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“ ¿Puedo responder ninguna de las anteriores? ” Cuestionó viendo reemplazada su expresión por una sonrisa que delataba cierta diversión, tomo un sorbo del trago y se dio cuenta que estaba mucho más cargado de lo que esperaba, trato de hacer caso omiso de eso girándose en el taburete para quedar de frente al muchacho con quién platicaba ahora. “ Yo no sé nada de eso, tendría que ver tus dibujos primero y ahí decidir si confió en que me dibujes o no. ” Explicó con gracia, tomando otro sorbo de la bebida con amargo sabor. “ ¿Qué te parece la fiesta, Leo? ”
“Como quieras, me dejarás entonces con la duda”, se encogió de hombros con simpleza, aunque entretenido. Sus palabras le hicieron imaginar cuán interesante sería dibujarla, por lo que las ganas aumentaron. “Vale, yo te muestro mis dibujos y tú me dices si aceptas o no. ¿Trato?”, y en vez de levantar la mano, levantó su copa antes de beberla de golpe. Fue al escuchar su pregunta que comenzó a fijarse en la música, y se dio cuenta que conocía la canción y que, de hecho, le gustaba. Movió su cabeza levemente y respondió. “No sé. No me importa mucho, sinceramente. Solo disfruto del alcohol. Y de la música”.
Soltó una sonora carcajada, empujando al pelirrojo que se encontraba cerca de ella, negando reiteradas veces con la cabeza. “Iré a buscar un trago, hazte un favor a ti mismo y mantente cerca de Zoey para que pueda cuidar de ti.” Y dicho esto, partió directamente hacia la barra, siendo la euforia completamente obvia en el sistema de la británica, razón por la cual se motivó a beber algo de una buena vez por todas. En cuanto tomó asiento, se encargó de abanicarse con su propia mano, un tanto impaciente; pero vaya que no esperaba que él estuviera justamente a su lado, ni siquiera tenía conocimiento alguno de que se encontraba en el reality hasta que sus azulados se vieron posados en el rubio, dejándola sin palabras, completamente atónita por su presencia nada más. “Oh mon dieu.”Murmuró incrédula, sin encontrar para dónde huir ahora.
No se había dado cuenta de a quién se dirigía hasta que escuchó su susurro. Entonces entrecerró sus ojos, tratando de aclarar su vista, y ¡voilá! Pudo distinguir cada uno de sus rasgos, que, por supuesto, no mostraban más que sorpresa y ganas de huir. Una sonrisa amenazaba con escaparse de sus labios, mas solo sostuvo su vaso y la miró. “No puedo creerlo”, musitó, casi inaudible. “¿Qué haces aquí? ¿Me estás siguiendo?”, interrogó, negando con la cabeza. Bebió un sorbo de su amarga bebida, y relamió sus labios. Estaba idéntica. Tal vez más madura, física y seguro mentalmente también, pero era imposible confundirla. Era ella.
“Ujum.” Confirmó la chica con un puchero y un ligero asentimiento de cabeza, dejando su copa encima de la barra y juguetando con la orilla del vaso. Quizás estaba siendo patética, pero era la primera vez que bebía para olvidar, quizás buscaba castigar a alguien con eso. “No es nada del otro mundo, créeme.” Se encogió de hombros, tampoco quería aburrir a nadie con ello, no otra vez. “¿Qué? ¡No! Créeme que esos crepes fueron los mejores que he probado en la vida, y ese jaraba de chocolate… Dios, estuvo fantástico.”
Asentó con la cabeza. “Ah, vale, si prefieres no contármelo está bien. Aunque el alcohol está llegando a mis sesos y seguramente olvidaré todo para mañana”, aseguró, levantando la comisura de sus labios. Atrajo el vaso a su boca y dejó que el líquido se deslizara, y volvió a sonreír al escucharla. “Qué bien. Me debes una cena, Asistenta de cocina, así me muestras lo que aprendiste”, bromeó.
“Eso suena mucho mejor” contestó, esbozando de forma inconsciente esa pequeña y coqueta sonrisa desde una comisura labial hacia la otra. “Así es, digamos que los efectos que el alcohol tiene sobre ustedes, son los mismos que la azúcar tiene en mí.” bromeó, a sabiendas que en realidad se ponía un tanto eléctrica hasta con la mínima cantidad de aquel ingrediente. “¿Cómo agua?” inquirió, un tanto dudosa. “¿Estás seguro? No se ve nada… rico.” asumió, aun cuando comenzaba a sentirse un tanto curiosa debido al color transparente de la bebida del contrario.
“Pero tendrás que cumplir y te dejarás dibujar. No es ninguna broma”, añadió, aunque sonriendo le quitaba toda la seriedad. Rió levemente, “¿Azúcar? Vale, la próxima traeré una montaña de azúcar”, aseguró. Le divertía de sobremanera ver como la rubia se interrogaba al respecto, demostraba cuán inocente era. En su papel, Léo simplemente asentó con la cabeza para asegurarla. “Lo es. Yo pensaba igual, pero tiene sabor de frutas. Tú escoges el sabor, este es de naranja y granadina”, explicó.
recibir el trago que había pedido escuchó el comentario del muchacho que no se había fijado antes estaba sentado junto a ella, le dedico una media sonrisa, siguiendo la mirada de este hasta su vaso. “ No es la primera vez que tomo… ¿tan mal me veo? ” Preguntó pues tampoco estaba borracha pues si bien había bebido bastante, se podía decir que la rubia era alguien que tenía cierto aguante pues en su natal país, beber no era algo tan extraño en personas de su edad. “ Preferiría que no me dibujases si tengo que escoger. ”
“No lo sé, yo puse dos hipótesis no solo una”, se justificó, sin evitar reír ante la inesperada pregunta. Bebió un poco de su bebida. “Pero puedo agregar otra, ¿estás aburrida del baile? ¿O simplemente tienes una expresión que no puedo adivinar?”, se rindió. A veces los rostros no se dejaban adivinar, y seguramente este era uno de ellos. Lo cual tan solo le provocaba curiosidad. Ladeó su cabeza ante su comentario. “¿Por qué? No es como si te fuese a dibujar caricaturizada. Soy muy realista”.
“La segunda” acotó sin pensarlo dos veces. “Definitivamente, la segunda” Bebió a fondo aquel fuerte whisky que tenía en manos y, luego de hacer una notoria mueca, llevó sus azulinas orbes hacia el contrario. “¿Tú que estás tomando? Más vale que no sea una margarita o alguna de esas mariconadas, porque me decepcionaría totalmente de ti.” admitió, dando una leve palmada sobre su hombro a la vez que intentaba descifrar el contenido de su vaso.
Soltó una carcajada y asentó con la cabeza. “Lo sabía, ¿ves? Se nota en tu cara de bebedor”, bromeó. Levantó su vaso y meneó levemente el líquido, antes de llevarlo a sus labios y terminárselo. “Vodka. Aunque no es el mejor que he probado, pero no está mal”, dejó el vaso vacío sobre la barra antes de llamar al bar tender. “¿Qué es lo que tomas tú? O, qué me recomiendas?”, inquirió al rubio.
Giró el rostro hacia su contrario, observando las facciones de este y reconociéndolo de inmediato, no solo por el acento, habían cenado juntos en su segunda noche en la villa. Sonrió, algo entumecida por el alcohol y dio un trago más, apretando ligeramente los ojos. “No sé que sea esto, pero está bueno…” Comento, encogiéndose de hombros. “Y, ¿cual es mi expresión? Yo creo que es la segunda, estoy algo ebria, pero no puedo dejar de beber… Supongo que quiero ahogarme en mis penas.”
Se apoyó sobre el espaldar de la silla y la giró levemente para poder verla de frente. “Ahogarte en tus penas”, repitió, bebiendo otro sorbo de su bebida. El líquido pasó lentamente en su garganta, dejando un sabor amargo pero delicioso. “Eso suena suficientemente triste como para escuchar tus penas. ¿No te gustaron las crepes del otro día? ¿El café estaba muy cargado?”, soltó, entrecerrando los ojos.
Frunció el ceño un tanto confundida ante el arrebato del chico y las palabras que continuaron el mismo, sujetando extrañada el vaso que recién le había sido entregado y llevándolo hacia sus labios. “Uhmm… es un refresco.” corrigió, sin poder evitar dejar escapar una pequeña risa. “No veo la necesidad de que todo aquí sea alcohol.” admitió, encogiéndose dulce e inocentemente de hombros, preguntándose por dentro sobre quien era tal chico y por qué no había sido capaz de verlo antes en la villa. ¿Sería alguien de los medios? Probablemente. De cualquier forma, parecía alguien interesante.
Ladeó la cabeza, un tanto confundido, y esbozó una sonrisa ladina. ¿También habían aceptado a pequeñas angelitos al reality? Remojó sus labios, divertido, y continuó. “Vale, entonces te dibujaría con ese rostro de sabelotodo”, bromeó, y levantó su copa. “Me parece bien que te diviertas tomando refresco”, bebió un sorbo de vodka y entonces se le ocurrió algo. Deslizó el vaso sobre la barra hasta que esté al frente de la rubia y agregó. “¿Por qué no pruebas? Este no es fuerte, es casi como agua”, exageró. “Además tiene un sabor único. Yo antes tampoco tomaba, pero el sabor es delicioso”.
Había llegado por fin al baile y, aunque se sentía bastante extraña luciendo un vestido como el que llevaba, estaba más que emocionada y las facciones en su rostro la daban de cabeza ante todo el público. Tomó una copa del primer mesero que pasó frente a ella, saboreando de inmediato el dorado líquido que pronto ardió en su garganta con levedad, una vez terminada la bebida volteó a sus alrededores y notó como una conocida persona pasaba justo a su lado. “¡Hola!” Saludó entusiasmada, sonriendo bien amplio. “Te ves increíble esta noche.”
Aquella fiesta lucía tan elegante, todos en trajes delicados, maquilladas y con posturas tan rectas que parecía un baile de película. Le comían las ganas de dibujar la situación, ¡al fin llegó la inspiración!, mas no tenía sus instrumentos consigo. Así que solo se limitó a memorizar lo que más pudiese y a beber como si su vida dependiera de ello. Cuando escuchó el halago, regresó a ver y sonrió. “Mira quién lo dice. Estás preciosa”, alardeó y tomó su mano par darle un vuelta. “Seguramente te tomó horas ponerte así, y solo para este baile”.
Con la cabeza apoyada sobre la barra de bebidas y un vaso casi vacío de vodka en su mano, el rubio observaba como continuaba la fiesta sin él. El alcohol comenzaba a subírsele, por lo que no se daba cuenta de lo que hacía. Miró con atención como alguien se sentaba a su lado, en una de las sillas, y pedía algo para beber. Levantó la cabeza, le dio un sorbo a lo suyo, y comentó sin más. “Si tuviera mis cosas aquí, dibujaría la expresión que tienes ahora”, señaló con su mirada a la bebida entre los dedos de su compañero/a, y continuó. “Tengo dos hipótesis: o es tu primera vez tomando algo tan fuerte y por eso te comen los nervios, o ya estás borracho/a y te vale mierda”.
Tiró un poco de la chaqueta para quitar las arrugas, y seguidamente se desabrochó un botón de la misma. Era la primera vez en mucho tiempo que iba a ese tipo de eventos, y ahora mismo estaba completamente solo. Y por ello, nervioso. Muy nervioso. Tras dar un rápido vistazo por encima de todas las cabezas de la sala, suspiró, acabando por acercarse a la mesa de la comida. “ Qué divertido. “ Susurró, irónico.
Apenas entrado en el baile, se dirigió a la barra para tomar algo. Las fiestas le daban igual, con tal de tener algo bueno que beber y algunas personas con quien distraerse. Y ahí estaba, sus codos apoyados sobre la mesa, bebiendo un trago de su vodka, cuando escuchó el comentario sarcástico. “No sé si es mejor estar dormido ahora o estar bebiendo aquí, pero lo cierto es que aunque sea estoy más activo. No tengo nada mejor que hacer”.
“¿Team Iron Man o Team Cap?” preguntó el moreno mientras grababa a la persona a la que recién había cuestionado con su pequeña cámara, desde que el trailer de Capitán America: Civil War había salido quería hacer esa pregunta a sus amigos en La Villa, que mejor lugar que el baile ¿no es cierto? claro que no era para nada raro. Le dio un tragó a su bebida esperando la respuesta, había casi llorado con aquel trailer y quería saber.
“Team Iron Man, definitivamente” contestó, sin dudarlo. Las películas de Marvel tenían un éxito increíble en Francia, por lo que por supuesto que él se había visto todas las películas. Aunque su respuesta se basaba más que nada en el actor. “Robert Downey Jr. será siempre mi favorito en todo”, agregó, justificando su respuesta.
“¡A la mierda con esto!” exclamó, lanzando su saco y el par de zapatos en un claro estado de ebriedad que había adquirido sin control durante las últimas horas del baile. “¿Por qué no hay prostitutas aquí?” inquirió molesto a la persona que estaba a su lado, como si aquello fuese su culpa. “¿Sabes qué? Mejor iré por otro trago.” Sin más, abandonó su asiento, dispuesto a dirigirse hacia la barra.
Rompió en grandes carcajadas a notar el estado en el que el rubio se encontraba. Sabía que el alcohol se subía con facilidad al cerebro, mas la manera en que se comportaba valía mil carcajadas. Bebió otro sorbo de su bebida y concordó totalmente. “¿Por qué no hay mujeres bailando desnudas?”, soltó, también necesitado. Levantó su copa, y musitó: “Brindo porque, aunque sea, hay alcohol. Si no fuera por ello, estaría tirado en mi cama durmiendo”.
–Mierdamierdamierda.
Con menos glamour que una papa desfilando en la alfombra roja Kalem corrió a la entrada del evento, algo desaliñado, si preguntaban, pero nada mal parecido. Se había preparado con anticipación para la fiesta, una hora más menos. Su madre había enviado gente para que se enlistara y al terminar el trabajo lo dejaron para que pudiera ‘acostumbrarse’ al peinado y traje.
Normalmente el pelirrojo no bebe nada para los nervios, para la ansiedad que le embarga cuando asiste a eventos exigentes. Pero esta vez siguió el consejo de la chica que lo peinaba: “Hierbaluisa, de seguro te ayudará” Y él, para nada incrédulo aceptó; pasaron veinte minutos y quedó tendido en la cama, por horas.
–¡Ya estoy aquí, estoy aquí! –gritó en cuanto pisó el salón. No importaban las miradas, estaba ahí.
La dichosa alfombra roja estaba repleta de fotógrafos profesionales, de personas famosas, de gente que solo pretendía aparecer frente a las cámaras. El problema era que a Léo le valía menos de un pepino lo que la prensa opinase de cómo vestía, y no tenía una figura materna que le ayudase a escoger, así que simplemente se metió dentro de un esmoquin simple mas elegante que había comprado para un evento en París. Con las manos dentro de los bolsillos, trataba de no cerrar los ojos ante el espantoso flash de las cámaras, cuando un cuerpo chocó contra el suyo, gritando. Rompió en carcajadas, entretenido, y miró cuánto cuidado tenía la vestimenta de su compañero. “Aún estás a tiempo. Yo llegué hace un par de minutos, también”.
Su celular había sonado un millón de veces esa noche, unas llamadas de su madre, otras de Adeline y la mayoría de Belle, su hermana, a quién le parecía más importante odiar a la pelirroja por no asistir a su boda que el hecho de prestar atención a su nuevo marido era estúpido, si, pero aún así debía responder a aquella última llamada, su padre era imposible de ignorar “Je suis désolé, Papa, je ne le ferai pas” susurró en su idioma natal aún respondiendo a aquella llamada, las palabras de su padre le habían dolido, pero a estas alturas ya estaba un tanto acostumbrada al desprecio del hombre hacia ella “Rendez-vous en Août” y justo antes que la pelirroja pudo terminar aquella frase, el hombre había finalizado la llamada, sin despedirse, sin importarle que aquel día era el cumpleaños de su hija “Como sea” dijo aquello en voz alta, guardando el aparato de nuevo en su bolsillo y entonces alzando la mirada, esperando que nadie hubiera escuchado y entendido aquella conversación, aunque con la cantidad de personas que se encontraban en los jardines del hotel, aquello parecía imposible.
La fiesta estaba tan repleta de música, de gente, de olores alcohólicos, que necesitaba casi con urgencia salir a tomar aire. Los jardines eran la única fuente de tranquilidad, aunque la música se seguía escuchando y aún habían bastantes invitados cerca. Fue cuando escuchó un fluido francés que se sintió obligado de ir a escuchar, no todo el mundo hablaba su idioma materno con tanta naturalidad y esto le provocaba curiosidad. Al terminar la conversación telefónica, Léo se acercó a la pelirroja intrigado. “¿Qué hiciste para tener que disculparte con tu padre?”, indagó, aunque sabía que tal vez no le respondiese.