Patxi marca el número del Dr Atalaya (su casero) desde su teléfono, contesta Doña Constantina, la fiel esposa y regente del Dr Atalaya, un señor de sonrrisa amable y modos pausados. De cuantiosa edad que en ocasiones pretexta su esoterísmo con lo extraordinario que le parecen los avances en materias de ciencia de las epocas que ha vivido.
Patxi: Bueno? Se encuentra el Dr Atalaya.
Constantina: Si, quien lo busca?
Patxi: El inquilino del departamento cuatro.
Pasan varios sagundos, como si el doctor pensara en que es muy importante la primera palabra de una conversación telefónica.
Patxi: Hola doctor, le habla Patxi del departamento cuatro. Le queria adelantar el dinero de la renta, porque mi padre ha enfermado y me es preciso partir esta tarde para ir a verle.
Dr Atalaya: Me parece muy bien, si gusta pasar esta tarde o ahora mismo le estaré esperando.
Patxi: Ahora mismo me viene bien, le toco en diez minutos.
El doctor pone el teléfono en la mesa, pero al ser uno de esos teléfonos inalámbricos modernos, olvida que hay que apretar el botón para colgar la llamada. Como nadie ha dicho un "hasta ahora" o protocolo similar. Patxi permanece en la línea sin saber si colgar o si va a volver el Doctor.
Dr Atalaya: Dice que se llama Patxi, y que quiere pagar por adelantado.
Constantina: Ya te dije que les pidieras el departamento.
Dr Atalaya: Son muy pobres, me da pena.
Constantina: Son unos fiesteros y unos drogadictos, además siempre pagan tarde.
Dr Atalaya: Bueno, pero siempre pagan...
Patxi al darse cuenta de que en realidad está oyendo más de lo que le toca escuchar, apaga la transmisión desde su celular. Luego agarra el garrafón del agua y el dinero de la renta para hacer los mandados de un solo tiro de piedra.
Al volver con el garrafón de agua ya está el doctor Atalaya esperando en el pórtico de su casa completamente cubierta de jazmín y bugambilia.
Patxi: Buenas tardes doctor! Perdone la inconveniencia, pero debo viajar a Bijagua a ver a mi padre esta misma noche y necesito adelantar la renta.
Dr Atalaya: No es molestia ningúna; fijese que acabo de ir a visitar a dos de mis hijos a Deefe y me viene muy bien.
Patxi: Uff! Esa ciudad es carísima.
Dr Atalaya: Claro, y los llevo a comer y a pasear, ya sabe, con los hijos no se puede escatimar.
Patxi: Claro que no doctor.
Dr Atalaya: Dile a tu padre de mi parte que aunque no lo conozco le deseo una rápida recuperación. Le tengo un regalo (Haciendo una pausa, extiende un libro pequeño y azul que trae en la mano). Mire se lo he dedicado y todo, son mis memorias que escribí el año pasado. Me gustaría que lo leyese cuando tenga la oportunidad.
Patxi: Claro doctor, además con el viaje ahora voy a tener muchísimo tiempo libre para leer. Se lo agradezco mucho, a ver si cuando vuelva le puedo dar mi opinión.
Dr Atalaya: No, no se preocupe, a mi me basta con que lo lea.
Patxi: Aqui tiene el dinero de la renta (saca un fajo de billetes y se lo entega). Gracias doctor. Hasta el mes que entra.
Dr Atalaya: Hasta luego y buen viaje.