“Fui al rĂo, y lo sentĂa cerca de mĂ, enfrente de mĂ. Las ramas tenĂan voces que no llegaban hasta mĂ. La corriente decĂa cosas que no entendĂa. Me angustiaba casi. QuerĂa comprenderlo, sentir quĂ© decĂa el cielo vago y pálido en Ă©l con sus primeras sĂlabas alargadas, pero no podĂa. Regresaba -ÂżEra yo el que regresaba?- en la angustia vaga de sentirme solo entre las cosas Ăşltimas y secretas. De pronto sentĂ el rĂo en mĂ, corrĂa en mĂ con sus orillas trĂ©mulas de señas, con sus hondos reflejos apenas estrellados. CorrĂa el rĂo en mĂ con sus ramajes. Era yo un rĂo en el anochecer, y suspiraban en mĂ los árboles, y el sendero y las hierbas se apagaban en mĂ. Me atravesaba un rĂo, me atravesaba un rĂo!”
— Juan L. Ortiz, Fui al rĂo













