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Hoje, ser mal visto é um luxo que me dou. Já me perdi sendo o que esperavam de mim — agora, fico com quem eu sou.
— Alan Andrade.
No hay nada más admirable y hermoso que una mujer empoderada. No por lo que proyecta hacia afuera, sino por todo lo que tuvo que atravesar para llegar ahí. Ser consciente de sí misma —de su historia, de su cuerpo, de su deseo, de sus capacidades— no es algo que simplemente ocurre: se construye. A veces desde la herida, a veces desde la duda, pero siempre desde la decisión de no abandonarse. Una mujer así no depende de nadie porque aprendió a sostenerse, a elegirse incluso cuando el mundo le insinuó que no era suficiente. Y en esa elección constante hay una dignidad que conmueve, porque no busca aprobación: simplemente es. Una mujer así no solo es compañía, es también un reflejo incómodo, no está para confirmar lo que ya crees, sino para cuestionarlo. Señala, incomoda, obliga —si estás dispuesto— a replantear lo que dabas por hecho. En ese sentido, también educa. No desde la superioridad, sino desde la claridad de quien ya hizo su propio trabajo y no está dispuesta a tolerar lo que antes se normalizaba. El problema es que un vínculo así exige algo que no todos quieren dar: apertura, autocrítica y la capacidad de sostener la incomodidad sin salir corriendo. Porque crecer, aunque suene bien, también implica soltar ciertas formas de poder.
Soy la mujer miedosa más valiente, la débil más fuerte y la insegura más resiliente.
BambinaMoon
Vivir no es un acto de cobardía; nunca lo fue. Vivir es avanzar sin pedir permiso al miedo, sin arrodillarse ante el arrepentimiento ni negociar con culpas heredadas. Prefiero el perdón que nace del exceso antes que el permiso que mata los impulsos. Que piensen lo que quieran. Si alguna vez hay un verdugo en esta historia, no llevará mi nombre. No me condeno por existir, no me traiciono por encajar. Soy lo que soy mientras me pertenezca, y eso basta. Que me llamen villana si les incomoda, héroe si les conviene. Los títulos nunca me quedaron bien: no abrigan, no definen, no salvan. Yo no vivo de etiquetas, vivo de decisiones. Hoy soy quien elige qué hacer consigo misma, quién entra, quién se queda, y qué heridas ya no merecen voz. Vivo como venga la vida, sin dar explicaciones innecesarias, sin pensar de más en lo pequeño, porque sé —con una certeza feroz— que el pasado ya no manda aquí. Este presente es mío. Y eso, por primera vez, lo cambia todo.
No Saints Live Here — from The Chronicles of Tartarus
No estoy para quien duda, ni para quien va y viene
"No se trata solo de levantar peso, sino de levantar con propósito."
Ser mi propia jefa sale mal.