Siempre la tenía en mi cabeza, ella era tan bella como la primavera pero fría como la tormenta de mayo. No buscaba explicación alguna a sus grandes conflictos pero siempre estuve allí para brindarle mi amor sincero, aunque pocas veces realmente lo valoró, la amaba demasiado como para dejarla ir. Fue mi primer amor, estaba completamente enamorada. Tenía un cabello negro como el vacío del universo, ojos cafés que irradiaban misterio, unos labios tan rojos como el rubí y su voz era tan melodiosa. No sé si escribo por amor o por despecho, lo único que tengo seguro es que su recuerdo vivirá en mí como la primera vez que la ví.


















