Te mandé al exilio y te sigo echando de menos, cuando te confronto en el vacío de mi mente, te vas; cómo lo has hecho desde que te conocí, sin dudarlo.
Entonces me parece que voy caminando sobre las enredaderas de mis pensamientos que existen solo al cerrar los ojos.
Te sigo esperando, hay algo en mí que lo sigue haciendo y no encuentro la causa. Una enfermedad que no se ve pero se siente.
¿Por qué no dejo que te vayas? Si lo que veo ahora es lo que siempre has sido, porque si viendo todas tus facetas te sigo eligiendo. Así que el dañado no eres tu, soy yo y desde ese estrecho te sostengo
No me hago preguntas, no hay respuesta o prefiero no saberlas. Es solo la curiosidad ingenua y nociva de conocer que fui para ti. Tan acostumbrada estaba a las pequeñeces que sigo teniendo la necesidad de validación externa para corroborar que mi realidad es válida.
¿Siempre estuviste con ella cuando estabas conmigo? ¿Por qué con ella si y conmigo no?
Preguntas que he trabajado en terapia y el calor de la noche las trae a la mesa. Una mesa cuyo lugar sigue puesto y ausente, de vez en vez voy quitando algo tuyo para reemplazarlo con algo mío. Estará desocupado en los próximos meses hasta que me atreva a invitar a otras personas, a compartirme con ellas. En este momento me sigo buscando, recogiendo las partes que quedan de mí.
Entonces volviendo a la interrogante, aceptando que nunca fui yo a quién eliges, sin importar desde donde lo hagas solo lo haces, ¿por qué no fui yo? la oscuridad a veces te atrapa y salen las sombras de nuestros pasos. Mis pasos.
Te veo en las fotografías y me pareces un extraño, como si lo que eres y conocí fueran diferentes personas. Te miro y no te reconozco. Estoy asimilando que aquella versión se construyó, se quedó y murió en mi mente.
Me parece tan raro está situación, me pareces tan raro tu, me parece tan raro el nosotros. Tanto que temo por la veracidad de los hechos, ¿Y si sólo existió en mí?
Sé que ya no te quiero, lo deje de sentir hace mucho y me preguntó si fue amor de verdad, ¿cómo puedo amar a alguien desde la ausencia de mi amor propio? ¿cómo?
¿Tus amigos saben de tu doble vida? ¿Qué les dices cuando te sorprenden con la realidad? ¿Cómo lo haces? Oh, basta de preguntas. No me llevan a ningún lado solo al laberinto del que tanto me costó salir.
Son palabras que nunca te voy a decir, no entenderías la profundidad de las mismas y no porque no quieras sino porque no puedes.
Entonces me invade la lastima por tí, parece que si pero no me satisface seguir pensandote. Quiero despertar con la bendición de no recordarte, de no saber quién eres.
Quiero que la tristeza tome sus maletas y se vaya a un lugar donde no la pueda encontrar, tal vez si te visite no la vuelva a ver.
A veces creo que te estoy borrando. A veces creo que te estoy guardando. A veces creo que no hay a veces. A veces y solo a veces te pienso un poquito.











