Pasé todas mis noches llorando mientras la música en mis audífonos intentaba consolarme, la música no lo lograba, ni yo lograba detener las lágrimas saladas que poco a poco se colaban entre mis oídos.
Las voces en mi cabeza empezaban a susurrar, y seguían hablando como si de una ligera conversación entre ellas mismas se tratase, y era una mierda no poder decirles que se detuvieran.
Los recuerdos seguían repitiéndose una y otra vez, los gritos, los golpes, los insultos, la soledad; todo caía sobre mí durante la noche.
Mamá, ¿puedes preguntarme cómo estoy?
Quizás pueda responder con la verdad, o al menos mentir pero saber que te importo.
Mamá, quiero morir esta noche, así que por favor déjame ir.
Ya no puedo reparar los fragmentos de mi corazón. Ya tuve suficiente, no puedo más.
Mamá, mis manos tiemblan mientras escribo esto. Ya no quiero seguir, me duele todo.