theavorgri:
Desde la partida del doctor en el consultorio se estaban partiendo la cabeza para mantener todo en orden. Entre los mismos empleados debían de repartirse a los pacientes de Noah, para no dejarlos en una lista de espera. Todo era un caos, pero de alguna manera se empeñaban a brindarles el mejor de los servicios a sus clientes. “¿Debería de saludarte? Lo olvidé por completo.” Hizo un ademán con su mano derecha, para dejar sus palabras en el olvido. No era cercana a la poseedora de la dorada cabellera, por ende no se molestaba en ser educada con ella. Solamente era su colega, una chica a la que veía todos los días en la clínica. “La partida de tu novio ha dejado mal al hospital, necesitamos distribuirnos a sus pacientes. Pensaba en dejarte a los menos de dieciocho años.” Agregó con profesionalismo, evitando entrar en conflicto con la fémina. No la soportaba, y todo se debía a qué la gente así le parecía bastante falsa. Había escuchado mucho de ella, más que nada porque Dave se relacionaba con la rubia. “Por cierto, necesito los expedientes de diez niños en mi consultorio, la clínica seleccionará varios al azar para hacerles un chequeo general.” Adoraba su trabajo, pero no le gustaba la idea de tratar con infantes. Por alguna razón la estaban obligando a organizar todo eso, creyentes de las habilidades qué poseía Thea para hacer las cosas bien.
Los labios femeninos se sellaron casi de inmediato, comisuras apretándose con el fin de contener el esbozo de una sonrisa. Sus últimos días habían sido demasiado largos, la atmósfera laboral estaba convertida en una catástrofe, extrañaba más a su progenitora de lo usual, y a pesar de todo aquello, inexistentes eran sus ganas de discutir con la germana. Consideraba inútil seguir la línea de su actitud, bien sabiendo que no tendría ningún fin beneficioso para ambas y además, lo único que lograría es perder el tiempo. “Dejó de ser mi novio hace mucho tiempo, Thea.” Pronunciación pausada, tranquilidad latente. “Suena bien, no tengo problema con ello. ¿Tienes idea de cuántos pacientes son en total?” Y es que habría accedido en cualquier otra situación, siempre y cuando involucrase niños, nada más por el simple hecho de que adoraba atenderlos. Iba a continuar, pero entonces sintió cómo algo jalaba de uno de sus mechones áureos, tratándose de la pequeña criatura que yacía cómodamente en su regazo. Sus carmín se elevaron en una curva, su índice siendo apresado por la ínfima mano mientras los fanales ascendían nuevamente. “Seguro, ¿alguna otra cosa?” Cuestionó, deseando acabar con el diálogo una vez para librarse del negativismo ajeno.











