ESPEJO El espejo nunca había sido su amigo. Desde muy joven siempre le susurró mentiras al oído cuando ella solo intentaba darle los buenos días. Le hizo creer que la belleza jamás sería su compañera porque no se parecía en nada a las chicas que salían en las tele o en las portadas de las revistas. Y así creció, engañada por su reflejo, que la miraba con desprecio y la hacía sentirse muy pequeña, a pesar de que la báscula, incluso más cruel que este, le recordaba cada mañana que, en realidad, se hacía más y más grande. Esa era su rutina diaria. Se levantaba, se desnudaba, posaba sus pies sobre la báscula y empezaba a nadar en el mar de lágrimas que inundaba la habitación. Hasta aquel día. El día de su trigésimo cumpleaños, cuando, cansada de nadar y de ahogarse en sus propias lágrimas, decidió dejar de hacerlo. Aquella mañana salió de la cama, se puso las zapatillas de conejito que tanto le gustaban; corrío hacia el cuarto de baño, encendió la luz y miró fijamente a su reflejo en el espejo: una chica despeinada, con gafas, con una fina capa de vello en los muslos, legañas en los ojos y una camiseta violeta de talla XXL la miró fijamente. Sin apartar la vista de la chica y mientras esta copiaba todos sus movimientos, uno a uno, se quitó la camiseta, dejando al aire dos pechos gandes, suaves y que, aun no estando firmes, nunca dejaron de ser hermosos. Sus manos empezaron acariciando cada una de las estrías que flanqueaban sus ombligos, recordando que alguien alguna vez les dijo que eran el reflejo del mar sobre sus cuerpos. Navegaron por ese mar hasta llegar a sus pechos que agarraron, acariciaron, pellizcaron y besaron, agradeciéndose a sí mismas el haber dejado de usar el sujetador en casa desde hacía mucho tiempo. Sus dedos siguieron ascendiendo hasta sus cabellos, peinándose y despeinándose. Ninguna de las dos se había percatado hasta entonces, pero ambas estaban sonriendo. Y así ocurrió, se quitó las gafas, las puso entre sus labios en un gesto pícaro hacia sí misma; y, por primera vez en mucho tiempo, y prometiéndose que así sería ya para siempre, miró a su reflejo y pronunció con fuerza: TE AMO. #bopo #bopowarrior #bodypositive #weloversize