Jugar
Corre, corre, corre. El café tiene que estar listo lo más rápido posible, a ver, a ver… ¿qué iba primero? Ah sí, primero tengo que poner el agua hasta la tuerca en la parte baja de la cafetera, mmmmmmm, después tengo que poner encima la pieza con forma de colador, ahí viene una parte difícil porque tengo que poner el café hasta arriba, sin que se me caiga. Tengo que hacerlo con cuidado y a la vez rápido para acabar lo antes posible. Vale perfecto. Ahora cierro la cafetera y al fuego. Lo que menos me gusta es ponerla en el fuego porque me da miedo quemarme, por eso tengo que buscar algo para encender el fuego sin peligro, ¡dónde habrá dejado mamá el encendedor alargado? Pues a ver en el cajón de los cubiertos no está, a ver si en el armario de arriba de los fogones lo encuentro…que va aquí tampoco, ¿y si está fuera en el balcón? A veces mi hermano lo usa para encenderse los cigarrillos, voy volando a ver si lo veo, que va, que va, que va, ¡ni rastro! Pffffff, déjame pensar, tiene que estar en… si yo fuera mamá, ¿dónde lo podría haber guardado? ¡Lo tengo! Voy hacia la cocina y voilà, encima de la tele lo veo. Vale perfecto, siguiente paso, encender el fuego y colocar la cafetera encima. Ahora sólo queda esperar y listo. Bueno, bueno, esperar, esperar…. ¿cuánto tiempo habrá pasado ya? Vaya, si es que no han pasado ni dos minutos…pues a este paso me hago viejo…yo no sé con qué entretenerme, que me estoy poniendo de los nervios. Vale, voy a salir al balcón a darle unos pases a Rocky y así se me va a pasar más rápido el tiempo…pero dejo la puerta abierta para poder escuchar el silbido de la cafetera. ¡Ei Rocky! ¡Bonito! ¡Ven, ven! ¡Vamos a jugar! Venga unos chutes rápidos y la cafetera se hará en un segundo, ya verás. Espera Rocky, no vayas tan rápido, que como el balón vaya a parar a la casa de la señora Rosario, verás tú la bronca que me cae…Así, suavecito, ¡pero sin pausa hombre! No te pongas ahora a lamerte la cola…GrrrrrGrrrrrGrrrrrGrrrrrr. ¡La cafetera! ¡Ya está lista por fin! Rocky nos vemos luego, pórtate bien. Ale pues espero unos segundos a que acabe de subir el café y ya lo puedo apartar. Venga ahora a coger la taza, mmmmmmmmmm ¿cuánto café se le echaba al cortado? A ver, voy a poner dos dedos de café, más o menos y luego la leche, así, templadita, como está. Venga dos cucharaditas de azúcar y ya estará listo. ¡Qué bien, qué bien, qué bien! Ya estoy a puntito de terminar. ¡Papá, papá! Tu café ya está listo. Tal y como me lo has pedido. Espero que esté bueno. Qué, ¿te gusta? Cuando bajemos a jugar al parque me llevaré los guantes, que hoy me toca hacer de portero, porque resulta que hoy en el cole el Mario me ha dicho que…
-Martín, cariño siéntate un momento, sí, sí, ahí en el sofá que te tengo que decir una cosa. No me mires con esa cara que no es nada malo, tranquilo, que el café está buenísimo. ¿Qué te ha parecido hacer el café? Que si te lo has pasado bien mientras lo hacías, me refiero. Te he estado escuchando desde aquí y se te oía trajinar con los cacharros de la cocina muy nervioso, ibas de un lado para otro, muy deprisa. ¿Has disfrutado mientras hacías todos los preparativos? ¿Y mientras jugabas con Rocky cuando esperabas a que el café se hiciera? Además has tenido que superar uno de tus miedos al encender la cocina y lo has hecho muy bien, ¿no te has dado cuenta de lo mucho que has aprendido mientras hacías el café? Debes aprender a jugar en todo momento Martín, porque si no llegará un momento en el que el rato que tengas para jugar al final del día será muy corto y te darás cuenta que las horas que pasas esforzándote son demasiadas, si las comparas con las horas de juego. Si aprendes a disfrutar cuando hagas el café, todas las horas del día serán un juego.
R. Flores













