fuera primero. Me reí por su manera graciosa de hacerlo.
Ahí estábamos a punto de entrar a un conjunto de establecimientos, el templo de los informáticos y ñoños, y demás niños raros con pasiones por el anime, mangas y otras variedades. El lugar es grande una cuadra completa de sub-locales pero en el interior a veces puedes llegar a sofocarte porque los pasillos son muy angostos y hay mucho flujo de usuarios. Mientras iba caminando enfrente me di cuenta de que Lucio iba con los ojos en todos lados, fisgoneando entre tantas cosas, estoy segura de que habíamos llegado a la ermita de los gustos de un hombre. Pero para no perder tiempo, lo tome de la mano y lo jale para que dejara de husmear aquí y allá. El gesto lo sorprendió.
-¿No me vas a dejar ver?- dijo casi gimoteando
-No, hasta que compres a lo que viniste, luego puedes husmear todo lo que quieras
-¿Todo lo que yo quiera?
¿Si se estaba refiriendo a la plaza o yo mal entendí? Me pregunté. Sin embargo, no le di importancia y agregué.
-Vamos, ya casi estamos ahí.
Cuando llegamos, el encargado del negocio fue en extremo amable conmigo, movilizó a sus ayudantes para buscar exactamente lo que yo quería, me dio un buen precio y me ofreció su tarjeta con su número para futuros pedidos. Yo estaba realmente complacida, ¿a quién no le agrada la amabilidad? Pero a Lucio parecía que le hubieran puesto una bolsa de pañales sucios enfrente. Su humor había cambiado totalmente.
- Listo, ya tiene su pedido Lord Pelapapás
- ¿Cómo me dijiste?
- Lucio, Lucio amable y comprensivo ¿en que más le puedo ayudar? – dije juguetonamente. El me miro con una expresión fría, sin embargo, no dijo nada. Solo se dio la vuelta y empezó a caminar.
¿Me acaba de dejar hablando sola?, me indigné, no tenía razón para ponerse en ese modo conmigo después de que vine hasta acá para ayudarlo. Ese tipo de comportamientos son los que odiaba de Lucio, él podía ser muy simpático y alegre un momento, pero al otro, sin razón alguna, podía ponerse de un humor muy negro e insoportable. Pero esta vez, no estaba dispuesta a que me arruinara mi humor solo por su berrinche, cualquiera que fuera su causa.
Me di la vuelta y caminé en dirección opuesta para buscar la salida. Finalmente salí del edificio y me encaminé hacia la parada del autobús.
Después sentí un vacío en mi pecho, era cierto que Lucio había sido grosero, pero ¿irme sin despedir? A veces yo tengo una forma de enojarme en la que mando todo al demonio… ¿no estaba siendo grosera también? Mi celular empezó a vibrar. Era una llamada de Lucio. Dudé poco en contestar, pero finalmente atendí:
- ¿Sí? - dije nerviosamente
- ¿Dónde estás? – dijo con un tono severo.
- Enfrente de “X” tienda de deportes.
- OK, no te muevas. - Colgó
Mientras llegaba estaba repasando cual sería mi contrataque para el evidente reclamo de “Lord Cambios de Humor”, obviamente yo también me había puesto de malas, pero en retrospectiva había sido su culpa. Estaba lista podía venir a atacarme.
Pero lo siguiente que vi enfrente de mi fue el brazo de Lucio sosteniendo un barquillo de helado de chocolate, dulce y cremosito. ¡Chocolate! Mi punto débil. ¿Cómo supo…? ¡Ahh ya! el pastel…
- ¿Quieres? - dijo con un tono dulce y amable, él estaba a espaldas mía, su brazo rodeándome, y un poco inclinado para poderme ver a la cara, estaba muy cerca de la mía, tanto que podía distinguir su aliento olor menta.
- Gracias – dije retraídamente, tomé el barquillo y baje mi mirada, la cual seguramente para ese entonces ya estaría roja. Sin embargo, cuando tome el barquillo, rocé su brazo, toque su mano, sentí su calor alrededor mío y su aroma, todo ese conjunto me estremeció.
- ¿Tienes frio Arenita?
- No, está bien. – aun con la voz afligida. ¿Por qué se porta así? Primero es un ogro malhumorado y luego es todo amabilidad y ternura que me da escalofríos.
- Esta vez no es de 3 bolas de nieve – dijo con una sonrisa muy amplia, dijo mientras le daba una mordida grande a su helado
- Ah ¿te refieres al helado que me compraste en la primaria con dinero robado? – le dije burlonamente. – ¿Todavía te acuerdas de esas cosas?
- … mmm no era robado, me lo encontré. – Dijo dándole otra mordida a su barquillo.
Luego, no sé porque, fue como un impulso, aventé su brazo para que el helado se impactara en su boca. Solo que el cálculo me salió un poco mal y termino todo en su nariz. Aunque me reí un poco luego me sentí avergonzada por mi broma de mal gusto. Sin embargo, Lucio, que estaba fingiendo incomodidad, se empezó a reír y luego se alanzó sobre mí, me abrazó fuerte para no dejarme ir. Y frotando su nariz contra mi cara embarró el resto del helado. De la fuerza e impresión, se me cayó mi propio barquillo. No era doloroso ni gracioso era más bien una situación comprometedora. Tenía la cara de Lucio en la mía, rozando su piel contra la mía, percibiendo su vello facial que hacía cosquillas, el olor de su colonia, sintiendo su piel con sabor a chocolate. Yo tenía las manos en su pecho tratando de alejarlo y quejándome, pero en realidad estaba disfrutando su venganza.
- ¡Lucio! – grité, empujé más fuerte su pecho para alejarlo y él ya parecía complacido. Cuando lo volteé a ver él tenía toda la cara embarrada de chocolate y me reí, me reí mucho. Él también se empezó a reír.
- ¡Pareces panda Arenita!
- ¡Te pasas! Tengo helado en el cabello- dije agarrando uno de mis rulos. Pero no dejé de reír.
La gente alrededor nuestro parecía curioso de los dos muchachos con la cara con helado de chocolate y riéndose muy alto. Pero ninguno de los dos parecía prestarles mucha atención. Ambos estábamos absortos en la risa del otro, en un mundo en el que solo los dos podíamos entender. Hasta que él me dijo que lo esperara un momento, cuando regreso traía una botella de agua y un paquete de kleanex.
- ¿Te vas a limpiar aquí?
- ¿Quieres regresar con la cara de panda a tu casa?
- Ah ¿ya nos vamos? – dije con voz bajita, mientras limpiaba mi cara. Pero él no dijo nada.
Mientras caminábamos, él me tomo de la mano y me dirigió hacia una banca vacía en una de las plazas por las que caminábamos.
Esto ya se esta haciendo costumbre, “tomarme de la mano”, a mi no me molesta. Pero el problema es lo que para mi significa y lo que para él no. No quiero que mi cuerpo comience a sentir normal esa muestra de afecto. ¿Lo es?
El lugar estaba muy concurrido de familias, amantes, personas pasando un rato de ocio. Al principio estábamos platicando de todo y nada: la escuela, la graduación de Lucio, la mamá de Lucio y su hermano Jonas, donde paso la secundaria, como conoció a Diego.
- Todavía tienes chocolate en el cabello – me dijo tomando uno de mis mechones rizados e interrumpiendo su plática.
- ¿Ah sí? Quítamelo por fis – le dije con tono amable. Baje la cabeza para que pudiera ver bien y me quitará el resto del helado.
Pero él se quedó en blanco, sin decir nada, estático frotando solo mi cabello.
Como no contestaba le volví a decir:
- ¿Ya lo quitaste? - pero como no recibí respuesta. Subí mi cara, y la mirada de Lucio parecía perdida en mi cabello con un tono muy melancólico. - ¿Estas bien? – le pregunté preocupada ante el repentino cambio de humor de Lucio.
- Si, ven te voy a llevar a tu casa - Soltó mi cabello y me ofreció su mano para pararme.
Otra vez la mano, ¡maldición!
De repente ya nos dirigíamos en un taxi rumbo a mi casa. Lucio iba con la mirada perdida por la ventana, pero sosteniendo mi mano y acariciando uno de mis dedos. Yo no sabía que pensar, Lucio era muy tierno, pero a la vez muy extraño por comportarse ausente. Por un lado, me sentía sumamente ahogada por tener mi mano entre la suya, pero a la vez sentía la indiferencia de Lucio al no mirarme ni dirigirme la palabra. ¿Era esta la forma en la que había sido siempre? Incluso de niños, recuerdo que él solía tener estos cambios de humor.
Me gustaría saber que estás pensando, suspiré y recargue mi cabeza en su hombro. Había sido una tarde de mucho caminar y el cansancio estaba empezando a inundarme. Él volteo cuando recargue mi cabeza, pero no dijo nada, lentamente puso su cabeza sobre la mía, recargándose sobre ella.
- ¿Tienes hambre? – me preguntó con una voz tierna y susurrante. Casi somnolienta.
- No, solo estoy cansada. – Le dije
Quitó su cabeza y con su otra mano tomo mi cara por el mentón suavemente para voltearlo a ver. Con un toque muy delicado, me hizo a un lado el fleco que cubría una parte de mi cara. Eran como nubes que rozaban mi piel. La atmosfera cambió, ya no tenía sueño. Mi cara seguramente ya estaba ruborizada, la sentía caliente, mi corazón empezó a palpitar fuerte, lo podía escuchar en mi garganta. Me empezaron a temblar las piernas, aun estando sentada. La mirada de él estaba fija en mis ojos, me miraba con ojos llenos de ternura, pero a la vez expectantes. Mientras él me acercaba más y más a su cara, ya podía sentir el olor del sabor a chocolate que aún quedaba en sus mejillas. Mire su boca abrirse un poco.
- Ya llegamos- gritó el chofer, sacándonos rápido de la situación y prendiendo la luz. Ambos saltamos de un susto por el abrupto. Estúpido chofer, pensé.
Un poco más, un poco más y Lucio… ¿me iba a besar? ¿Lucio me iba a besar? ¿no lo soñé? Me pellizqué internamente para verificar si era real y me sorprendí ante la idea.
Él se bajó del coche y me dio la mano para descender. Luego se giró y le dijo algo al chofer, mientras yo buscaba mis llaves en mi pequeña bolsa de tirante cruzado. Luego se metió nuevamente al taxi, se despidió con un ademan y diciendo “Adiós...gracias”. Yo asentí con la cabeza mientras entraba a mi casa. Antes de verlo irse me gritó: “Te marco”.
Cuando entré a la casa me di cuenta de lo tardé que era, ya no había nadie despierto. Me dispuse a ponerme mi pijama, me dolían mucho los pies. Justo al terminar de cambiarme mi teléfono sonó, lo conteste con voz bajita para no despertar a nadie en mi casa.
- Llegaste a tu casa bien – afirmé
- Si, todo bien, gracias. Discúlpame no pude despedirme de ti. – dijo un poco afligido.
- No hay problema - dije con una sonrisa en la boca para aligerar su pesadez, mientras me acostaba en mi cama.
- El estúpido chofer iba muy ansioso- dijo nuevamente sin poder dejar el tema.
- ¿Ya estas acostado?
- ¿? No, estoy en la sala de estar, no hay nadie en mi casa. Mi mamá tiene guardia hasta pasado mañana y mi hermano mmm debe estar por ahí, seguramente llegará mañana en calidad de bulto. ¿Tú ya estas acostada?
- Mmm, sí. - dije bostezando y cerrando mis ojos, sintiendo gran pesadez en ellos.
- Qué lástima, tenía ganas de seguir platicando contigo. No me gusta platicar con Ardillitas Zombies.
Me reí un poquito ante la imagen de una ardilla zombie, pero yo seguía muy adormilada. Así que para no ser grosera con él me despedí.
- Buenas noches, Lucio, (bostezo) me gustó mucho salir contigo, estúpido chofer (bostezo) que lástima que no me b…. -me tapé la boca antes de terminar la frase.
Escuche una risa del otro lado del teléfono. Y de pronto me había dado cuenta del significado de mis palabras. ¿¡Qué coño le dije?! Aquí no existe la opción suprimir, perdí la ensoñación y abrí mis ojos de par en par. Antes de que pudiera recomponer lo que dije él respondió:
- Buenas noches Arenita. Gracias por ayudarme, aunque la próxima vez te agradecería ir menos provocativa para evitarme tantos disgustos. - se empezó a reír - ¡Estúpido chofer! Descansa Arenita Mejillas.
- Descansa- le dije secamente y colgué.
¿Tantos disgustos? ¿estúpido chofer? ¿próxima vez?
Ya no pude dormir.
Batería 110% Sobrecarga de funciones.










