A un alcoholico ¿lo invitarían a una cata de vinos? A un drogadicto ¿lo invitarían a darse con unas líneas? A un jugador compulsivo ¿lo llevarían a festejar algo a un casino? A un comprador compulsivo ¿lo llevarían de compras a un shopping? A un adicto al sexo (por las dudas si no lo saben, existe la adicción al sexo) ¿lo llevarían a ver una porno? ¿ES TAN DIFICIL DE ENTENDER QUE TAMBIÉN EXISTE LA ADICCIÓN A LA COMIDA, QUE NO COMEMOS SOLO PORQUE NOS PINTA, SINO PORQUE COMO ADICCIÓN ES UNA ENFERMEDAD? ¿ES TAB DIFÍCIL DE ENTENDER QUE BAJAR LOS KILOS DE MÁS ES SOLO QUITAR LA PRIMER CAPA DEL ASUNTO Y QUE POR ESTAR FLACO NO ESTÁS CURADO? Claro, en esta sociedad parece que resulta demasiado difícil tener vínculos sin comida de por medio. Y lo más triste es que , a veces, ni explicando cómo lo vivís y cómo lo sentís, lo mucho que te parte al medio todo esto, se toman la molestia de RESPETARTE. Porque ya no pido comprensión o aceptación, solo pido respeto. Por mi y por todos los que vivimos este temilla. ¿Somos egoístas si como adictos pedimos un festejo que no vincule comida?, eso me dijeron. ¿Somos egoístas si pedimos festejar bailando, metiendo ruta, conversando, yendo al cine, paseando, disfrutando de mirar a los ojos y no al plato que anda en la vuelta? De verdad, díganme, ¿es taaaaan loco pensar que los vínculos humanos pueden sobrevivir sin comida de por medio? O como dijo una amiga: a veces, el tema es que si sacas la comida de por medio, entonces aparece la conversación profunda, aparecen los problemas y nos matamos todos. Si no dejas que te mate, una adicción no es el fin del mundo, por supuesto. Y no siempre es padecimiento, HAY MOMENTOS. Momentos en los que agradeces tenerla porque te hace aprender mucho y vivir de otra manera, y hay momentos en los que no podes solo y necesitas ayuda porque sino te hundís. Como todo en la vida, momentos y momentos. Hay momentos en los que agradeces que solo está en tus manos trabajarlo y que por suerte no es algo sin solución. Pero también momentos en los que sentís que nunca vas a salir y que estás condenado a entender que esto es para siempre, que no alcanza con bajar 75 kilos, que el problema no está en la grasa que acumules, el problema está mucho más adentro y arriba: en la cabeza. Momentos en los que estás bien y momentos en los que estás mal y necesitas volver a pedir ayuda. Si viera una gráfica de mi peso en estos años, no vería la gráfica de grasa que llevaba y llevo conmigo, estaría viendo la gráfica de mis emociones. O no, la gráfica de cómo me enfrenté en cada momento a mis emociones. Estoy triste o enojada y lo más sencillo es comer, porque comiendo tapo. Antes no era consciente de esto. Ahora sí. Entonces antes me anestesiaba, ahora lo que hago es cambiar un dolor desconocido por un dolor conocido, es decir: me angustio por un problema familiar, por ejemplo, y mi instinto me lleva a comer sin control y cambiar el dolor que me genera el problema familiar por el dolor que me genera comer sin control, que ya es más conocido. Doloroso igual, o más quizás, pero es un dolor conocido y con el dejo de un placer instantáneo, placer fugaz y casi invisible. Placer que, a medida qué pasa el tiempo y voy entendiendo más lo que me sucede, va desapareciendo. Placer que no dura en el tiempo más que lo que tenes el bocado en la boca. Porque al ser consciente de que comiendo te estás haciendo daño, entonces comer compulsivamente ya nunca más será lo mismo. No es lo mismo que antes, que lo hacía sin saber por qué lo hacía. Ahora sé por qué lo hago, ahora se que busco haciéndolo y así y todo, sigo haciéndolo. Entonces, ahora de placer ya casi no tiene nada, ahora resulta un acto consciente bastante destructivo. Pero por algún motivo, irrefrenable muchas veces. Duele, duele mucho reconocerse en estas conductas, duele mucho aceptarlo, duele entenderlo, duele verte de esta manera tan primitiva, tan infantil. Duele. Pero aún duele mucho más cuando todavía no logras aceptar que no todos tienen porqué entenderlo, que solo alcanza contigo, con estar firme ante tu enfermedad y saber que si seguís peleándola vas a estar cada vez mejor. Duele darte cuenta que aún seguís buscando entendimiento ajeno porque aún no sabes dártelo vos misma. Porque te das cuenta, también, que esto duele tanto que vos misma no logras aceptarlo, entonces seguís buscando aceptación en el afuera. Aunque aveces solo estás buscando amor y ayuda porque por momentos recordas que sos un ser humano y no podes con todo, que acá, necesitas ayuda.